Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

¡Se acabó la guerra! Y con su fin toda Colombia da un paso al frente en la construcción de la paz, una paz que transforme las condiciones estructurales que nos llevaron a más de cincuenta años de confrontación armada, una paz con justicia social, estable y duradera.  Esta es también la oportunidad histórica para que no se aplace más la garantía de los derechos de las mujeres, formalmente reconocidos para todas sin discriminación.

 Continuaremos siendo rebeldes, sí, y a la vez, transgresoras de las limitaciones impuestas por la cultura patriarcal; seguiremos siendo constructoras de esa nueva nación que priorice la inversión social y la igualdad entre hombres y mujeres.

Contaremos nuestras historias, porque la historia de las mujeres, invisible hasta ahora, debe ser contada, en todas sus dimensiones y parcelas: desde el sufrimiento padecido en el conflicto armado, como también desde los aportes que se han hecho a la resistencia, a la labor humanitaria no reconocida, que ha hecho de la solidaridad el mayor aporte femenino para la sobrevivencia de las víctimas del desplazamiento forzado, a las transformaciones sociales, y a la ampliación de libertades a través de nuevas leyes.  Contaremos las historias de todos los sectores excluidos como las comunidades campesinas, negras, afrodescendientes, raizales, palenqueras, de pueblos indígenas, de sectores urbanos olvidados, en los que las mujeres hemos llevado la peor parte; contaremos la historia violenta de Colombia, para que no se olvide y para que no se repita.

Para que esta paz que está naciendo, perdure, se tendrá que visibilizar y valorar positivamente el rol de las mujeres en la construcción de una sociedad en paz, reconociendo toda su pluralidad y diversidad. Habrá que reconocer no solo lo que hemos alcanzado, sino que además habrá que pensarnos y soñar el futuro, habrá que crear alianzas, solidaridades, sororidades. Es decir, seguiremos trabajando para apoyar y promover procesos de empoderamiento femenino para que, las mujeres empoderadas, a partir de la conciencia de su rol en la sociedad,  lideren los  cambios sociales, culturales y políticos, que garanticen una vida sin discriminación ni violencias en los espacios privados y públicos.

Con la paz, tenemos la oportunidad histórica de resolver las necesidades prácticas de las mujeres, de las familias, de las comunidades, de la sociedad y sobre todo, tenemos la oportunidad de transformar la subvaloración de sus necesidades y aportes que justifican el estatus inferior que se les ha otorgado en todos los ámbitos de la vida; es necesario este cambio  para avanzar en la igualdad entre mujeres y hombres. El propósito es consolidar la construcción del destino de una Colombia soberana, que promueva el ejercicio de un poder solidario, colectivo y justo.

Es hora de reincorporar  a toda Colombia a una nueva sociedad, a una nueva democracia, privilegiando los valores civilistas, promoviendo el cambio institucional que haga de los ejercicios  de gobierno un compromiso con la garantía de los derechos humanos para todas y todos, y que materialice las transformaciones necesarias en lo económico, político, social, ambiental y cultural para que el desarrollo no sea una negación del futuro y una oda a la inmediatez. En este proceso se deben potenciar las capacidades de las mujeres a partir de sus diversidades (afrodescendientes, indígenas, room, rurales, urbanas, mestizas), en sus procesos y aportes  individuales y colectivos, que luchan por las transformaciones, junto a los hombres, solidariamente por un presente y  futuro dignos.

Este aleteo de esperanzas que pueblan nuestros corazones, no nos hace olvidar la guerra, no nos hace olvidar el sufrimiento, tampoco las pérdidas que todos y todas hemos tenido, pero sí nos conmina a anclar la violencia,  a conocer la verdad, a reparar a las víctimas y sobre todo, a hacer todo lo necesario para que nuevamente no  se obligue al pueblo a empuñar las armas para defenderse, para dignificarse. Este vuelo de nuevos y buenos presagios nos convoca a escribir un nuevo capítulo de la historia, de la historia de Colombia, que en el actual contexto mundial resulta esperanzador.

 

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A propósito de la Columnista

Victoria Sandino Palmera

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria