Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Para la madre, la amiga y la compañera.

Mis padres decidieron entregar su vida a la lucha. Durante años contribuyeron a forjar ese sueño que hoy podemos llamar FARC-EP.

Mi papá, siendo líder sindical sufrió la persecución estatal hasta que dejó atrás su vida de civil, a su esposa y a sus hijos. Así llegó a la guerrilla. Mi mamá, siendo militante de la Juventud Comunista decidió cambiar su vida de lucha urbana por las montañas, el fusil y el uniforme verde olivo.

El mismo trabajo los unió. Para ese entonces la norma de planificación obligatoria ya estaba en los estatutos. Mi papá tenía a sus hijos lejos, mi mamá había elegido hacerse guerrillera sabiendo que la maternidad no sería la prioridad en su vida.

Los dos entendían la necesidad de que se planificara en las FARC-EP y ella lo hacía de manera responsable para evitar un aborto. Sin embargo, ante una enfermedad que afectaba sus órganos reproductivos y la avanzada edad, mi mamá decidió consultar con la Dirección la posibilidad de ser madre.

Consciente de los riesgos de la guerra, sabía que si se llegaba a aceptar su maternidad, ella y la criatura iban a estar mucho tiempo separadas, pero existía la posibilidad de dejarla con su familia.

Pidió audiencia al propio camarada Manuel Marulanda. Caminó durante cuatro largos días hasta llegar al lugar donde se encontraba el Secretariado. Expuso su caso, explicó que ante todo ella era guerrillera y que se ajustaba a las normas de la organización. También dijo que esa consulta era personal, mi papá ya tenía a sus otros hijos y no pensaba tener más: “Él solo pondrá el espermatozoide”, decía ella mientras Marulanda reía.

Él aceptó. Mi mamá se dispuso a regresar a su campamento. Otra vez cuatro días de marcha, subiendo y bajando lomas. Llegó junto a mi papá para contarle las novedades. Él recibió alegre la noticia. Aunque no era algo que él buscaba asumió su parte del asunto…

Una hora después, ella miraba el reloj y decía: “¡Tengo una hora de embarazo!”. Esperó un tiempo más para hacerse la prueba de orina, que, por supuesto  dio positivo, pero para mi mamá tan solo era la confirmación de algo que ya daba por seguro.

Al cabo de unos meses la enviaron a la ciudad. Gracias a la organización nací en las mejores condiciones posibles.

Han pasado algunos años desde entonces. Mi papá ya no está. Con mi mamá hemos podido mantener comunicación, mucho más de lo que ella llegó a imaginar el día que pidió permiso para tenerme. No somos el caso más trágico de la maternidad guerrillera, las mismas tareas que le han asignado a mi mamá le han permitido estar cerca e influir mucho en mi formación como ser humano y como revolucionaria.

Hoy nos une algo más que lazos consanguíneos. Ambas luchamos por el mismo proyecto de país al que mi papá ofrendó su  sangre y que sigue vigente mientras perdure la injusticia.

Yo soy una hija de la  guerrilla. No soy la generalidad. La política de planificación sigue siendo fundamental para que las FARC-EP puedan desarrollarse como organización político-militar, pero eso no quiere decir que no se tengan en cuenta particularidades.

Esta historia pudo haberse quedado anotada en un cuaderno, pero no sería justo. Muchas veces se han emitido criterios poco responsables sobre la política frente a la maternidad en la organización. Espero que mi testimonio ayude a matizar las visiones.

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A propósito de la Columnista

Violeta Narváez

Violeta Narváez

guerrillera de las FARC-EP.