Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Mujer Fariana entrevistó a Maryeli Ospina, guerrillera de las FARC-EP quien a su paso por la Delegación de Paz, nos cuenta de las motivaciones que la llevaron a la lucha y los retos que ha afrontado como mujer, joven, revolucionaria, madre y lideresa.

Testimonio de una vida entregada con amor a la causa del pueblo desposeído que se alista con entusiasmo y dedicación para los nuevos amaneceres de Paz.

Quién y de dónde es usted?

Mi nombre es Maryeli Ospina. Ingresé al Frente 34 de las FARC-EP, en el Chocó, el 30 de julio del año 1991, a la edad de 14 años.

Por qué ingresó a la guerrilla?

Siempre me gustó la guerrilla, aunque lo que yo quería era estudiar. Terminé la primaria a la edad de 11 años y soñaba con hacer la secundaria y más, para algún día ayudar a mis padres. Pero esos sueños resultaron frustrados, porque vivíamos en el campo y no teníamos recursos para vivir en el pueblo.

Entonces fue cuando decidí ingresar a la guerrilla. Le dije a mi padre que quería ser guerrillera, y él me contestó: mi niña, yo comparto que te vayas pero cuando estés más grande, cuando sepas qué quieres hacer y tengas más experiencia en la vida.

Me negué a esperar más tiempo y a los 4 meses de cumplir 14 años decidí ingresar.

Y como fueron sus primeros días en la selva?

El comienzo de la vida guerrillera es dura, se trata de algo a lo que una no está acostumbrada. Nunca me había separado de mis padres ni de mis hermanos, era un cambio brusco. No podía olvidar que cuando salí de casa todos lloraban, hasta mi padre, a quien nunca había visto llorar.

Unos días después me fueron a buscar al campamento, pero me negué a volver con ellos. Mi respuesta era: ya estoy aquí y no me voy a ir para la casa, allá ni siquiera puedo estudiar. Pero después que se marchaban, yo lloraba a solas, cuando no me veían. Esa situación se repitió por dos meses, pero siempre me dije, ya tomé esta decisión y no me voy arrepentir.

Qué fue lo mas duro para usted en la vida guerrillera?

Con el paso del tiempo iba conociendo más a los compañeros y cómo eran las cosas en la guerrilla. En un comienzo me fue difícil acostumbrarme al baño cada 3 días y al lavado de la ropa cada 8 días, igual que la levantada tan temprano en la mañana, así como a la habilidad que había que mostrar cada vez que de noche o de día nos hacían alarmas.

En mi casa me bañaba diariamente tomándome todo el tiempo que quería y me levantaba después de las 6 de la mañana. En la guerrilla los entrenamientos me resultaban duros por ser algo que jamás había hecho, pero poco a poco me adapté a esta nueva vida. En realidad me tomó casi dos años para sentir que mi nueva vida era normal.

Cuéntenos su experiencia como guerrillera y madre, que tan difícil es?

Para entonces me sucedió algo inesperado. Yo planificaba con tabletas y en ocasiones se me olvidaba tomarlas, así que un día resulte embarazada. Tuve a mi hijo, pero lo más duro no fue tenerlo sino tener que dejarlo. En ese momento me di cuenta de lo que realmente sufre una madre por un hijo, y fue cuando pude entender el dolor tan terrible que había pasado mi madre cuando yo salí de casa. Duele mucho dejar a su bebé sin saber cómo lo van a tratar otras personas. Pero yo ya había adquirido el compromiso de luchar por nuestro pueblo y no podía faltar a esa promesa.

Esas y otras dificultades se van superando, pues a través del tiempo hay más conocimiento, más compañeras y compañeros y una va teniendo claridad de qué es y por qué luchamos las FARC-EP. A partir de ahí la vida es mas fácil, aunque no se puede negar que una tiene momentos difíciles, sobre todo cuando había enfrentamientos con el ejército. En orden público hay que andar mucho, cargar más pesado, se duerme poco, la comida escasea y en ocasiones no se puede comer nada. Todo esto la hace ser más fuerte a una, adquirir otros conocimientos, como por ejemplo, la necesidad de seguir luchando para que haya cambio de la política estructural del país, para que algún día se pueda vivir en paz y en completa tranquilidad.

