Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

En los años 70 del siglo pasado, Chile sufrió una de las dictaduras más terribles de América Latina. Es incalculable el número de víctimas producto de 17 años de torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, puesto que ninguno de los gobiernos de la llamada “democracia” ha tenido una verdadera disposición de esclarecer tales atrocidades y judicializar seriamente a los responsables. Lo que se ha utilizado más bien han sido medidas de parche para acallar a los ciudadanos que siguen bregando  por encontrar la verdad.

Entre quienes se rebelaron en contra de todas las atrocidades y del terrorismo de Estado que aquel siniestro periodo que afectó al pueblo chileno, hubo voces de resistencia, inclusive armada, que se alzaron desafiantes para derrocarla, confrontándose a un ejército y a cuerpos de seguridad altamente entrenados y regidos por una fuerte doctrina reaccionaria, con una formación al estilo prusiano.

Muchas, combatientes y militantes, se incorporaron a la lucha clandestina y desde ahí lucharon anónimas por el restablecimiento de la democracia y participaron codo a codo con los demás compañeros. Se destacaron por su tenacidad, entrega, valor y perseverancia.

Se movilizaron durante largas noches con toque de queda para ayudar a sus compatriotas a alcanzar algunas embajadas que daban asilo a perseguidos, así como albergaron en sus casas a heridos, algunos de ellos dirigentes de movimientos revolucionarios, para que después, ya recuperados, siguieran con sus tareas clandestinas. Otras sirvieron de correos, de pantallas, de transportadoras de armas, de recolectoras de inteligencia. Algunas acompañaron abnegadamente a sus parejas asumiendo las cargas familiares para que estos siguieran aportando, o se incorporaron a actividades laborales, sin dejar de lado su militancia política, para palear la arremetida de despidos masivos que golpeó a buena parte de la población masculina; en efecto, muchos hombres, acusados de ser comunistas, los cuales debían ser eliminados o marginados de la sociedad.

Muchas de ellas son anónimas, muchas lamentablemente ya no pueden entregarnos sus historias para impedir el velo de olvido que quieren imponer y detrás del cual se esconde la verdad de lo ocurrido, ya que ninguno de los gobiernos post-dictadura ha tenido verdaderamente la voluntad de develar en toda su magnitud. Gobiernos que, lejos de trabajar de manera seria para localizar las miles de fosas comunes que aguardan a ser encontradas, han comprado el silencio y el olvido en cómodas cuotas de perdida de dignidad, que las familias de las víctimas a menudo aceptan por encontrarse en precarias condiciones económicas.

Los susodichos malgobiernos utilizan en sus discursos lenguajes demagógicos, cuando las coyunturas políticas son propicias para sacar partido y distraer la atención de los verdaderos problemas que afectan a las mayorías hoy por hoy y que siguen generando en éstas reacciones de rebeldía contra el modelo imperante; o, para ser más exactos, contra el capitalismo neoliberal, de cuya imposición a sangre y fuego Chile fue piloto y laboratorio en América Latina.  

Esta situación no es prerrogativa exclusiva de este país austral, puesto que también caracteriza a otros países de la región; un ejemplo diáfano es Colombia, en donde muchas mujeres se incorporan a las luchas de resistencia, incluyendo la lucha armada, poniendo al servicio de la causa revolucionaria su vida para construir una patria realmente soberana y justa en la cual la mujer pueda ejercer verdaderamente y sin limitaciones sus derechos y al unísono asumir deberes, para así aportar junto a los hombres al anhelado derecho a vivir en paz en un país libre de discriminaciones raciales, clasistas y de género.

Saludamos a las mujeres caídas, así como a aquellas que continúan en la batalla desde diferentes frentes de combate, utilizando todas las formas de lucha necesarias para enfrentar al feroz enemigo. Su sacrificio  hará, más temprano que tarde, que los pueblos puedan caminar por las anchas alamedas, como lo soñara Salvador Allende.

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