Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Cuando el camarada Jacobo veía a un combatiente realizando una tarea decía: -¡Ala! muchacho, cada vez que hagamos cualquier cosa por insignificante que esta parezca, hay que hacerla bien hechecita, hay que ponerle mucho amor, porque eso refleja nuestra moral revolucionaria-.

En una ocasión me enviaron con un jovencito a traer el caballo del camarada Alfonso, cuando veníamos de regreso me dijo: -¿A que no es capaz de montar a pelo, para llegar más rápido? Y soltó la risa. Sin más ni menos lo hice, era la primera vez que hacía semejante aventura. Al otro día me dirigí hacia donde el camarada Jacobo, andando como pisando huevos del maltrato tan verriondo que tenía, con las manos sudorosas y avergonzada le conté lo sucedido, pero contrario a la reacción que me imaginaba me sorprendió, que luego de un profundo silencio soltó una carcajada y apretándome con sus manos me dijo: -¡Ala! Amparo, así es que tienen que ser las mujeres, verracas, echadas palante; voy a poner a todas las mujeres a que hagan el curso de montar caballo a pelo, porque uno no sabe cuándo toque enviar a alguien de urgencia con alguna razón a otro lado-.

El camarada Jacobo era un hombre totalmente entregado a la lucha revolucionaria, dormía muy poco, se acostaba a eso de las 11 y 12 de la noche, y se levantada a las 2 o 3 de la madrugada, allí en su rancho de madera, bajo la luz de su lámpara Coleman y en medio de esa modesta oficina no le daba descanso a la máquina de escribir, a esa ametralladora tipo Brother, la cual le permitió dejar plasmadas toda una cantidad de ráfagas de ideas, dejando así su gran aporte en nuestra línea político militar.

El camarada Jacobo era muy bueno y tierno con todos, recuerdo que por esos días que daban los diálogos con Betancur, yo tenía 7 meses de embarazo, el camarada ordenó que me trasladaran de un sitio llamado Hueco Frio a Casa Verde precisamente porque en ese lugar hacia mucho frio y me podía hacer daño, en ese momento era la única mujer en esas condiciones. Yo estaba en mi turno de enfermería cuando él llego y me pidió que me sentara junto a su lado para que lo escuchara recitar “Los sueños de la Escalinata”, al terminar me dijo: -también lo traigo grabado con mi voz en este casete para que lo escuche cuando quiera; me lo dejó y se fue.

Cuando el niño nació todas las madrugadas me despertaba unos fuertes gritos, era el camarada llamándome para que le llevara al bebé, eso sí, se ponía a jugar con él, le cantaba le hablaba, lo cuchicheaba lo trataba como si fuera su hijo.

Pasado un tiempo, me correspondió hacer parte de la comisión de recepción durante los diálogos en Casa Verde, en una de las visitas de la Comisión de Paz, fui a atenderlos en ese momento el camarada Jacobo me preguntó por el bebé, despertando curiosidad entre los visitantes. Él muy orgulloso me dijo que lo trajera para que lo conocieran y vieran lo encantador que era.

Cuando Monseñor Serna lo vio exclamó; ¡porque no me lo regalan! ¡Yo lo educo y le doy todo lo necesario!

El camarada muy ofuscado le contesto; ¡Ala! hijueputa; nosotros también estamos en condiciones de educarlo en la universidad de la vida, en la universidad de las FARC, ¿No ve acaso, que somos una gran familia?
 

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