Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

 
Lucha por el cambio
 
 
Como en otras latitudes, las mujeres haitianas han participado en la lucha por la soberanía y contra el yugo extranjero. Haití, con sus particularidades culturales y religiosas muestra una situación muy sui generis de la confrontación a la realidad que ha sumido al país en la miseria, la corrupción, la violación de los derechos humanos de gran parte de su población, empezando por las féminas.
 
Este país de las Antillas está densamente poblado; 10,32 millones de habitantes en una superficie de  apenas 27.750 km². Del total de población el 52% son mujeres, de las cuales el 42 % son menores de 15 años. Alrededor del 60% son analfabetas. El 43% son jefas de hogar (ONU). La esperanza de vida actual de la mujer haitiana es de 54 años. 
 
El índice de pobreza según el mismo Banco Mundial es de 58,5 %, cifra abundantemente inferior a la real. Por su parte, las autoridades locales señalan que el 54% de la población vive con menos de US$1,25 al día. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la tasa de pobreza en Haití afecta actualmente al 77% de sus habitantes, mientras que la de desempleo alcanza el 70%. 
 
Por ende, las condiciones de vida y salud se encuentran entre las más precarias del mundo: es común ver a la gente bañarse en la calle en aguas nauseabundas, y dormir en casas rudimentarias entre escombros y basura. Estos indicadores reflejan una dura realidad, es decir que Haití es el país más pobre de América, más densamente poblado y con cifras alarmantes de deforestación (solo un 1,4% de su superficie total es de bosques), lo que lo hace terriblemente vulnerable incluso frente a catástrofes naturales como huracanes y terremotos. Parecería ser un fragmento de África subsahariana  incrustado en el Caribe.
 
En el periodo post revolucionario, la mujer haitiana asumió el rol de garantizar la economía familiar, de comercializar la producción de las fincas de sus maridos debido a la restricción por ley que impedía, a los hombres campesinos-propietarios, circular libremente para la venta de sus mercancías sin la autorización previa del jefe de la plantación. Este papel lo sigue asumiendo hasta nuestros días.
 
La Canadian Hunger Foundation, según un informe en el 2007 llamado “Análisis de las Diferencias en la Fuerza Laboral de Haití”, le reconoce su papel en la economía informal donde se destaca su habilidad para los negocios y su perseverancia para el logro de los medios básicos de subsistencia.
 
A pesar de lo señalado, en Haití, la mujer se ve confrontada a la desigualdad en el acceso a educación, a cargos públicos, a salarios dignos y en el acceso a tenencia de alguna propiedad.
 
La mujer haitiana ha sido víctima de discriminación y abuso, incluso más allá de sus fronteras, como lo evidencia la situación generada contra ella en República Dominicana donde no se le reconoce como inmigrante y se le niega la posibilidad de trabajar legalmente, obligándola a hacerlo en el sector informal,  sin seguro de salud ni menos contrato laboral para la defensa de sus derechos como trabajadora asalariada; y, claro está, con el riesgo de ser deportada a su país en caso de sufrir un control policiaco por el hecho de no contar con documentación vigente, pasando por alto los derechos reconocidos por las convenciones internacionales al respecto.
 
Un informe del año  2013 señala que 3 de cada 10 mujeres en Haití han sufrido violencia física en algún momento de su vida, así como el 13% ha sido víctima de abuso sexual. La Encuesta de Mortalidad, Morbilidad y Utilización de Servicios (EMMUS-5), patrocinada por el Ministerio de Salud y realizada por el Instituto Haitiano de la Infancia, informa que 1 de cada 10 sufrió violencia en el último año, siendo la población femenina más afectada la menor de 25 años. 
 
La violencia doméstica ocupa índices alarmantes frente al los cuales las mujeres se encuentran desamparadas, debido a su dependencia económica de las parejas e igualmente como consecuencia del injusto funcionamiento de los tribunales de justicia que dificulta la lucha contra todas las formas de violencia que se ejercen en detrimento de las haitianas, al favorecer la impunidad y el desamparo legal de las víctimas de este flagelo.
 
A ello se suman los atropellos de las fuerzas de ocupación de la Minustah (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), responsables de al menos 225 casos de abuso y explotación sexual, cuyas victimas son en un 33% menores de 18 años de edad, a las que los cascos azules “compensaron” con comida y fármacos. Recordemos que hasta finales de marzo de 2015 el número de estas fuerzas en el país antillano superaba los 7.000 efectivos.
 
En medio de este complejo panorama, las organizaciones feministas que denuncian al mundo esta realidad  trabajan con tenacidad para instar a las mujeres a organizarse y luchar por sus derechos pisoteados.  
 
Por ejemplo, de manera creativa organizaciones de mujeres victimas combinaron la entrega de medicinas con charlas por la lucha de los derechos de las mujeres y contra la violencia, aprovechando diferentes espacios para sensibilizar a las mujeres sobre sus derechos y alternativas a la discriminación.
 
Las haitianas no cesan en buscar espacios de avance, que les permitan superar su dramático contexto de subdesarrollo, de explotación y abuso, y reemplazarlo por la participación y crecimiento, para llegar en el futuro a la construcción de un país en paz, soberano, libre de la injerencia extranjera, sin miseria, sin abuso de ningún tipo y sin discriminación sexual. La esperanza inspira.
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