Voz Fariana

Espacio Radial la las guerrilleras...

En esta emisión, la Revista Radial Voz Fariana estrena la sección Invisibilidad Rota, espacio en el que desempolvamos los aportes que las mujeres en diversas latitudes han realizado de alguna manera a la sociedad con sus acciones en la lucha social, política, económica, en el arte, la ciencia, la cultura… Dejamos para ustedes el texto completo. Además, entrevista con Mayerli Ortíz integrante de la Delegación de Paz y de la sub comisión técnica por las FARC-EP.

Hoy reivindicamos la historia de un grupo de mujeres obreras que se rebelaron contra las injusticias de las que eran objeto y que lograron importantes resultados.

Antioquia, Colombia, 1920. En el contexto de un gran despegue económico, cultural y educativo de la región, y de la acumulación de capitales en la industrialización, se funda en la población de Bello la "Fábrica de Tejido de Bello".

La mano de obra masculina había disminuido notablemente por las guerras civiles del siglo XIX y la Guerra de los Mil Días.

En esta época el trabajo de mujeres era indigno, para las familias de clase alta, el que la mujer trabajara significaba la debilidad del hombre para mantener a su esposa. En los sectores populares el panorama era otro, la necesidad llevó a las mujeres a ocupar espacios en el mercado laboral.

Fueron entonces niñas de entre 10 y 15 años, en su mayoría de origen campesino, las que conformaron ese primer proletariado industrial femenino.

Vivían en pensiones, hacinadas y con malas condiciones de salubridad. La situación al interior de la fábrica no era muy diferente:

En un galpón oscuro, sin ventilación ni sanitarios y piso de tierra, las jornadas se extendían entre 12 y 14 horas.

Al frente tenían a un capataz que ponía las medidas disciplinarias, pero que también las multaba, las castigaba y muchas veces las abusaba sexualmente.

La salud de las trabajadoras era deplorable, no se les permitía el uso de calzado en el interior de la fábrica, mientras que los pocos hombres que las acompañaban en el trabajo, sí podían hacerlo.

Estas mujeres decidieron cambiar las cosas, se lanzaron a una huelga. Cabe destacar la figura de María Betsabé Espinal, mujer que con 23 o 24 años fue la promotora principal y líder de la jornada.

Durante 22 días, alrededor de 400 obreras textiles extendieron una huelga que paralizó la producción, transformó las jornadas de explotación y abusos en una gran fiesta, animada con guitarras, representaciones teatrales, cantos de bambucos y pasillos. Se hacían almuerzos comunitarios para las trabajadoras y los vecinos de los alrededores de la fábrica.

El Partido Socialista, fundado tan solo un año antes apoyó la huelga y en su periódico "El Luchador" recogió varias crónicas, entrevistas y notas sobre lo acontecido en la fábrica.

Entre estas publicaciones se encuentran algunas de las consignas de las obreras:

"Luchemos! Que así el alma se engrandece
y luchando se alcanza la victoria!
Corazón que no lucha languidece
sin probar las delicias de la gloria!

Luchemos! de la vida en la tormenta
espíritu que lucha, se levanta;
y el corazón audaz que orgullo alienta
al fragor del combate se agiganta."

El pliego de peticiones de estas trabajadoras contenía en primer lugar el cese del acoso sexual de parte de sus compañeros y directivos. A esto le seguía que se acortaran las jornadas laborales y que se les permitiera estar calzadas mientras trabajaban.

Betsabé y sus seguidoras lograron la autorización para usar calzado, incluso que se les entregara un par de alpargatas; expulsaron a los capataces acosadores, recibieron el aumento del 40% de su salario y la jornada laboral se reguló a 9 horas y media.

Era la primera vez que en la región un patrón tenía que dar una dotación de uniforme a sus trabajadores, el recorte de la jornada laboral fue solo el antecedente al establecimiento de la jornada de ocho horas.

Esta huelga marcó importantes pautas, pocos procesos similares consiguieron victorias como las de las trabajadoras textiles del poblado de Bello.

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