Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Con algunos asomos de luz ofrecidos por la luna esta noche calurosa de las sabanas del Yari, me permito referirme a lo que para mí significa nuestra visión de género, es decir a la idea que la realidad fariana me ha mostrado. Para empezar debo decir que esta percepción la tengo no solo por ser mujer, sino por ser revolucionaria. Por ser proletaria.

Es este el punto de partida, hablar de la doble explotación de la mujer es la elaboración del feminismo a partir de la lucha de clases, es hablar de la liberación de la mujer con una profunda y férrea concepción de clase, en contra del capitalismo y de lo que este impone no solo a las mujeres sino a las clases explotadas; y en la que necesariamente los cambios presupuestados no solo son reivindicativos, a corto plazo, sino sobre todo a largo plazo: en el socialismo.

La discriminación, la exclusión, la invisibilizacion hacia la mujer no nacen en el capitalismo allí se profundizan, básicamente por que la mujer deja de ser una productora más de bienes de consumo como lo era en el feudalismo, en el taller artesanal de su casa donde al mismo tiempo cuidaba de ella y de todos sus habitantes; para convertirse en simple “ama de casa” sin que se valorice en su inmensa dimensión esta labor, en realidad una gran proporción de plusvalía es extraída del trabajo de las amas de casa aumentada con aquellas que, al mismo tiempo, tienen la necesidad de trabajar por las razones que sean.

Sin embargo el problema no termina allí, porque el fetichismo propio del capitalismo convierte a la mujer en una mercancía más que se puede comprar o vender, la valorizan por lo que puede ofrecer con su sexo. Además también cumple una función supremamente importante para el capital: son las principales consumidoras, y son tenidas en cuenta en la medida que son ellas quienes deciden qué se compra en el hogar.

Todas estas condiciones entendiéndolas en un proceso largo y dinámico ha generado y afianzado una cultura androcéntrica y patriarcal, que no solamente adopta la burguesía sino que trasciende de manera hegemónica hasta alienar gran parte de la sociedad, convenciéndola de la normalidad de la opresión, de la exclusión, de la denigración hacia las mujeres.

-Incluso podemos decir que algunos compañeros proletarios se convencieron del cuento de “ser patrón” y, participan y promueven esta situación, desconociendo que a ellos también este fenómeno los afecta profundamente, puesto que los esquemas de macho dominante que exige esta cultura los pone en conflictos internos sumamente fuertes, que los pinta como un ser que realmente no puede existir, además de negarles muchos sentires humanos que disfrazan con el mito del sexo débil-fuerte.

-De la misma manera muchas compañeras proletarias son reproductoras del machismo y sumisamente asumen un papel de “adjetivo" con respecto al otro sexo. Este fenómeno de alienación es el que permite que ambos, hombres y mujeres se muestren desinteresados de las lucha de liberación femenina que, definitivamente, no solo es de las mujeres sino que proporciona una igualdad de género en la que ambas partes se verán beneficiadas.

Los revolucionarios además de tener el deber moral de movilizar conciencia de igualdad social y de género, tenemos un compromiso tácito con todas las luchas reivindicativas, no es abordarlas desde un punto de vista formal, sino que el compromiso nos impone un profundo análisis del fenómeno, comprometiéndolo desde ya con los cambios a corto plazo pero dirigiéndolo estratégicamente con nuestra concepción de clase y nuestra visión de sociedad.

-Indiscutiblemente las luchas  de las mujeres, de organizaciones populares y sociales,  de la diversidad sexual, de los distintos sectores consecuentes con la equidad de género, han labrado un buen trecho; pero las semillas, los fertilizantes, proporcionados por la diversidad de opiniones, el debate sano y sobre todo la praxis, potencializara esta labor.

Si hombres y mujeres actuamos en consonancia con una visión clara y definida, la cosecha no solo será pronto sino de una calidad indiscutible, así asumiremos en igualdad de condiciones los retos de la nueva sociedad.

 

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