Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

La frase que da título a este artículo nombra también el programa por la lectura desarrollado por la Revolución Bolivariana en el hermano país de Venezuela.

Sin embargo, en esta ocasión me dirijo más a compartir algunas cosas hermosas impulsadas en favor de elevar el nivel cultural del pueblo, por otra revolución triunfante: la cubana.

Con la victoria de enero de 1959 se vinieron grandes retos. Había que modernizar el país, construir viviendas, escuelas, hospitales...había que escribir la historia desde otra perspectiva, se necesitaba gente dedicada a la ciencia, al arte, al deporte...pero había que empezar por el principio.

Se prepararon las condiciones logísticas necesarias, se realizaron diferentes eventos para formar y organizar una comisión pedagógica, y a dos años del triunfo, en 1961 llegó a todos los campos y las ciudades del país la gloriosa Campaña de Alfabetización.

La contienda contra la ignorancia no solo contó con profesionales de la educación que no emigraron, sino que participaron miles de voluntarios y voluntarias que hasta con 10 años de edad enseñaron las letras del alfabeto con consignas como: “Con OEA y sin OEA ganaremos la pelea”. En un año, Cuba se declaró primer territorio libre de analfabetismo en América Latina.

Pero la historia no podía quedar ahí. A partir de entonces comenzó una intensa campaña por la lectura para elevar el nivel cultural del país.

La meta era ser “el pueblo más culto del mundo”, no por un interés de protagonismo, sino por el alto valor que tiene la educación para la emancipación. Por eso, una frase recurrente en Cuba es: “Ser cultos para ser libres”, de su Héroe Nacional José Martí.

La campaña por la lectura tenía ante todo un fin político, que consistía en fortalecer los valores revolucionarios, la identidad nacional, las ideas socialistas, para que el pueblo tuviera las herramientas necesarias para defender la Revolución.

Para la puesta en práctica de la campaña se comenzaron a publicar, primero como folletos, luego en forma de libros, las grandes obras de la literatura universal, desde los clásicos europeos hasta los exponentes florecientes de América Latina y el Caribe. También se publicaron importantes obras de la producción cultural cubana.

Los textos fueron repartidos en escuelas, bibliotecas municipales y centros de trabajo. Se orientaba la lectura de un libro y todo el país debía leerlo.

Se realizaban lecturas colectivas en las reuniones de las organizaciones de masas (Comités de Defensa de la Revolución, Federación de Mujeres Cubanas, entre otras). Todas las escuelas cumplían con la orientación, no solo con las niñas y los niños, sino que se hacían jornadas de lectura nocturnas en las que podía participar la comunidad.

En los trabajos voluntarios había una persona encargada de leer en voz alta o a través de bocinas, mientras el resto sembraba la tierra o construía viviendas y hospitales.

Frente a la clase obrera dedicada a la torcedura del tabaco, se ubicaba a una persona para leer. Esto no fue invención de la Revolución. Se trata de un oficio bastante antiguo en Cuba: el de lector o lectora de tabaquería, pero que en el contexto de un proceso encaminado a la superación colectiva y el empoderamiento de los sectores populares cobró mucha fuerza.

Cuenta una cubana que vivió esos años que cada persona llevaba en un cuaderno el registro de los libros leídos. Cuando ella cumplió quince años de edad, tenía alrededor de 500 títulos anotados.

En 1959 se fundó la Casa de las Américas con el objetivo de promocionar y estimular la producción artística y literaria del continente. Esta institución ha desarrollado una labor importante en cuanto a la campaña por la lectura. Entre sus aportes sobresale el Premio Literario Casa de las Américas, convertido en uno de los principales galardones de su tipo en Hispanoamérica.

Anualmente se realiza en Cuba la llamada Feria Internacional del Libro. Este evento tiene como sede principal a la capital, pero luego hace un recorrido por las distintas provincias del país, llevando las novedades literarias de Cuba y el resto del mundo a todos los rincones de la isla.

De forma periódica, en especial en las vacaciones de verano, se hacen las llamadas Noches de los libros que pueblan las principales calles de las ciudades centrales con toldos para la venta de publicaciones nuevas, presentaciones de libros, conciertos, concursos de poesía, entre otras actividades culturales.

Los precios de los libros son casi simbólicos y los que sirven de textos básicos para la enseñanza regular se entregan de manera gratuita.

Ni siquiera en épocas difíciles como el Periodo Espacial de los años noventa, se dejó de publicar libros. A falta de papel se elaboraron una especie de paquetes pequeños que contenían tarjetas de papel reciclado con fragmentos de libros, cuentos y poesías cortas.

Las condiciones de Cuba generadas por las presiones externas y las dificultades internas han hecho que la meta de ser “el pueblo más culto del mundo” no se haya alcanzado aún. La promoción de la lectura ha tenido sus altos y bajos en el recorrido de más de 50 años de revolución.

Sin embargo, los esfuerzos por la superación cultural de la sociedad son incalculables y tienen resultados palpables.

Hoy, con muchos problemas encima, Cuba cuenta con un pueblo con un nivel educacional alto en relación con el resto de América Latina y el mundo. La educación, con todo y sus deficiencias sigue siendo uno de los pilares de la revolución.

Economistas afirman que Cuba es un destino codiciado para la inversión extranjera (que está en alza en los últimos años) por el alto nivel académico de la clase trabajadora, lo que en teoría abarata costos de inversión y garantiza mejores resultados productivos.

La última impresión al respecto es que Cuba es un país singular donde hay, por ejemplo, una llamada “esquina caliente” en el Parque Central, donde espontáneamente se reúnen a diario hombres de diversos lugares de La Habana. Al pasar junto a ellos se les puede escuchar discutir sobre béisbol, economía política, el sistema político cubano, la visita de Obama, la situación de Venezuela o el costo del pan, con la misma propiedad con la que hablaría cualquier catedrático universitario, o mejor.

Sin duda hay mucho que aprender de ese pueblo y de su revolución en materia educativa.

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A propósito de la Columnista

Violeta Narváez

Violeta Narváez

guerrillera de las FARC-EP.