Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Miguel Ángel y Danna han comentado uno de nuestro artículos, “Síndrome premenstrual, ¿un mito? doy respuesta por medio de algunas anécdotas sobre el tema.

Recuerdo cuando ingresé. Llegué de la ciudad, nunca había montado a caballo y quien me recibió en la carretera, con amabilidad, me invitó a subir a uno de sus queridos animales. Creí que era fácil. Y arrancamos por un camino lleno de huecos, barro y piedras grandes.

Durante el trayecto empecé a conversar con el animal pues me sentía cruel porque el pobre estaba flaco y se veía cansado. El compañero, que me escuchaba, se reía, aunque algo impaciente porque no me rendía.  

Al rato del viaje sentí que me llegaba la menstruación. Le pedí a mi acompañante que si podía ir al baño. Me bajé del animal e intenté entrar en la maraña pero se me enredó el pelo y la chaqueta. El amigo sacó el machete y abrió una entradita. Me sentía un poco incómoda, pensaba que él me miraría, pero vi de lejos que estaba arreglando algo en el caballo y al fin tranquila me puse la toalla que llevaba en mi mochila. Continuamos, pero luego de varias horas de viaje, empecé a sentirme incomoda en aquella silla porque la toalla me molestaba, me quemaba. Y pasó la desgracia, les cuento.

Me perdí…cogí por un trillito1 y más adelante el caballo paró en seco. Yo empecé a decirle: -¡caballo anda!, mira que vamos tarde, el compañero esta enojado por mi demora, así que anda- y empecé a darle golpecitos en la barriga con los talones como el compañero me enseñó al inicio. Pero el caballo nada que caminaba. Se me ocurrió bajarme y pensé que si lo halaba de la rienda hacia delante el caballo pasaría por el verde paisaje que yo veía. Intenté, pero nada, di un paso y ¡chupulum! caí en un hueco, me enterré hasta la cabeza.

¡Por eso el maldito caballo no caminaba!, él si sabía que por ahí no se podía. Embarrada hasta la cabeza entré en pánico, no por el barro en sí, sino por la menstruación. Pensé, me va a dar una infección, seguro la toalla está llena de barro, pues sentía todo mi cuerpo untado de ese fango espeso y frío.

El compañero muy enojado vino a mi rescate, me tendió su mano y me hizo sentar en una piedra y dijo señalándome…: -compañera, ¡esto es una rienda!; ¡esto es una silla de montar!; ¡estos son los estribos! y ¡esto se llama caballo!, un animal que no piensa, así que no le converse, solo mueva la rienda que él obedece, izquierda derecha y ya.

Yo lo miraba callada, con vergüenza y muy incómoda con todo el barro en mi cuerpo pero y ¿la toalla higiénica cómo estará? Le pregunté -¿cuánto falta para llegar? -cuatro horas- respondió.

¡Fueron las cuatro horas más largas de mi vida! Al llegar al campamentos solo quería bañarme. Después de los saludos que hice, cariacontecida, pues mi urgencia en ese momento era ir al baño y quitarme todo ese mugre, me indicaron donde quedaba. ¡No puede ser! Era un hermoso chorro de agua cristalina y abundante, pero en medio del patio, ¡no tenía paredes ni puerta!, ¡así!, ¡al aire libre! El campamento estaba lleno de gente, sobre todo de hombres, ¡unos 60 más o menos!

Asustada pregunté: -¿Ahí, en medio de todos?- ¡Claro! Una guerrillera me llevó y explicó como se hacía. Se deja una el sostén y los interiores. Antes, me indicó el lugar donde botar la toalla y después como cambiarme delante de todos sin que me vieran nada de mi intimidad. -¡Ay, Dios mío!, exclamé. Pero todo salió bien, los hombres tranquilos y la forma de enrollar la toalla de baño alrededor de mi cuerpo es muy práctica. Pasé la prueba.

En otra ocasión y en otro lugar, por los imponderables de la guerra, no había toallas higiénicas durante 8 meses. Eso fue terrible. Para resolvelo, las guerrilleras, cortábamos las toallas de baño en trapitos y las metíamos en unos plásticos. Tallaban y eran muy incomodas. Además, llovía con abundancia y era muy difícil secarlas. Luego comenzaron a traerlas, poco a poco, en las mulas que entraban a la región y a los campamentos con la comida. Los arrieros engargolaban las toallas entre los bultos de arroz, de azúcar. Nosotras nos reíamos en medio de todo, porque llegaban aquellos animales con paquetes por todos lados, se veían muy graciosas. Los muchachos, desde que empezaban a encontrar guerrilleras en el camino, en la guardia o las avanzadas, anunciaban la buena noticia. –¡Muchachas!, ya vienen sus toallas. ¡Que solidarios eran!

De paso les cuento, con el aumento de ingresos femeninos comenzó también la dotación de papel higiénico.

1 Sendero o camino pequeño

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP