Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Aun en mi mente están los rostros de mujeres y hombres guerrilleros, el brillo de sus ojos, de sus sonrisas luminosas en el momento de nuestra llegada al campamento en Robles, Cauca. Tengo la imagen de cómo nos confundimos entre abrazos, sollozos y una infinita alegría.

Ahí estaban más de 400 guerrilleras y guerrilleros uniformados e impecables, confundidos en un solo abrazo de bienvenida y reencuentro. Corrían lágrimas, risas, alegrías, nos reconocimos unas y otros, la mayoría jóvenes, muchos y muchas ya curtidos por los años y por la lucha. En el ambiente, ese  aroma particular, olor a montaña, loción y herrumbre de las armas aceitadas. Sentí de nuevo ese infinito amor guerrillero que une a la familia fariana sin importar las adversidades de la guerra.

Viviendo un presente lleno de esperanzas, regresé al pasado cuando me di cuenta que, en medio del personal, nos encontrábamos más de 11 camaradas de la guardia del comandante Alfonso Cano. Estaba de nuevo en el Bloque Occidental que en su honor lleva su nombre, y en cada abrazo sentí que le abrazaba a él, abrazábamos su bandera, la bandera de la lucha por las personas humildes, por la paz con justicia social.

Tras haber permanecido tres años en La Habana, como delegada en el proceso de conversaciones, me encuentro allí, nuevamente junto a mis compañeros y compañeras de armas. Era imposible no recordar esa primera vez que pisé, hace ya muchos años, un campamento guerrillero. Reflexioné sobre el carácter de aquella decisión. Casualmente llevaba entre mi agenda del Bloque Alfonso Cano un separador con ese verso de Martí:  “Con los pobres de la tierra quiero mi suerte echar, el arroyo de la sierra, me complace más que el mar”.

Así mismo, no escapó de mi reflexión la enorme responsabilidad que tenemos las guerrilleras y guerrilleros delegados por la organización en este proceso de paz. Materializar en nuevos escenarios nuestra inclaudicable lucha por lograr cambios que dignifiquen la vida de los colombianos y colombianas y que lleve a nuevos estadios de bienestar al conjunto de la sociedad.

A medida que avanzábamos en los saludos, me abordan unas jóvenes guerrilleras, a quienes no conocía personalmente, pero con las que mi alma se entrelaza como si fuéramos compañeras de tantas noches de selva y de batallas. La más joven me dice, “¡definitivamente las guerrilleras somos unas berracas! No solo lo demostramos a diario en las trincheras, sino que ahora, con decisión, nos paramos frente al mundo a contar las verdades y los sufrimientos de las mujeres colombianas”.

Otra voz femenina me decía, “camarada qué bueno que vino, aquí estamos estudiando 'lo de género', pero no tengo todos los elementos, porque tenemos que erradicar el machismo en nosotros y nosotras”. También medio oí “usted dijo en una entrevista tal o cual cosa…”, la emoción o el amasijo no dejó escuchar, pero sentí cuánto significaba para esos hombres y mujeres todo lo que estábamos haciendo.

En el aula, un inmenso salón en mitad del campamento adecuado para esta jornada especial de pedagogía de paz, nos encontramos con una sorpresa: ahí estaban más de 500 personas, negras, indias, mestizas, niñas, niños, jóvenes, expectantes y con rostros de alegría. Nos alertamos, ¿qué hacían esas personas ahí? El comandante Pablo Catatumbo sorprendido indagaba. La comandante Mireya que estaba en todo, explicó: “llegaron en montonera y se metieron al aula, dicen que vienen a escuchar a la Delegación”, en medio de la confusión, Walter, el comandante del Bloque, contó que muchos habían transitado hasta cuatro días de marcha.

En las primeras horas del día 3 de marzo, en medio del agite producido por las noticias que anunciaba el arribo de la Delegación de Paz a la región, la gente empezó a llegar al poblado de Robles donde líderes de la comunidad intentaron explicarles que no podían pasar al sitio del campamento de paz, porque ya habían escuchado las noticias, el gobierno andaba amenazando, así que lo más seguro era que la Delegación no podía hacer pedagogía con las comunidades.

Según nos contaron, la gente estaba decidida.  Decían unos y otras, “si la pedagogía se va a hacer en nuestro territorio, tenemos derecho a que nos cuenten en qué va el proceso de La Habana”, que nos digan cómo va a ser el tema de la implementación de los acuerdos, ¿cómo van a ser los Terrepaz? ¿Si la guerrilla se va, qué va a pasar con nuestros territorios, quién nos va a proteger? Tenemos derecho a  saber, cómo va a ser lo de la sustitución, porque por acá ha llegado el gobierno a erradicar a la fuerza… Eran muchas las inquietudes como para no aprovechar semejante coyuntura.

Así las cosas, esas personas que exigían ser parte de la pedagogía, se fueron de la concentración que tenían en la plaza de Robles,  dejaron solos a los líderes y aparecieron en el campamento de paz. Ahí estaban, extendiendo sus manos para saludarnos con sus rostros alegres. Semejante dilema teníamos que resolver:¿cómo no explicarle a la gente lo que significa este proceso? ¿Cómo no decirles que de ellos y ellas depende la materialización de los acuerdos? Pero habíamos firmado un protocolo, donde nos habíamos comprometidos a no hacer actos públicos. La muchedumbre estaba ansiosa, muchos celulares, tomaban fotografías y hacían preguntas.

No hubo remedio, tuvimos  que explicar que no era posible reunirnos con ellos por el momento, que habíamos comprometido nuestra palabra; les dijimos que vendrían los tiempos de participación directa, donde las comunidades decidan sus destinos, sus planes de vida, y entonces, tal como este instante sublime, de amor de patria, de amor de matria, hombres y mujeres, hombro a hombro, como una vez en la guerra, construiremos esta nación con justicia social.

De ese modo pudimos iniciar el intercambio con la guerrillerada, doce días de intenso trabajo, extensas jornadas de estudio y debate sobre los más diversos temas de la situación interna, la situación política del país y el rol  nuestro en la construcción de la Paz en Colombia. Sin embargo tantas horas de trabajo parecen tan solo un breve instante cuando ya nos vemos de nuevo en el operativo de traslado hacia el helicóptero que nos sacaron de la zona. No hay espacio para muchos abrazos, entre la caminata, las maletas, las últimas conversaciones y la toma de nota de los asuntos pendientes.

Ya acá, con los recuerdos intactos, solo puedo decirles a las y los camaradas que quedan en esas  hermosas montañas, a las humildes comunidades campesinas, afrodescencientes e indígenas con quienes no pudimos intercambiar el día 3 de marzo en el aula, y a otras personas que también quisieron llegar: !Volveremos…volveremos a construir la Paz!

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A propósito de la Columnista

Victoria Sandino Palmera

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria