Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Desconcierto, rabia, indignación y profundo dolor ha causado la reciente masacre contra el campesinado en Tumaco, resultado de la violencia estatal que por siglos ha caracterizado el régimen colombiano y que a pesar de haber firmado un histórico acuerdo de Paz insiste en utilizar la violencia descarnada contra toda expresión de protesta. Esta vez fue una comunidad campesina cocalera, defendiendo su vida y territorio que son amenazados por las erradicaciones forzosas.

Es más que absurda la respuesta de la fuerza pública a las justas demandas de la comunidad, mucho más cuando el acuerdo de Paz contiene un punto específico sobre cultivos de uso ilícito en el que se establece la sustitución voluntaria y concertada como alivio social y económico para las familias que se vieron obligadas a cultivar esos productos para subsistir.

Lo hemos advertido muchas veces, los obstáculos a la implementación de los acuerdos que retrasan los tiempos e incluso pretenden cambiar lo signado en ellos, generan no solo incertidumbres y desconfianzas, sino que profundizan los conflictos que se viven en las regiones que son múltiples y variados de acuerdo a las realidades territoriales.

Una acertada implementación requiere compromiso de todas las instituciones estatales para adecuarse al enorme reto de la construcción de la paz.

La esencia del acuerdo no consiste simplemente en que una organización haga dejación de armas, sino que la sociedad entera transite hacia un nuevo momento en el que la diferencias no se resuelvan a través del uso de la violencia en ningún caso y para esto la fuerza pública debe ser protagonista en su función de defensa de la población, nunca amenazándola y mucho menos disparando contra ella sus armas, las armas del Estado.

Por eso no basta con solidarizarse, es necesario exigir que cesen las hostilidades y ataques a la población que por medio de la protesta manifiesta sus inquietudes y defiende sus derechos, según las cifras de las organizaciones de Derechos Humanos, en lo corrido de este año van 117 homicidios en contra de lideres, lideresas y defensores de Derechos Humanos, sumado a los 18 militantes de nuestro partido FARC asesinados y 11 de sus familiares.

Definitivamente se requieren medidas urgentes y coherentes con las esperanza de Paz de la mayorías de nuestro país, respetar la integralidad de los acuerdos y con ellos avanzar en el camino de la reconciliación que no es otra cosa que un proceso de toda la sociedad unida en torno al mayor proyecto político que es: La Vida.

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