Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

“La tierra volverá a quienes la trabajan con sus manos”.
Emiliano Zapata
El atraso del modelo económico impuesto en Colombia y la incapacidad del régimen político para resolver los conflictos sociales que de él se derivan, se evidencian nítidamente en el auge de las movilizaciones campesinas, cada vez más organizadas,  más consecuentes y  más estigmatizadas.

Y es que las justas reivindicaciones que demandan las organizaciones en las que se agrupan las comunidades campesinas, indígenas y afros, son las mismas por las que se han venido organizando y luchando desde comienzos del siglo pasado.

Similares son sus reclamos porque la formación estructural de producción del campo se mantiene intacta, erigida en la desigualdad extrema de acceso y uso de la tierra, la tecnología y subsidios,  y que para su sostenimiento ha venido extremando la violencia  del despojo y el terror generalizado.

Pero hay que decir que el movimiento campesino, nos ha dado históricamente lecciones de valentía y de capacidad organizativa y resistencia, en un país en el que han tenido que pelear hasta por su reconocimiento constitucional, las campesinas y los campesinos no solo continúan alimentando al país con su trabajo diario, súper explotado y demeritado, en condiciones completamente desfavorables, sino que siguen al frente de las movilizaciones más contundentes de los último años, alimentando también a los demás sectores sociales con su experiencia que ha demostrado que solo transformando el campo colombiano, se removerán realmente las causas que originaron el conflicto social y armado.

La movilización que avanza hoy en respuesta al incumplimiento del gobierno nacional a los acuerdos alcanzados en el marco del paro agrario de 2013, ha merecido la misma respuesta del establecimiento: represión y muerte. Dos indígenas asesinados y un estudiante de la UD acribillado por el ESMAD, son una muestra más de una política de Estado. Estas muertes no pueden convertirse en cifras que adornan los innumerables diagnósticos sobre víctimas, sino que deben ser motivo de un estruendoso y unísono: ¡NUNCA MÁS!, que retumbe en todos los paisajes de la Patria.

Pero para que esto ocurra, es necesario aprender esa otra gran enseñanza que nos dan las comunidades campesinas, que es la solidaridad como principio y entendida a partir de que territorio, agua y alimentación, son asunto de todos los colombianos y colombianas.

Nunca más incumplimientos a acuerdos pactados; nunca más violencia política; nunca más las instituciones del Estado asesinando a su pueblo; nunca más injustos encarcelamientos a dirigentes.

Se requiere una etapa de reconciliación nacional, que implica escuchar, dialogar y construir conjuntamente.

El ejercicio de las conversaciones en La Habana, nos reafirma que es la fuerza de las mayorías la que produce nuevas etapas en las sociedades, así que seremos todas y todos los que impongamos ese ¡NUNCA MÁS! desde los distintos escenarios, tribunas, veredas y calles.

Y definitivamente: Me quito el sombrero ante las campesinas y campesinos de mi país.

 

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A propósito de la Columnista

Manuela Marin

Manuela Marin

Guerrillera del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP.

@manu_farcep