Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El papel de las mujeres en el liderazgo organizativo se ha transformado en los últimos años de manera positiva, pero lamentablemente aún falta mucho. Aún considerando que los escenarios se abren a sus aportes y participación activa, realmente las condiciones objetivas impiden que estos liderazgos surjan en los escenarios de transformación social. Los espacios que las mujeres han logrado abrir han sido producto de constantes luchas por la reivindicación de derechos desde la equidad e igualdad de género en una sociedad donde la doble opresión del modelo Capitalista y Patriarcal les cierra el camino.

El debate en torno a las formas de liderazgo de las mujeres  desde nuestra concepción ideológica, Ha sido deficiente, en la explicación, contextualización y aplicación de la teoría marxista en cuanto a la igualdad de género, debatiendo incluso en algunos círculos si está bien o no, usar el término feminismo, quitándole prioridad a la reflexión de las causas de la desigualdad y la discriminación histórica de las mujeres.

Es preciso en este mundo de discusión de ideas profundizar en el análisis de los obstáculos que se les imponen a la mujeres a la hora de ejercer el liderazgo. Este, considero es un tema que para nosotros y nosotras es vital para allanar el camino que abrirá las puertas a la verdadera igualdad e inclusión de la mujer en la construcción social, según nuestra visión ideológica y organizativa.

Debemos partir entonces de un ejercicio crítico de hombres y mujeres a través del cual nos empoderemos de las visiones, sentires y percepciones de las mujeres lideresas, con la determinación de romper con la realidad impuesta por el esquema de sociedad opresora que subvalora la participación en instancias de decisión política. La idea no es llevar el debate a una lucha sin sentido y absurda entre hombres y mujeres como lo han intentado hacer algunos de manera errónea y dañina.

En toda esta dinámica de manejo del poder se han venido imponiendo formas de liderazgo masculinas que vienen arraigadas en esquemas sociales que se reflejan en prácticas que tanto hombres como mujeres manejan en su cotidianidad organizativa y política. A pesar de los avances en la perspectiva de género,  los procesos de dominación y subordinación hacen que se naturalice en algunos hombres un falso estatus de exclusividad de poder y en muchas mujeres se considera la subordinación a la figura masculina como “lo normal” replicando el modelo opresor.

Cuando una mujer asume la conducción de una tarea nos encontramos con formas y dinámicas diferentes de ejercicio del liderazgo. Estas diferencias de métodos varían según el contexto organizativo, presentándose casos en que se desconoce la autoridad de la mujer a la hora de impartir orientaciones o en la misma forma del relacionamiento con el colectivo subordinado, en ocasiones llegamos al punto de lanzar expresiones que descalifican su capacidad aduciendo que son mandonas o que sencillamente se dejan llevar por sentimientos a la hora de tomar decisiones. No tenemos en cuenta que hay diversas formas de ejercer el liderazgo, y cada quien lo maneja de una forma diferente.

Las formas de liderazgo de las mujeres tienen que ver con otros aspectos, como por ejemplo las diferentes formas de socialización que se tienen así como de construcción de subjetividades. Por ejemplo, las mujeres suelen construir más desde lo colectivo y por tanto desde el anonimato.  Otro elemento para debatir es cómo en nuestro concepto se ha venido planteando la apertura de espacios donde ocupen puestos de liderazgo, mas sin embargo todavía vemos que son reducidos. Por lo general son encargadas de tareas organizativas o concretas como logística y cuando se tienen en cuenta para la conducción, por lo general es en tareas que “asumimos” e que mejor se desempeñan ellas, tomando como elemento principal que lo harán bien por ser mujeres.

El debate es amplio; hay muchos elementos que se pueden plantear en el día a día. Podremos recogerlos, analizarlos y preguntarnos de manera autocrítica qué hemos aportado para abrir las talanqueras que se cruzan en el camino, o si por el contrario lo que hacemos es ponerlas.

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