Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Cuenta la Historia que las mujeres eran diagnosticadas como “histéricas” cuando alzaban la voz reclamando sus derechos, cuando se revelaban ante alguna expresión de violencia, cuando hablaban de temas poco “decentes”, o sea, cuando tenían algún comportamiento por fuera del que la sociedad les había impuesto.

La “enfermedad” se asociaba a la existencia del útero que hacía a las mujeres seres inferiores, poco racionales, impulsivos. Su diagnóstico podía traer diversas consecuencias que iban desde la cárcel hasta la histerectomía total. Por muy bárbaro que parezca, esto no dejó de suceder en varias sociedades occidentales hasta mediados del siglo XX.

El orgasmo femenino fue durante siglos asociado a trastornos, o a mujeres dedicadas a la prostitución, “a la mala vida”.

Así las mujeres eran confinadas al espacio privado. No tendrían posibilidad de intervenir en lo público, o sea en la toma de las decisiones de impacto social; pero tampoco tendrían voto en el ámbito familiar, pues tomarían forma como un bien inmueble más, diseñado para garantizar la felicidad de los hombres, dueños del espacio público, del derecho a decidir, de la libertad.

La opresión a las mujeres llegó a los rincones más profundos de su intimidad. El poder y sus mecanismos de control buscaban la hegemonía sobre sus cuerpos y sus mentes, entre otras cosas, a través de la intromisión de su vida sexual. El Estado no les proporcionaría la suficiente información sobre su sexualidad, dejaría todo en manos de la Iglesia y los prejuicios familiares para proteger así el poder masculino.

Las mujeres no se conocerían así mismas, y se crearía un marco rígido en torno a sus cuerpos mediante el discurso de la moral que impidiera la curiosidad, la búsqueda del placer, la diversidad. Se instauraría el referente de Eva: la mujer que vino al mundo a satisfacer las necesidades de Adán, y se eliminaría, hasta de los textos bíblicos a Lilith: la mujer que escogió salir del Paraíso por la incapacidad de Adán de hacerle sentir placer sexual.

Muchas mujeres se han manifestado en contra de la opresión sobre sus cuerpos. Las luchas por la despenalización del aborto, por la diversidad sexual y la revolución sexual de los sesenta son ejemplos de esta larga lucha.

Como resultado ya no es sustrayéndoles el útero, confinándolas a un manicomio o quemándolas en la hoguera que se oprime la sexualidad de las mujeres, pero ¿somos libres?

Pese a las victorias alcanzadas por las feministas en temas de libertad sexual, persiste una moral construida durante siglos que esculpe un ideal de mujer bastante difícil de alcanzar, pero que todas “debemos” intentar igualar: Joven, bonita (según los cánones de la moda), heterosexual...

Ese ideal, además, es profundamente contradictorio, pues se nos exige: estar bien arregladas, pero no mucho porque se debe ser natural. Debemos ser dulces, pero al mismo tiempo pícaras, sexis... pero no demasiado porque entonces es que somos mujeres de “vida alegre”; pero tampoco demasiado frías, porque entonces somos bobas, insípidas...

Lo que sí está claro es que nuestra conducta sexual siempre será cuestionada por la sociedad y muy pocas veces quedaremos “bien paradas”.

El escarnio público será mayor si se trata de una mujer que asume su sexualidad con libertad. Que considere que ella es la única dueña sobre su cuerpo- no su pareja, ni el Estado, menos la Iglesia-. Que decida con quien (o quienes) acostarse, hablar del tema sin tabúes, y además enorgullecerse de eso.

Una mujer así suele no tener cabida, porque es un cuestionamiento vivo al molde de mujer corriente. Porque no encaja en “lo políticamente correcto” y puede servir de inspiración a otras mujeres que, podrán mantener una vida sexual activa, pero no necesariamente feliz, placentera.

Se considera además que una mujer así no tiene mayor criterio, nunca dice “no”, solo piensa en sexo. De repente parece que el derecho a elegir se iguala al “llevarse todo”. Generalmente es tildada de “loca” y por eso es denigrada incluso por las otras mujeres que la rodean. Este es otro de los objetivos del poder: generar hostilidad entre las mujeres, por algo tan sencillo como aquello de: “Divide y vencerás”.

Si bien el sexo es solo una parte de nuestras vidas se convierte en el centro de todo cuando de liberaciones se trata.

Recuerdo que un amigo homosexual mantenía “oculta” su orientación sexual ante la mayoría de la gente, no solo por las expresiones de violencia de las que podía ser víctima, sino porque decía: “después de que saben que sos gay, ya no importa qué música te gusta, cuál es tu posición política, qué lees o que cine disfrutas más...solo te preguntan si eres activo o pasivo, y quieren que les expliqués cómo es posible que no te gusten las mujeres.”

Eso no solo ocurre con las personas sexodiversas, se vuelve el día a día de las mujeres libres, incluso siendo heterosexuales.

La pregunta es ¿esto puede continuar siendo así en una sociedad nueva, donde no se anulen los deseos y necesidades de cada persona, donde queremos que sea la conciencia social e individual el motor impulsor del proceso histórico en general?

El Estado, la Iglesia, la sociedad no deben, en mi opinión, tener derecho a controlar y moldear las felicidades de cada individuo. Por el contrario, deben desarrollarse políticas públicas que brinden a las mujeres información, oportunidades...en últimas, la posibilidad de ser libres, con responsabilidad, sin complejos, sin ataduras, al igual que los hombres.

Se trata de que las mujeres tengan respeto por su cuerpo, puedan decidir sobre su sexualidad, y que va a estar bien si es con hombres y mujeres, con 10 personas o simplemente con una. Va a estar bien porque es un acto consciente, en donde cada cual puede definir sus gustos, pero también sus límites, sin tener que dar cuentas de eso a nadie más.

Si ese ideal es sinónimo de “locura” significa que la cordura no nos ha dejado otra opción que no sea salir del aburrido Paraíso.

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A propósito de la Columnista

Violeta Narváez

Violeta Narváez

guerrillera de las FARC-EP.