Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Un camarada muy querido para mí, con quien compartí varios años de vida guerrillera, cada vez que la conversación tocaba el tema de las mujeres, el poder y la equidad de género me decía: “¡Siempre se habla de las mujeres en positivo, dizque son más sensibles.... Pero es mentira. Mire a Condoleezza Rice, Angela Merkel, Hillary Clinton, Gina Parody o Marta Lucía Ramírez... Son hasta peores que los hombres de su clase.”

Y tiene razón el compañero. Estas damas mostradas como el arquetipo de las mujeres de poder, las que lograron trascender y presentadas como prueba de la desaparición del machismo y de pluralidad del capitalismo, son particularmente feroces y totalmente dedicadas a la defensa de su clase.

No podemos equivocarnos, el ser mujer no nos hace más sensibles, cuidadoras, dulces o pacíficas; ¡No! Esto lo hace la educación y el entorno, el rol que estamos llamadas a ocupar y las convenciones sociales. Y estas mujeres que han llegado a puestos de poder, están allí porque supieron demostrar que podían hacerlo mejor que los hombres, dentro de los mismos parámetros patriarcales. Seguramente son todas mujeres admirables en su fuerza de voluntad y capacidad de trabajo. Pero la vía que eligieron, fue la de someterse y defender la hegemonía del capitalismo que, no por incorporar mujeres en sus puestos de control, es menos discriminatorio. Ellas representan a la clase dominante, no a las mujeres, y menos a las mujeres de las clases oprimidas.

Se suele escuchar mucho que las mujeres al mando son casi siempre más duras e intransigentes. Y es apenas natural, pues a las mujeres se les exige mucho más cuando se salen de su rol tradicional. De alguna forma tienen que demostrar su “hombría” para ser respetadas y ¿Cómo demostrar hombría sin ser hombre? pues interpretando una caricatura de macho dominante: Autoridad impositiva, falta de sentimientos y sensibilidad, egos desproporcionados, arribismos, sin demostración de vulnerabilidad.

Claro está, no es el modelo que nosotras, las feministas, las farianas, las lideresas populares, preconizamos cuando reclamamos participación política paritaria. No se trata de poner en el poder un 50% de mercenarias del estatus quo que nada entienden y no se interesan por la democracia.

Necesitamos mujeres conscientes de su opresión, mujeres formadas y capaces, como existen muchísimas; mujeres con valores positivos identificadas con los sectores populares, mujeres que desde su sensibilidad humana (que no le pertenece solo a las mujeres), desde su visión propia de madres, desde la sororidad y la solidaridad, puedan equilibrar la carga y obrar por el bien de todos y todas.

Estas mujeres existen, no son excepcionales, no son más brillantes, ni más inteligentes, ni infalibles. Pero, para que reconozcamos su capacidad de liderazgo y aceptamos su conducción, es necesario, un cambio de mentalidad de toda la sociedad en su conjunto, de hombres y mujeres; en el movimiento popular, en la luchas sociales, pues a las mujeres se les tolera menos sus falencias, se les estigmatiza y discrimina más fácilmente.

Es en efecto común escuchar: “es un buen dirigente, lástima que tome demasiado”, y así... el ser mujeriego, jugador, o maltratar a su familia no es un impedimento para una carrera política. No se puede decir lo mismo de las mujeres.

Así, la nueva masculinidad va a la par con la nueva feminidad. Para equilibrar la balanza, todos y todas debemos asumirnos los unos a las otras como seres integrales, públicas y privados, cognitivas y sensitivos, buenos a veces, malas otras veces, en toda nuestra complejidad, pero con respeto mutuo. Esa es la meta del “feminismo fariano”, la de la verdadera igualdad. Este cambio de mentalidad, paralelo a la lucha por los cambios sociales que nos liberará de la opresión cultural, y económica, es la clave de la paz con justicia social.

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A propósito de la Columnista

Natalie Mistral

Natalie Mistral

Guerrillera internacionalista de las FARC-EP @SolidariTerre