Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Históricamente el conflicto por la tierra ha estado en el centro de las dinámicas de poder y disputa de las clases sociales por el mismo. En Colombia, la ultra atrasada concepción de quienes han ostentado dicho poder, ha impedido el más mínimo avance en las condiciones productivas y de desarrollo del campo, permaneciendo intactas las reivindicaciones y batallas del campesinado empobrecido y excluido.

El modelo impuesto tras la colonia trajo consigo patrones de dominación que reemplazaron las jerarquías sociales y territoriales, aparecieron así las diferencias entre razas, creencias religiosas y sexo, que determinaron entre otras cosas, la propiedad y uso de la tierra. Es un modelo excluyente y patriarcal.

La relación que desde inicios de la historia se ha otorgado a la mujer con la tierra, a la que simbólicamente se denomina “madre” porque de sus entrañas germinan los alimentos, el agua que nos permiten vivir , no le ha significado a las mujeres derechos políticos sino que se ha interpretado que su función entonces es reproducir y producir condiciones de subsistencia, es decir asumir la carga completa del trabajo doméstico y crianza de sus hijos, además de su trabajo propio del campo, en el que han tenido que asumir un papel de coadyuvantes de sus compañeros.

Esta concepción discriminatoria ha hecho que la muy desigual distribución de la propiedad sobre la tierra haya tenido un impacto particular por su condición de género, con el agravante de que la imposibilidad de acceso y titulación, las aleja de otros derechos como la participación en la toma de decisiones colectivas sobre gestión de la tierra y desarrollo comunitario.

Enorme reto el que han tenido que afrontar las mujeres que desde los inicios de las luchas campesinas han estado presentes. Colonas, desplazadas, indígenas, afros se han enraizado en sus territorios construidos a partir de relaciones de colaboración que les han permitido poco a poco abrirse espacios de participación posicionando sus aspiraciones y reivindicaciones propias.

Respondiendo a estas realidades, la sub comisión de género creada en el marco de las conversaciones de La Habana fue facultada para que a partir de los insumos y propuestas de las organizaciones sociales, diera a los acuerdos alcanzados un enfoque diferencial y de género, lo que en el caso del acuerdo sobre Reforma Rural Integral, se traduce en prioridades especificas para las mujeres en cada uno de los pilares que componen el acuerdo: Acceso y uso de la tierra que incluye plan masivo para la formalización de la propiedad, Planes nacionales rurales que contemplan acciones a gran escala para proveer bienes y servicios públicos, y los Programas de desarrollo con enfoque territorial para implementar los planes nacionales con mayor celeridad en las regiones más afectadas por el conflicto.

Las transformaciones que requiere el campo colombiano exigen medidas que para su funcionamiento y efectividad, dependerán de la amplia participación de las comunidades, así que serán las mujeres campesinas, indígenas, afros y sus organizaciones, las encargadas de empoderarse de lo acordado y avanzar hacia condiciones dignas de trabajo y vida. Tenemos un acumulado de aprendizajes, fortalezas en la movilización y la certeza de que a partir de que se posibiliten nuevos escenarios, avanzaremos en la re significación de la madre tierra y en la construcción de un modelo más justo e incluyente para nuestra ruralidad.
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A propósito de la Columnista

Manuela Marin

Manuela Marin

Guerrillera del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP.

@manu_farcep