Declaraciones, pronunciamientos y comunicados

 

Las FARC-EP están compuestas por hombres y mujeres con el compromiso indeclinable de construir un futuro digno para las venideras generaciones, ese que les ha sido negado por la violencia bipartidista y los poderosos. Desde su nacimiento ha contado con mujeres en sus filas; el nivel de participación y papel de las mismas se refleja a lo largo de la actividad y desarrollo de la organización.

Tomamos entonces como referencia desde 1948, momento en el cual, a las familias campesinas les tocó la peregrinación de un lugar para otro y meterse al monte para proteger sus vidas. Las mujeres estaban presentes como madres, esposas, hermanas, hijas, viendo por los que no podían defenderse, protegiendo a los niños, ancianos y enfermos; mientras los varones comenzaban a organizar las guerrillas y combatían contra la violencia conservadora.

Con la práctica, la participación de la mujer se fue reestructurando de manera más organizada. En el Comando de El Davis, en Río Blanco - Tolima, conformado por las dos guerrillas: liberales -“limpios”- y las comunistas, las mujeres constituían comités femeninos con sus direcciones, elegidas por ellas e impulsados por las comunistas; se distribuían tareas que consistían en ranchar o cocinar, limpiar las huertas, lavar la ropa de los combatientes, remolcar -es decir- cargar en hombros el abastecimiento.

Salían de las reuniones del Comité Femenino a enseñar a leer y a escribir, sobre todo a niños y adolescentes. Incluso hubo un grupo de mujeres al que se le llamó la Cruz Roja. Habían recibido un pequeño curso de enfermería y, donde tenían un herido o enfermo, ellas iban a curarlo. Eso fue por el año 51. También impartían educación política. Entre ellas se destacaba una dirigente comunista de nombre Graciela.

Luego que El Davis se desmoviliza tras la entrega de la guerrilla liberal ante la dictadura de Rojas Pinilla en el año 1953, comienza de nuevo la persecución a los comunistas, ahora por parte de los conservadores, el ejército y los liberales limpios, es decir, los antiguos compañeros de El Davis. En ese nuevo desencadenamiento salen comandos en varias direcciones, unos hacia Villarrica Tolima, otro a Marquetalia, y otro a Riochiquito Cauca y en algunas comisiones marcharon mujeres.

Reagrupadas las familias en los nuevos sitios, las mujeres se organizaron en sus comités y trabajaron hombro a hombro con los hombres. Se dedicaron a fundar fincas, a hacer obras como caminos, escuelas, centros de salud, entre otras, eso sí, sin entregar las armas. También se presentaron combates y escaramuzas, unas veces contra el ejército que había llegado a proteger a los liberales limpios y otras veces contra estos mismos, quienes agredían constantemente. Hasta que se produce definitivamente el ataque a Marquetalia, ordenado por el gobierno de los Estados Unidos y ejecutado por el presidente Guillermo León Valencia, en mayo de 1964.

Cuando ocurre la agresión ya habían salido la mayoría de familias, solo quedaban los que iban a combatir, pero muchas mujeres no quisieron partir, así que estuvieron presentes. Justo en uno de esos ametrallamientos murió Georgina Ortiz atravesada por un tiro de ametralladora punto 50, el 18 de julio, y dos días después, se realiza la Primera Conferencia que elaboró el Programa Agrario de los Guerrilleros.

En la resistencia se destacaron Judith Grisales y Miriam Narváez. La primera hacía uniformes para los guerrilleros; la segunda era activista política que ayudaba en la cocina. Luego las dos se incorporaron a los comandos móviles y de pelea. Así llegaron a la Segunda Conferencia Guerrillera: habían participado en la resistencia de Marquetalia, Riochiquito, en la toma de Inzá, y en todo el accionar militar en el Tolima, Huila y Cauca.

