Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

“En el caserío en que me dejó el helicóptero del CICR había cerca de mil personas civiles provenientes de 8 veredas del municipio; ellos, al enterarse que llegaría alguien de La Habana, se desplazaron hasta el lugar, y ahí los tenía, frente a mí, pidiéndome que les explicara cómo era eso de “dejar las armas”. Esa noche no nos dejaron ir, no fui capaz de abandonar a los pobladores con un sartal de preguntas, porque a ese lugar no íbamos a regresar en corto tiempo”.

Así describe Yira Castro su inicio de la pedagogía de Paz, a partir de su regreso al norte de Antioquia, después de haber estado dos años en Cuba haciendo parte de la Delegación de Paz de las FARC-EP. Desde que pisó tierra en el área de la compañía Mario Vélez, de la cual ha sido una de sus principales comandantes, se vio abocada a iniciar una intensa labor con guerrilleros, guerrilleras y población civil, ilustrándolos sobre las posibilidades reales de alcanzar un acuerdo final que satisfaga las aspiraciones de la población más desfavorecida.

No podía esperarse cosa diferente de esas comunidades vapuleadas durante más de 3 lustros por el paramilitarismo. Fue precisamente en el norte de Antioquia y sur de Córdoba, cuando finalizando la última década del siglo XX, las ACCU, inicialmente, y después las mal llamadas AUC, sembraron el terror con su estrategia de “quitarle el agua al pez”, consistente en exterminar la base social de las guerrillas. Y aún hoy sufren su presencia y amenaza.

“Queremos la paz pero tenemos miedo, me repetían; cuando me iba a despedir hicieron que les prometiera que ni en guerra ni en paz los dejemos solos, porque, decían, nuestro destino es el mismo”, anotó Yira. Luego se quedó en silencio, tal vez reflexionando sobre lo que esto significa en un eventual posacuerdo.

Por su parte, la comandante Maryely Ortíz, al regreso de La Habana, inició en el Quinto Frente un trabajo pedagógico sobre los acuerdos parciales, los puntos de desencuentro con el Gobierno y la visión de paz que tenemos las FARC-EP. Con un grupo de guerrilleras y guerrilleros realiza talleres sobre el tema de género, la liberación de la mujer y nueva masculinidad.

“Hay mujeres que inconscientemente se apegan al rol que tradicionalmente les ha asignado el patriarcado y algunos hombres cohonestan con esa actitud porque les favorece; pero sí hay cambios”, apunta Maryely. Y agrega que “guerrilleros y guerrilleras han incorporado el tema de género y de las nuevas masculinidades en los diálogos con las comunidades cuando están en tareas pedagógicas de paz”.

En un área diferente, con otro frente guerrillero, trabaja la comandante Érica Montero, integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, quien también hizo parte de la Delegación de Paz en La Habana por cerca de un año. “La guerrillerada y los mandos son muy receptivos. Nos favorece que los rezagos machistas en nuestras filas son escasos; los hombres se muestran más respetuosos de la independencia y libertad de las mujeres y ellas son más autónomas y seguras; afirma mientras degusta una arepa hecha con masa de maíz trillado y un chocolate de cacao producido por campesinos de la región.

En verdad, hoy las guerrilleras y guerrilleros hablan con mayor propiedad sobre el tema.  El que el anti machismo y anti patriarcalismo sean ya una política interna orientada por las comandancias, ha hecho que muy rápido se vean  los resultados prácticos.

Es muy alentador sentir que se está liberando una fuerza arrolladora, revestida de la solidaridad, alegría, buen juicio, dedicación y responsabilidad que caracterizan al género femenino. “Es una revolución silenciosa que está soltando amarras y que se proyecta en el futuro con potencia noble y generosa”, intervino una guerrillera que escuchaba la conversación.

No obstante, dice Érica, “hay comunidades en las que se hace más difícil la interiorización de las ideas liberadoras del feminismo revolucionario”. Es el caso del pueblo indígena Embera Katío en quienes su cultura tiene rasgos de una asimetría de género sumamente pronunciada. En ellos, la mujer después de tener el hijo, a menos de una semana del parto, además de retomar las labores domésticas sale a trabajar, mientras el hombre se queda en casa. El papel de los hombres en la comunidad se reduce a sembrar y mantener los cultivos hasta que estén a punto de dar cosecha; dando paso a la mujer para que la recoja.

Otros Embera, los Chamí, conciben el acto sexual en la mujer solo con propósitos reproductivos; ellos les practican la ablación o mutilación genital femenina a las niñas recién nacidas. Esta costumbre arraigada también en tribus africanas, es practicada en sociedades de los cinco continentes por razones culturales o religiosas. Muchas niñas o mujeres adultas mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores a la intervención, ya que se realiza casi siempre de manera rudimentaria y en condiciones sanitarias inadecuadas.

La nueva masculinidad entendida como la ruptura con los roles diferenciados de hombres y mujeres para favorecer la equidad de género, choca aquí con rasgos culturales (en nuestro caso) tan difíciles de cambiar en la vida de los pueblos. Un complejo tema que toca aspectos antropológicos, sociológicos y políticos, pero sobre el que es imperativo intervenir en pro de saldar la deuda histórica con las mujeres y hacer justicia
 

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