Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

En las últimas décadas las mujeres han llevado a cabo múltiples reivindicaciones por sus derechos.

Sin embargo, en la actualidad numerosos estudios sobre esta controvertida temática arrojan que existe el denominado sexismo de nuevo tipo, que tras una cierta igualdad formal oculta con disimulo una resistencia al cambio.

Para sus epígonos, la igualdad de género es concebida como la posibilidad de acceder a trabajos, puestos laborales de dirección o de poder político; posibilidad que por lo menos medio siglo atrás fue conquistada por las mujeres con la lucha, y que suponía un viraje radical para aquel contexto histórico. En este marco se pueden citar algunos ejemplos como el sufragio de la mujer, la igualdad laboral y la igualdad formal ante la ley, los derechos sexuales; todos estos suscritos dentro del sistema capitalista y la democracia burguesa. Sin embargo, en nuestros días persisten aun la discriminación laboral y sobre todo la cosificación de la mujer, convirtiendo las victorias de cambio logradas antaño en triunfos mercantiles y, a menudo, efímeros.

Esta igualdad formal está lejos de ser real, puesto que ya se sabe que el sistema mismo no pone a las mujeres a la par de los hombres. A la luz de la familia tradicionalmente concebida y del papel de la mujer dentro de la misma, crea y profundiza la desigualdad, además de sentar las bases de la opresión desde el punto de vista político e ideológico.

Son pocas las damas -menos del 1%- que en el sistema dominante han llegado a ocupar grandes cargos o a amasar grandes fortunas, y todas ellas están circunscritas dentro de las leyes del capitalismo y son funcionales a su perpetuación.

En su aplastante mayoría, las mujeres se encuentran a la merced de los vaivenes del mercado, traicionadas por las promesas electoreras ofrecidas por los politiqueros de turno. Muchas se encuentran sometidas a una doble carga que significa ser por un lado ser jefas de hogar, es decir responsables económicamente de sus familias (tendencia actual) o dependientes económicamente de sus esposos, y por el otro encargadas de la prole y de las personas mayores de núcleo familiar, además de tener que resolver los conflictos que se generan entre sus miembros. A esto se agregan las dificultades a las que se ven confrontadas día a día, debido a la crisis económica mundial galopante y a las modificaciones de la estructura misma de la familia.

De ahí la idea central de que la lucha contra las discriminaciones pasa necesariamente por la toma de conciencia de la necesidad de la misma, que va desde el desmonte de la representación de la mujer como débil, frágil ante el hombre, objeto sexual y de placer que se entrega a diario a través de los medios de comunicación masiva, al reconocimiento de sus capacidades físicas, intelectuales y profesionales, que deben indudablemente pasar por la implicación e identificación certera y oportuna de las luchas femeninas.

Algunos ejemplos actuales que promueven este planteamiento y que buscan alternativas viables para superar la profunda asimetría de género se pueden encontrar en el trabajo adelantado por las guerrilleras de la Delegación de Paz de las FARC-EP, quienes en La Habana dan lo mejor de sí para encontrar una solución política al conflicto social y armado colombiano.

Búsqueda que requiere del papel activo de la mujer como hacedora y promotora de la paz con justicia social, tan necesario en un país en el cual el 51% de la población es de féminas. Entonces la paz, que requiere la transformación de la sociedad colombiana en el plano económico, político y social, significa también incorporar una mirada de género en las diversas aristas y ámbitos de la vida del país.

La amplia lucha por la paz no está exenta de que en ella se manifiesten aquellas contradicciones entre las mujeres que defienden variaciones cosméticas y aquellas que reivindican la necesidad de cambios económicos, políticos y sociales profundos, en el entendido de que la lucha de género no puede estar desvinculada de la batalla más general por la transformación revolucionaria de la sociedad colombiana.

Ejemplo diáfano es la lucha entre guerrilleras y representantes del gobierno colombiano en la Subcomisión de género de la Mesa de Diálogos; si bien el propósito común es la superación de la guerra, las diferentes pertenencia y perspectiva de clases hacen que también el concepto de género sea distinto. Lo cierto es que gracias a esta lucha de contrarias que se da en La Habana, las movilizaciones e iniciativas que a diario las mujeres colombianas libran para su emancipación tienen mayores insumos para cualificarse y potenciarse.

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