Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Caminando por Roncesvalles en el 2013 encontré las huellas de Joaquín, un camarada urbano que había ingresado en el 2007 y que nos dejó imborrables recuerdos. Llegó al campamento con su mochila repleta de libros, su cabeza llena de sueños y su corazón inflado de amor por sus semejantes. La represión lo había obligado a dar el paso a la vida guerrillera.

Joaco, dirigente estudiantil y destacado cuadro político tomó la decisión de ingresar a la comisión de organización del Comando Conjunto Central Adán Izquierdo, recién egresado de economista de la Universidad Nacional. En muy poco tiempo, sus cualidades humanas, su formación y alta moral revolucionaria, interesaron a los comandantes de los distintos frentes. Ante tanta insistencia de Enrique, comandante del Frente 50, el camarada Alfonso Cano autorizó su traslado para que ayudara a esa unidad guerrillera. Solo permaneció 4 meses en nuestra unidad pero toda la guerrillerada lo había adoptado como el mejor de los compañeros y no paraban de hacerme reproches por dejarlo ir.

La noticia de su muerte dos años después de su traslado fue una de los más duros golpes para todos nosotros y nosotras. Cuando nos encontramos con unas unidades del Frente 50, contaron los mismos guerrilleros y guerrilleras que desarrollaba tareas de orden público, educación y alfabetización con todo el personal, que se desvelaba con tal de lograr la superación de la guerrillerada.

Se encontraba cumpliendo tareas de organización de masas cuando halló la muerte, el 9 de septiembre de 2009. Estaba realizando una llamada por celular cuando pisó una mina dejada por una patrulla del ejército, la cual le voló las dos piernas, le reventó el abdomen y aún así, sobrevivió consciente y lúcido durante dos horas, mientras sus compañeros trataban de sacarlo a un lugar donde pudiera ser atendido.

En medio del dolor no dejó de hablar y dar consejos a la guerrillerada, de transmitirle sus pensamientos: que no se preocuparan por él, había que seguir adelante, tenía la firme convicción de que alcanzaríamos la paz con justicia social, de eso cada combatiente debía garantizar alcanzarla, con trabajo y buen comportamiento. Así se despidió de todos y todas. La única petición que hizo fue “por favor, no me dejen en el monte. Cuando puedan, entréguenme a mi familia para que mis compañeros de la ciudad me den una digna sepultura”. También pidió que no olvidáramos a su hijito Daniel, de dos años en ese momento.

Al pasar por esas trochas y caminos de Ronces, varios años después de su muerte, me encontré con personas que le conocieron y compartieron sus enseñanzas. Me emocioné al constatar cuanto lo recordaba la gente; lo extrañaban por su amabilidad y su atención a las comunidades. Él visitaba a todas las familias, de casa en casa. Intercambiaba con las y los profesores de la zona sobre el pensum de enseñanza, en historia, geografía social, sobre Bolívar; tenia ideas muy claras sobre la nueva educación. Varios me contaron cómo, con su ayuda, a final de año hacían actividades lúdicas y conseguían recursos para dar regalos a los niños y niñas. Admiraban su método para enseñar y compartir sus saberes.

Al recordar y contarme la historia de valor y heroísmo de Joaquín González, a las guerrilleras y guerrilleros, siempre les temblaba la voz. Con sus relatos, volví a verlo con toda su sencillez, modestia y simpatía, con su alegría permanente y su eterna disposición a trabajar, enseñar y aprender, con un respeto absoluto por todos sus semejantes. Un guerrillero ejemplar, ese era Joaquín, al que tendremos que rendir honores junto al resto de combatientes destacados y destacadas que han dejado sus huellas.

Tengo la esperanza infinita de que, al lograrse un Acuerdo Final, se materialice la recuperación de los cuerpos de nuestros muertos, como los de la contraparte y de todas las personas que han perecido en esta guerra. Siento que es necesario que todos los colombianos y colombianas podamos hacer un duelo colectivo. Deseo con todo mi corazón que Danielito –y todos los hijos e hijas de combatientes insurgentes que hoy ya no están– pueda saber quien fue su padre y contar a sus amiguitos y amiguitas que ¡Él fue un héroe!
 

Share

A propósito de la Columnista

Victoria Sandino Palmera

Victoria Sandino Palmera

guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde mayo 2013.

@SandinoVictoria