Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

He leído con perplejidad sobre el escepticismo de la paz y la actitud defensiva de algunos sectores de la sociedad colombiana, lo consideran una actitud adecuada para enfrentar el nuevo panorama político, y con acento, sin sonrojo, estiman que esa es la manera de mejorar los acuerdos de La Habana. Arguyen que así puede contrarrestarse el miedo al incumplimiento y que además eso es lo más valiente. Señalan los “lugares comunes” de los defensores de la salida política negociada al conflicto armado, como simples embelecos de la izquierda y reafirman paradójicamente sus propios lugares comunes, todos ellos relacionados con que los colombianos no pueden creer en la paz, que se está entregando el país a la insurgencia y que todo el proceso estaba fundado en la impunidad de la guerra.

Muchos incautos parecen sentirse satisfechos con esa predica, tan constante en la realidad colombiana de seguir temiendo a la apertura de las vías democráticas y de atomizar el discurso político al miedo y a la desesperanza. Son escépticos de la paz pero no así de la guerra, la que piden tácitamente, pese a que nuestra realidad nos ha demostrado, con creces, que medio siglo de ella no deja sino heridas en todos y todas.

Con vehemencia reclaman que las fuerzas del Estado retomen por las armas el control del territorio, pues ya la ciudadanía olvidó cuál es el papel que debe jugar la Policía con la población civil, y el Ejército en las fronteras. Siguen creyendo, porque eso es lo que han visto, que los retenes del Ejército pueden preguntarnos de dónde venimos y hacia a donde vamos, pueden requisar nuestras pertenencias, o dudar de nuestras versiones, creen que seguridad es ver carrotanques en las autopistas del país y confían en que la mejor manera de trasladarse es sumarse a las caravanas seguras del Ejército, aunque eso vulnere las normas más básicas del derecho internacional humanitario y están seguros que hay pobres porque no trabajan.

Los escépticos de la paz, sin pensarlo, lo son también de la Constitución a la que acuden de cuando en vez cuando les es necesaria, y es así porque todo lo que se discute en La Habana no es distinto a la instalación material, en la vida social, de los derechos que allí están únicamente enunciados y que le cuesta cumplir al Estado.

Lo que se acuerda en La Habana no es distinto a lo que la mayoría ciudadana en su conjunto y a lo largo de muchos años ha venido reclamando: garantías para desarrollar su actividad política sin el temor a ser asesinado por pensar distinto, acceso a la educación, a la tierra, al mejoramiento de condiciones de vida, es decir construir el Estado Social de que tanto hablan unos y que tanto extrañan las mayorías excluidas en Colombia; los escépticos de que se implemente la transformación desconocen que esta la ha venido jalonado el movimiento social, con la consecuencia de haber terminado siendo noticia criminal en los periódicos bien por haber sido asesinados, o por haber sido judicializados por pensar diferente, y que es hora de que puedan hacerlo sin tales consecuencias.

Por eso creo que deberíamos ser escéptico de la guerra que no ha dado resultado en 50 años, y no de la paz a la que nunca se le ha dado la oportunidad.

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