Cómo fue su relación con su familia después?

Algo que me afectó profundamente fue enterarme en 1997, de que mi familia había sido desplazada por la represión del ejército y los grupos paramilitares que operaban en la región. Les había tocado dejar todo y huir.

Aquello fue una auténtica pesadilla para mi familia y para mí. Durante 3 años perdí todo contacto con ellos, hasta cuando en julio del 2000 pude recibir noticias que resultaron muy trágicas. En el mes de marzo salíamos a la toma de los puestos de policía de Bellavista y Vigía del Fuerte en el Atrato. Un compañero llamado Jainover, conocido mío desde la infancia y a quien quería como a un hermano, había conseguido el número telefónico de una hermana mía y me lo había entregado la tarde antes de salir para el asalto.

En la madrugada del 25 de marzo nos dieron la triste noticia de que habían muerto 3 compañeros nuestros en el combate y que uno de ellos era Jainover. Su muerte fue un impacto muy fuerte para mí, las cosas de la guerra son tan terribles que uno a veces no alcanza a imaginar cuanto pueden llegar a doler. Mientras yo lloraba la muerte de Jainover con amargura, ignoraba que a mi padre lo habían asesinado precisamente 2 días antes.

En julio del mismo año decidí llamar al número que me había dado Jainover, a ver de quién era y qué noticia podía averiguar.

La respuesta que recibí por un mensaje de radio sólo hizo aumentar la pena que sufría desde marzo. Decía así: “Los paramilitares mataron a su papá el 23 de marzo, en Turbo, Antioquia, a las 6 de la mañana”. El resto estamos destrozados, pero gracias a Dios bien en otros aspectos. En ese momento me enteré de la muerte de mi viejito.

Y como fue que lo mataron y quien?

A mi pobre padre ni siquiera lo dejaron tomarse el café que traía en las manos cuando llegaron sus asesinos. Dos hombres llegaron a la casa y le dispararon delante de la familia, eran paramilitares. Esta noticia ha sido lo más duro que he vivido en mi vida, nada supera la pérdida de un ser querido. Yo he tratado de superar esta realidad. Uno en la guerrilla se da cuenta de la situación tan dramática que se vive en el país y las vivencias de la guerra lo hacen volver más fuerte.

En cambio tengo una hermana que tenía 8 añitos cuando mataron a mi padre, y no ha podido superar el trauma de haber visto cuando sucedió. Él que la mimaba tanto, que no consentía nada con ella. Es doloroso saber que para los pobres nunca hay una ayuda psicológica, así nos marca la guerra. A mí, en cambio, todo esto me ayudó a madurar, me dieron más ganas de seguir luchando para que algún día se acabe tanta injusticia.

Ha tenido muchas oportunidades en la guerrilla?

Si, en la guerrilla he tenido muchas oportunidades, a pesar de que no tuve el suficiente estudio. He podido aprender muchos temas, me he preparado y estoy segura de que siendo civil no hubiera contado con la posibilidad de hacer nada de esto. Mi destino hubiera sido ser desempleada y desplazada, como toda la gente de la región donde nací y crecí. Me siento orgullosa de pertenecer a las FARC-EP.

Por último, cuéntenos que anhela en el futuro?

Anhelo que los acuerdos firmados en La Habana, con el gobierno nacional, nos puedan llevar a una verdadera Paz con Justicia Social, para que ningún Colombiano, siga sufriendo las consecuencias de la guerra, y podamos todas y todos vivir en un país sin violencia, y poder abrazar a nuestros seres queridos sin temor que nos maten por tener una visión del país diferente.

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