Innumerables fueron las dificultades que en esa época enfrentaron las mujeres: guerrilleras y civiles. Tenían sus esposos, no había ni sabían de la planificación familiar, así que en medio del trasegar de la guerra llegaban los hijos, uno, dos, tres y hasta más, y claro, tenían la misma disyuntiva de hoy: o los dejaban con familiares y amigos para continuar en la lucha, o se iban a criarlos, así que las compañeras terminaban decidiendo lo segundo. Esa fue la elección de Judith que permaneció en filas hasta 1970.

Míriam no alcanzó a llegar a la Tercera Conferencia. El comando en el que iba, bajo el mando de Gilberto López y Rogelio cayó en una emboscada. Cuando vio morir a Gilberto, Míriam recogió la carabina del caído y combatió contra el ejército. Ahí fue acribillada por el enemigo. Era septiembre del 67.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Cuarta Conferencia (1970) reconoció por primera vez, a todas las mujeres que permanecían en la guerrilla como combatientes, con los mismos deberes y derechos de los varones. Antes eran simplemente las esposas de los guerrilleros. Indudablemente significó una conquista, pero implicó mayores retos.

Son remarcables dos aspectos importantes de la siguiente etapa de las mujeres en las FARC-EP: primero, el ingreso regular a varios frentes a partir del 80: al 1º en el Guaviare, al 5º en la zona de Urabá, al 6º en el Cauca, en el Caquetá al 15º, y al 19º en la Sierra Nevada. Y segundo, las responsabilidades de mando asumidas por las que habían ingresado tiempo atrás. Recordamos de esa época a comandantes como: Rosita, María Dolly, Lucy, Yaneth, Érica, Gladys Martínez, Eliana, Carolina Trenzas, Olga, Shirley, Lucía, Zénide, Yolanda, María Salomé, Marina, Nayibe, entre otras.

En la actualidad contamos con guerrilleras de hasta más de 37 años de ingreso a filas. Hemos vivido y padecido, al igual que nuestros camaradas, esta guerra de más de 50 años; hemos recogido el legado y experiencia de nuestras compañeras de antes y después de Marquetalia. Nos hemos fortalecido en el cuerpo y en el alma. Hemos conquistado espacios y reconocimiento al interior de la organización, ante el pueblo colombiano, con las mujeres de nuestro país y el mundo.

Lo anterior no quiere decir que todo esté conquistado. La censura y la invisibilización contra las FARC-EP ha sido dirigida de manera especial contra las guerrilleras, con cualquier cantidad de mentiras y montajes elaborados desde los laboratorios de espionaje y de guerra sucia, con los que han pretendido deslegitimar nuestro aporte en la lucha, nuestro papel como sujetos políticos, con deberes y derechos que asumir, capaces de resistir los embates y asimilar los cambios.

Como lo ven, las mujeres continuamos haciendo historia. Después de aquellas marquetalianas, en el tiempo reciente recordamos a valientes como Mariana Páez, Lucero Palmera, Sandra Grande, Laura González, Mayerli, Yuraní, Xiomara, Yartiza y tantas heroínas que nos han legado su ejemplo, su fortaleza y su espíritu. Hoy continuamos en la montaña, campos y ciudades, en la Mesa de Conversaciones de La Habana, en las trincheras, y en todas las tareas que nos asigne esta revolución.

Todo este cúmulo de vivencias nos pone en condiciones de igualdad, sin negar la persistencia de rezagos patriarcales que se combaten no solo con nuestras normas, sino con formación política, ideológica, con inteligencia, paciencia y constancia, demostrando lo que podemos hacer y que somos individualmente tan decisivas como el conjunto mismo de éste ejército, del cual representamos el cuarenta por ciento.

Hoy, en el 50 aniversario, las guerrilleras continuamos combatiendo hombro a hombro con los guerrilleros en todos los campos, aprendiendo día a día. Desatando los miedos, soltando la palabra para llegar con nuestras voces, con la fuerza de una revolución en nuestros corazones, para abrazar al pueblo colombiano, a nuestras hermanas, y poderles decir a todas y todos que anhelamos la paz estable y duradera, peleamos por la equidad, para que Colombia sea un país libre, soberano, próspero, con justicia social y feliz.

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A propósito de la Columnista

Victoria Sandino Palmera

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria