Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

En los últimos diez mil años por lo menos, el hombre -especialmente desde que es  propietario privado y hereda a su prole- ha sido dominador de la sociedad, esto es, jefe del hogar -de su(s)mujer(es) e hijos- y hegemónico en la conducción del Estado, la economía, la cultura y la guerra.

El argumento central es que "el hombre" en general, no existe; existen hombres concretos que pertenecen a una clase social determinada y dependiendo de si esta es dominante o subordinada, produce y defiende conscientemente la ideología que legitima el status quo en el primer caso o sencillamente la reproduce y asimila de forma más o menos acrítica en el segundo.

De cierta forma, la humanidad tal cual como la conocemos, es un reflejo del hombre-macho-propietario, o dicho de otra forma, la prehistoria en la que nos encontramos está escrita en clave masculina. La mujer ha sido espectadora hogareña, o a lo sumo cómplice, cuando pertenece a las clases dominantes.

Está claro que el objetivo de la lucha de las mujeres, y sobre todo de las mujeres pertenecientes a las clases subordinadas -obreras y campesinas-, no se trata, no puede tratarse,  de que les dejen ser parte "en mejores condiciones" de semejante sistema burgués-patriarcal, no se trata de que les dejen o puedan "ser como los hombres", básicamente porque no estarían luchando por su liberación progresiva, que se basa en resolver su condición de doblemente explotadas  -cuando son trabajadoras- sino por su "ascenso" en un sistema decadente y en descomposición que produce y reproduce formas cualitativamente degradadas de opresión y explotación para sobrevivir.

Ingresar en igualdad de condiciones a semejante "paraíso" es, entre otras, lo que las mujeres burguesas ya "conquistaron" cabalgando casi siempre sobre los hombros de las mujeres trabajadoras y además posando como "sus representantes". Las mujeres al poder, se dirá...

Es obvio que existen aspectos intrínsecamente femeninos que en general tienen que ver con la fisonomía y configuración biológica que hace a las mujeres específicamente mujeres, y al igualarlas en ese aspecto, sumado a los roles de orden socio-cultural que la sociedad les asigna, las categoriza como un género sociológico, aspecto este que desde una perspectiva político-integradora no se contrapone, sino que complementa y enriquece a la especie humana, -aunque en el asunto de la categorización ni siquiera los expertos en el tema terminan de ponerse de acuerdo-, y es obvio también, que cualquier programa consecuentemente revolucionario debe garantizarle a las mujeres todos los derechos, la pregunta es: ¿cuáles derechos?

La sociedad actual está basada en la sujeción de la clase trabajadora  a los intereses de las clases burguesa y terrateniente - conformadas todas por hombres y mujeres-. La realidad ha demostrado que es posible, sin cambiar de forma radical este sistema de propiedad sobre los medios fundamentales de producción, conquistar, o que se le concedan en abstracto y nominalmente, todos los derechos a las mujeres -por lo menos "los derechos" que actualmente disfrutan "todos" los hombres-.

¿No es acaso esto lo que se ha conseguido ya en la mayoría de los países altamente industrializados para todas las mujeres y en los países periféricos para las mujeres de la "aristocracia" y la burguesía?. Tomemos por caso a Margaret Thatcher, Ángela Merkel, Hillary Clinton o Condoleezza Rice o sus copias criollas, de distinto contexto pero igual cinismo, como Nohemí Sanín, Marta Lucia Ramírez o Dilian Francisca Toro, como ejemplos de hasta dónde está dispuesta la burguesía a permitir que "sus" mujeres asciendan. Desde la perspectiva de género esta cuestión se asimila a la larga lucha del proletariado como clase, por conquistar los derechos democráticos: al final hasta los regímenes más represivos han terminado por reconocer en el papel que: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros"/1. Al fin dicen que el papel aguanta con todo...

