Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Si hay algo que tiene plena validez hoy es defender la paz de la tergiversación y el miedo, desinstalarle la desesperanza y renovarle la fuerza de cambio que es propia de su esencia, pero ello no podrá hacerse desde las esquinas de los medios de información, ni alternando pequeñas dosis de segundos de propaganda. Fundamentalmente debe hacerse con reglas democráticas, las mismas que hemos debatido de manera incesante en la Mesa, y que creemos necesarias, válidas, pertinentes, indispensables y prontas en la ampliación de dicho canon.

Se nos ha hecho común olvidar la esencia de los derechos, por ejemplo se ha ido diluyendo que la información es un bien público que debe como tal ser utilizado para la construcción del bien común. Parece que muchas personas excusan condicionar la verdad al punto de vista de quien gestione un medio, como si aquella se tratara de un objeto transable en el mercado de valores, y hoy que el objetivo de muchos es alcanzar la paz y de otros tantos ponerla en tela de juicio lo propio es decirnos la verdad, pero no de cualquier forma, sino con reglas, oportunidades y soluciones, al fin y al cabo si de lo que se trata es de construir un Estado en el que la diferencia no sea causa sino para enriquecer los debates, bien debiéramos empezar por practicarlo en algo tan aparentemente sencillo, pero complejo, como decirnos la verdad sobre los diálogos de paz y sobre la manera en la que queremos construir un país mejor, para todos.

Es tiempo de empezar a darle el lugar a la información en los debates, así como se lo hemos dado a la salud y a la educación pública, por ejemplo, así como hablamos de democratización de la propiedad privada, o de construcción de una ruralidad para el siglo XXI. Ninguno de los debates trascendentales debe estar al margen de la sociedad, y ninguno de sus componentes debe escapar a su escrutinio, intercambio de opiniones y transformación, pero con verdades completas, no a medias, esa debe ser no solo nuestra apuesta, sino la de todos los colombianos y colombianas.

Además de “ponernos la camiseta” requerimos “ponernos en modo país” que puede traducirse en una actuación política decidida al cambio de foco en vía de las transformaciones, capaz de contrarrestar incluso el escepticismo y de alinearse para exigir a la institucionalidad algo que aunque parezca obvio es muy esquivo en Colombia, escuchar la verdad y ser escuchados y escuchadas.

En suma, si de lo que se trata es de validar el querer mayoritario de la sociedad, lo fundamental seria tener la mayor cobertura posible, en todos los escenarios de información, de cuáles son los puntos de acuerdo en la Mesa, su incidencia en la vida diaria de las colombianas y colombianos y la manera en la que ellos podrán ser partícipes, veedores, constructores de un país en el que resurja la democracia, para que, de esa forma, sea la ciudadanía social la mayor fiscalizadora del cumplimiento de unos acuerdos que están pensados, mayoritariamente, en la ampliación de derechos y de garantías en una sociedad que tiene la historia por delante, aunque muchos quisieran que no se viera.

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