Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

En medio de la crisis social del departamento del Cauca, uno de los más golpeado por la dureza de la maltrecha situación económica y política, unido a la intensificación del conflicto armado; les ha correspondido a las mujeres en particular, tomar la iniciativa de liderar procesos organizativos de las comunidades y la protesta social; así ocurrió cuando decidieron sacar el puesto de policía del corregimiento El Mango del municipio de Argelia.

En varios municipios del Cauca, la fuerza pública se tomó las calles, las cuadras y las esquinas de las casas para hacer trincheras en preparación de los combates; luego que se inician los mismos, los policías abandonan las trincheras y se esconden en las casas donde lógicamente terminan afectando a la población e involucrándola en el cruce de disparos. De esta manera mujeres, niños, niñas, ancianos y sus inmuebles resultan convertidos en parte de las trincheras de los policías. Es esta una circunstancia caótica y desesperante que complica el entorno político, social y económico, que destruye la vida normal de la comunidad.

En un acto de resistencia, las mujeres decidieron luchar para proteger a sus hijos y a toda su familia, no aguantaron más que sus casas fueran convertidas en trinchera de los policías, pues no podían dormir por el peligro inminente. De manera resuelta se propusieron sacar a la fuerza pública de su hogar, puesto que por más que hicieron solicitudes a la comandancia de la policía para que se retiraran del medio del caserío, que lanzaran voces de SOS para que atendieran sus solicitudes, no lograron ninguna respuesta positiva.

Había sido difícil entrar por el frente del puesto de policía porque estos los conminaban y los dispersaban con gases lacrimógenos, entonces por iniciativa de las mujeres decidieron que era mejor sorprenderlos por detrás, pero no agredirlos, pues la consigna es que nadie saliera lesionado; hombres y mujeres salieron juntos a esta labor y así lograron el objetivo, que los policías aceptaran que era mejor retirarse sin enfrentamientos.

Por el contrario, el Estado se propuso fue la intensificación de la estrategia de la guerra, militarizar la región y generar terror en sus pobladores, con una absoluta negativa a cualquier propuesta de darle solución a la problemática social que plantea la comunidad.

Según el equipo Nizkor1 el desplazamiento de personas del campo a las ciudades aledañas como Popayán, Santander de Quilichao y Cali, está alcanzando cifras de 117.000 personas, quienes salen en busca de mejores alternativas de subsistencia. Es aquí donde resultan otras dificultades, ya que la situación en la gran ciudad para los desarraigados no es tan prometedora. Las altas tarifas de los arriendos, de los servicios públicos, los altos costos de la canasta familiar junto con el desempleo solo dejan para escoger entre el rebusque, la indigencia, el subempleo y la delincuencia.

Esta alarmante circunstancia ha sido puesta de presente por las distintas organizaciones sociales, de mujeres, de indígenas, de negritudes y organizaciones de derechos humanos tanto nacionales como regionales, denunciando el estado de victimización y violencia que viven los habitantes del Cauca.

Las denuncias no son nuevas, recogen datos que van desde el año de 2.009 y 2012 cuando se registraron 81 homicidios entre defensores y defensoras de derechos humanos y de líderes sociales, más de medio centenar de amenazas individuales, colectivas y detenciones arbitrarias2, técnicas utilizadas para posicionar la filosofía del miedo como practica sicológica de represión y doblegar la voluntad de la lucha popular.

Ese esfuerzo de la comunidad de Argelia por liberarse del puesto de policía, es la lucha contra la militarización de las formas de convivencia, contra la violación sistemática de los derechos humanos por parte de la fuerza pública, es la protesta contra el abandono del campo, es la manifestación de que el estado no representa los intereses de la comunidad y por lo tanto no es legítimo, así se quiera cubrir con la farsa de una legalidad que representa a solo unos pocos. El mensaje es claro, no a los puestos de policías, no a los militares acantonados en el centro de los caseríos. Respeto por la soberanía popular.

1. www.derechos.org/nizkor: El Equipo Nizkor está asociado con Derechos Human Rights, el Global Institute for the Prevention of Aggression, European Civil Liberties Network (ECLN) y la Campaña Global para la Libertad en la Internet (GILC).
2.  La RED Por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca: El observatorio DDHH y DIH refiere a que en un periodo de cuatro años, 2.009 -2012, el departamento del Cauca registró homicidios de 81 personas entre defensores, defensoras y líderes sociales

 

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