Decía que arriesgando una caracterización del concepto de género y partiendo de definirlo como: "...un proceso de construcción cultural, social e histórica, a través del cual se configuran las relaciones entre hombres y mujeres en relación con todo un sistema social, definiendo patrones, símbolos, representaciones y valores" /2; no negamos que la especie humana la conformamos todas y todos los especímenes del homo sapiens, y así quedamos mejor caracterizados.

El feminismo, o es humanista en un sentido abarcador y radicalmente transformador y revolucionario, o se convierte en un bálsamo inicuo que puede ser consumido libre e intelectivamente, por cuanto, y en lo fundamental, no cambia prácticamente nada. Un patrón puede ser patrona, ¿no es cierto?

Hombre es el esclavista como lo es su esclavo, y hombres son el señor y su siervo, y el burgués y su obrero. Desde luego, la mujer de los explotadores nunca es esclava, ni sierva u obrera; siempre es esclavista, señora o burguesa.

La dicotomía entre genero y clase es por lo tanto falsa, y además  es susceptible de ser exagerada de forma oportunista. La mujer es mujer, en sí, pero es también, y esto es lo determinante, obrera, campesina y empleada, o es burguesa, terrateniente y propietaria, y si no lo es directamente, es hija o esposa de quienes sí lo son, y pertenece a esa misma clase.

La lucha revolucionaria de hombres y mujeres del pueblo trabajador, parte de reconocer el aserto marxista de que: "...El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia", y que "...tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas, ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, radican en las condiciones materiales de vida..."/3. Lo anterior, como se ha señalado tantas veces, no implica desconocer la importancia del carácter multifacético de los seres humanos como el género, la raza, la cultura etc., si no establecer con precisión, que la forma en la que se produce y se distribuye socialmente la riqueza, determina de forma directa nuestra conciencia social.

La condición de opresión y subordinación de la mujer como mujer, que se ha dado en llamar patriarcado, obedece en su raíz, al surgimiento y desarrollo de la propiedad privada, punto culminante de la formación económico social del comunismo primitivo, y se desarrolló a la par del surgimiento del esclavismo, de donde se infiere que la liberación de dicha opresión está determinada por  el desarrollo económico de la sociedad que garantice las condiciones materiales necesarias y mínimas, para que la anhelada libertad y la equidad de género se pueda desplegar realmente: autonomía económica, igualdad de oportunidades y propiedad social sobre los medios de producción.

La lucha revolucionaria que tiene como objetivo superior transitar en términos de Marx "del reino de la necesidad al reino de la libertad", presupone siempre tomar en cuenta las reivindicaciones particulares de las mujeres del pueblo, proyectarlas en los programas y plataformas políticas y convertirlas en elemento de movilización y apoyo consecuente a la lucha clasista por la toma del poder como primer eslabón en la construcción del socialismo, y debe estar enfocada entonces, a la transformación del actual modo de producción. 

La consigna de luchar contra la explotación del hombre por el hombre, por lo tanto, debe entenderse en términos del lenguaje contemporáneo como la lucha contra cualquier tipo de explotación y opresión de cualquier hombre-mujer contra cualquier hombre-mujer y esto le compete, tanto a los hombres como a las mujeres  progresistas, pero no separados artificialmente como géneros sino unidos y hermanados como clase.

Las puertas de las FARC-EP, el Partido comunista Clandestino y el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia están abiertas para todos quienes anhelan una patria embellecida con el brillo de la justicia social y la soberanía nacional, esto incluye desde luego, todas las mujeres que no solo piensan en ser libres, sino que deciden luchar como pueblo por ello.


NOTAS
1. Declaración Universal de los derechos humanos, articulo 1. http://www.un.org/es/documents/udhr/index_print.shtml. Todos los países imperialistas y hasta las tiranías del golfo pérsico son signatarios de por lo menos 4 de los instrumentos internacionales de derechos humanos, inclusive la satrapía de Arabia Saudí firmo y ratifico la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
2. El género humano. http://www.ecured.cu/index.php/El_g%C3%A9nero_humano
3. C. Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm.

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A propósito de la Columnista

Sergio Marín

Sergio Marín

guerrillero del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde abril 2013

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