Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Recuerdo cuando era niña, mi madrecita siempre estuvo pendiente de sus hijos, como buena campesina, dueña de hogar, ama de casa.

Hoy mi memoria recorre esa bella pero corta infancia vivida sin límites al lado de mis padres hasta cuando los vientos de la guerra anunciaban que no habría otra alternativa que empuñar las armas.

Su gran preocupación, la de mi madre y mi padre, era que sus hijos e hijas estudiaran, fueran honrados, honestos, tuviéramos fe, fuéramos amables, trabajadores e hiciéramos el bien sin mirar a quien. Recuerdo que éramos pobres, pero con el sacrificio de ellos, siempre hubo el pan en la mesa, sumado a preocupación porque su hijos tuvieran un futuro. 

Mi padre era agricultor y cuando podía barequeaba en busca de oro, a veces nos iba bien, otras no conseguíamos nada, porque así es la minería artesanal, cuando el pobre busca la supervivencia. Él era militante de la Unión Patriótica y admirador de las FARC-EP; mis hermanos eran milicianos de la guerrilla,  algo considerado un pecado inaceptable para el Estado colombiano. Ese fue motivo para que la crueldad del Estado llegara a nuestro hogar y comenzara la gran tragedia de mi familia y de muchos vecinos que eran allegados a nuestro hogar: robo y despojo de nuestras pertenencias y acto seguido el desplazamiento forzoso de mi familia. Por eso los sueños de mis padres quedaron sin cumplir, por eso tuve que ingresar a la guerrilla. El Estado nunca ha brindado oportunidades, por el contrario siempre ha querido la ignorancia del pueblo para mantenerlo sometido.

Esa ha sido la gran tragedia del pueblo colombiano cuando se piensa diferente respecto a las políticas del Régimen. Es contra eso, contra el sometimiento, que nos hemos rebelado y empuñado las armas. Hoy mis padres ya no viven; no pude ir a llorar su partida; los lloré en medio del fragor de la guerra cuando me enteré que ya no existían. 

Hoy considero que mi lucha y la de mis compañeros es justa, que el sacrificio de esta dura y larga confrontación es la que nos tiene que motivar para llegar a un acuerdo de paz con justicia social, para que no sigan asesinando a nadie por sus ideas. Sueño con vida digna para todos y también con la posibilidad de que las guerrilleras y guerrilleros organizados en un movimiento político sin armas, podamos llorar frente a nuestros seres queridos cuando partan a la eternidad.

Por eso mi invitación como hija, como guerrillera, es que sigamos luchando porque haya paz en Colombia. Ya es hora de poner fin a tanta guerra, desplazamiento forzado, asesinato de líderes sociales y políticos, defensores de derechos humanos y reclamantes de tierras.

Queremos vivir por fin en un país libre, democrático, soberano, lleno de amor, fraternidad y justicia social, que es a lo que aspiramos las guerrilleras y guerrilleros farianos junto al pueblo colombiano que ha padecido la guerra y la injusticia por tantos años.

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