Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El 7 de septiembre se cumplieron 12 años de la partida física por causa natural, del camarada Efraín Guzmán, integrante del Secretariado Nacional de las FARC-EP

Efraín Guzmán toda una vida de lucha revolucionaria construyendo la Nueva Colombia en Paz con Justicia Social, hacia el Socialismo.

Desde Villa Rica, (Tolima), donde se encuentra por primera vez con Richard Castañeda quien le diera ingreso a las guerrillas comunistas a inicios de la década del 50, cuando era apenas un niño e inicia su recorrido histórico por todo el territorio de la patria, hasta el Caribe, pasando por la Cordillera central en plena Operación Sonora, acompañando a su maestro Manuel Marulanda Vélez; luego por las serranías de Ayapel, San Jerónimo y Abibe, por todo el Urabá antioqueño, cordobés y chocoano. Y por ultimo por los departamentos del Cesar, la Guajira, y su majestuosa serranía del Perijá.

Guerrero invencible, siempre “mantiando” innumerables operaciones de exterminio, golpeando sin ser golpeado, saliendo siempre victorioso en la que vale resaltar también la “operación tenaza” con la que el enemigo se proponía aniquilar al quinto frente, el resultado fue todo lo contrario, bajo su conducción, se fortalecieron y crecieron las FARC en Urabá.

Hablar del Camarada Efraín Guzmán no es asunto fácil. La primera vez que tuve la oportunidad de verlo fue a mediados de la década del 80, en el cañón del Río Mulatos, en Urabá, siendo comandante del V Frente, en momentos muy difíciles y contradictorios, por un lado, de gran auge de las mayorías nacionales por la paz con justicia social; de fortalecimiento, desarrollo y crecimiento de la UP y el PC, y por el otro lado, la respuesta brutal del Terrorismo de Estado con su nefasto Baile Rojo; la perestroika y el conflicto con el EPL, etapa en la que autocríticamente debo  reconocer que no logre captar lo mejor de sus enseñanzas como conductor y aportar de mi parte como debía ser por falta de experiencia y conocimiento de la realidad interna y externa que se vivía en Urabá, en aquella época.

Pudiera hablar de muchas cosas, de tantas, resaltar algunas de sus enseñanzas como Jefe que más me marcaron por su vigencia: el Camarada Efraín decía y enseñaba haciendo, no se guiaba por lo que uno decía, sino por lo que uno hacia. Por los hechos, por los resultados. Con el tiempo, más tarde comprendí que el Camarada tenia bien clara una de las máximas de Federico Engles: “un kilo de práctica equivale a una tonelada de teoría”. Extraordinario organizador de masas y constructor de partido, para él, en todos sus planes, primero el partido interna y externamente. Por donde pasaba el camarada Efraín, se organizaban las masas en JAC, cooperativas y sindicatos y en cada frente de masas la célula de partido a las que siempre se le sumaban, nuevos ingresos de hombres y mujeres a filas, que más tarde iba distribuyendo como cuadros en los distintos frentes y bloques; nunca olvidaba a sus compañeros caídos en combate, pero tampoco perdonaba a los traidores. Frecuentemente lo podía uno ver sentado en la caleta al lado de su compañera la Negra Nurí, con mucho cariño y respeto recordando las fechas y las acciones en las que habían caído destacados guerrilleros en combate; y a la vez, revisando la lista de desertores y traidores.

Fiel y firme a sus convicciones, leal hasta en los últimos instantes de su vida. La última vez que nos vimos, no recuerdo bien, si fue la mañana del 5 o el 6 de septiembre del 2003 en algún lugar de la serranía del Perijá. Esa mañana me mando a llamar, fui rápidamente a atender su llamado, lo encontré encorvado en su cama y me dijo: “siéntese y me carga un poquito” me senté y se recostó contra mí y exclamo: “siento un dolor muy intenso en el pecho”, “dígale a Iván que me saque que me siento muy mal”, “vaya usted mismo y busque una buena vara para la hamaca no me siento en condiciones de caminar”. Delante de su compañera me dijo: “lo que más me preocupa es que esta enfermedad no me permita volver a verme con el Camarada Manuel”, y continuo diciendo: “mi deseo más grande, y es lo que le pido a la vida, es que me dé la oportunidad de ir hasta donde el Camarada Manuel para hablar con él y decirle lo que pienso”. Se podía percibir que estaba sintiendo un desgarrador dolor en lo más profundo de su ser, al sentirse como estaba lejos de su Comandante, Camarada y amigo de toda la vida. Esa fue la última vez que lo vi con vida. Y este, el último episodio y palabras que jamás se borran de mi mente.
 

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