Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

4X3A8458Mi nombre es Daniela Sánchez, soy del Boque Magdalena Medio del 33 Frente e ingresé a las filas de las FARC –EP a finales del año 1998.

Vivía en el municipio de Sardinata, éramos 12 hermanos y mis dos padres. Teníamos una situación muy difícil económicamente pero aun así éramos felices, mis padres se esmeraban en inculcarnos las buenas costumbres como la honradez, la solidaridad con nuestros vecinos, yo estudiaba en la escuela de la vereda, la cual me quedaba a unos 30 minutos de nuestra casa carretera arriba.

Estudie solo hasta 3 de primaria porque no teníamos recursos, tuve que quedarme en casa ayudándole a mi mamá y a ratos también me iba con mi papá para ayudarle a limpiar la platanera y el potrero. Viví ahí hasta que en el año 1998, entraron los paramilitares al municipio de Sardinatas, quemando ranchos y amenazando a todos los pobladores de la región.

En esa época tenia 13 años, los paramilitares venían llegando a la zona y con lista en mano sacaban a los hombres, mujeres embarazadas y niños, en su recorrido mataban el que encontraban, el único camino que halle fue la guerrilla de las FARC-EP para salvar mi vida, estaba aterrorizada, no conocía nada de guerrilla, con los días fui descubriendo que no son como decían los medios de comunicación que era al contrario.

Ya habían transcurrido 2 años de ser guerrillera cuando un día de repente me llega una carta contándome que los paramilitares habían asesinado a mi padre y un hermano, que los mataron torturados y despues los quemaron, se llevaron todo el ganado y la casa la quemaron con todo lo que teníamos.

Cuando mis hermanos se enteran de lo ocurrido viajan al pueblo para ir al entierro, estando ahí llegan los paramilitares, los encañonan y les dicen que los van a matar, los hacen tender en el piso y los golpean con el fusil en la cabeza, después los hacen parar y les dicen que si ellos se dan cuenta que están trabajando para las FARC-EP, acaban con toda la familia.

Así me enteré de semejante situación que estaba viviendo mi familia. Esa es la realidad de miles de familias, la violencia ejercida contra el pueblo que no enseñan en las escuelas, pero que se vive crudamente y que impulsa a tantos adolecentes a buscar refugio en la insurgencia, como me toco a mí, agarrar las armas para defender la vida y que no nos siguieran matando.

Por eso, ante la esperanzadora posibilidad de encontrar la paz, mi mayor deseo es ver la implementación de los acuerdos de La Habana en la práctica, en una Colombia colmada de garantías y buen vivir y una Paz con justicia social.

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