Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Estamos en el mes de las madres; ocasión perfecta para que el sistema capitalista refuerce su lógica mercantil y utilice los sentimientos y emociones en función del consumismo. Sin embargo, cuestionar la compra y venta de regalos es solo un elemento, pues más allá de eso,  es preciso dimensionar una de las facetas maternas.

A pesar de que para algunas personas el ser madre es visto como una imposición social, quiero hacer un homenaje a la maternidad, no dentro del juego oportunista de fechas y flores, sino como una forma de reivindicar a las madres. En particular, quiero resaltar a las que son un ejemplo de jefatura femenina, ya que asumen como verdaderas heroínas el sostenimiento de sus hogares, en un esfuerzo constante por proteger a sus familias.

El ser madre implica poner los intereses de los hijos e hijas por encima de lo individual; entraña sacrificio y abnegación en función de brindarles lo mejor a sus seres queridos. Esta es una característica de la maternidad, no sé si natural o impuesta por los roles socio-culturales, pero que está presente en la mayoría de las madres. Ese cuidado por los demás es aún mas notable en las madres cabeza de hogar, que hacen un sobre-esfuerzo para sacar a los hijos e hijas adelante.

Según la Consejería para la Equidad de la Mujer, Colombia tiene 2'169.000 hogares donde las mujeres son cabeza de familia. En este país, ser madre cabeza de familia significa enfrentarse a las dificultades económicas, desde el desempleo e informalidad laboral hasta la desigual remuneración del trabajo femenino con relación al masculino. Esto, sumado a que salud y educación son determinantes en la crianza de los hijos e hijas, sectores que han estado en crisis desde siempre en nuestro país.

En Colombia el 84% de los niños y niñas nacen de madres solteras, siendo éste el mayor índice en toda Suramérica, según un estudio del Mapa Mundial de la Familia 2014. Esta situación puede ser producto, entre otras, de una decisión personal y respetable de asumir sola la crianza del hijo o hija;  por un embarazo inesperado, quizás a temprana edad, ante el cual el padre no se responsabilizó, y que tiene como problemática de trasfondo una educación sexual deficiente. Otra circunstancia puede ser el embarazo producto de una violación donde la mujer optó por no abortar. Lógicamente no todas las madres solteras son cabezas de hogar, muchas son apoyadas económicamente por sus parientes.

A causa del conflicto colombiano, originado por la desigualdad social, la cantidad de madres solteras y de madres cabezas de familia ha aumentado: miles de padres perecieron y las viudas han tenido que empoderarse de sus hogares. La crisis socio-económica, el desplazamiento, el terrorismo de Estado son otros factores que han producido un aumento de este fenómeno.

Retomando el papel fundamental de las madres cabeza de hogar, es necesario destacar su fortaleza incalculable para encarar las adversidades y la falta de oportunidades, la sobrevivencia cotidiana, la rutina del “rebusque”; la decisión con que enfrentan los peligros de la sociedad, como las drogas o la delincuencia y los riesgos que implica vivir bajo un régimen que acude a los “falsos positivos” y a la brutalidad policial, allí están las mamitas entre la bondad y la esperanza ...

Entre comunas, barriadas y veredas caminan las mamitas trabajadoras que luego de una jornada laboral extenuante llegan a la casa a revisar las tareas de la escuela, a atender los oficios de la casa y quienes tienen la capacidad de organizar los pocos recursos para responder a todos los gastos que la casa demanda. Las mamitas que son empleadas domésticas de alguna pareja burguesa, enfrentando humillaciones e incluso acoso sexual, que soportan para garantizar su salario. Las mamitas, quienes con las manos llenas de callos y el rostro curtido, llevan las riendas de la finca, cuidan los animales, poseen la fuerza física y mental suficientes para cultivar y recoger los productos que da la tierrita con total dedicación, como la que imprimen  a la crianza de los descendientes.

Pero también están las abuelas jefas de hogar, quienes con más años encima y mayor sabiduría son las cuidadoras de la familia, porque el modelo socio-económico de miseria, en vez de garantizarles bienestar en su vejez, las sume en la pobreza y el desamparo.

En la obra literaria “Los Miserables”, el autor Víctor Hugo de manera majestuosa crea a “Fantina”, la  mujer pobre que desengañada por un muchacho rico, se convierte joven en madre y para garantizar el bienestar de su hija en medio de la carencia de dinero, sacrifica su belleza, vendiendo sus dientes y su cabello. Al agudizarse su pobreza debe recurrir a la prostitución como única alternativa para subsistir. Termina sus días enferma de tuberculosis, pero hasta el final tiene en la cabeza a su hija Cosette, la persona a la que más amó y por quien dio todo lo que pudo. Este personaje es del siglo XIX en Francia, pero seguramente sus condiciones son muy parecidas a las de muchas mujeres de nuestro pueblo actualmente.

La Paz con Justicia Social con la que soñamos en Colombia debe tener un componente de apoyo y desarrollo para las madres jefas de hogar, que les ayude a impulsar sus potencialidades dentro de la sociedad, pero también que bajo la normatividad constitucional cobije sus propias vulnerabilidades y les permita mejorar a plenitud sus condiciones de vida, brindando desarrollo para ellas, para sus hijos e hijas y por consiguiente para la familia colombiana.

Termino saludando a las madres guerrilleras, quienes por cuenta de sus ideales de justicia y libertad tuvieron que dejar a sus hijos e hijas al cuidado de otras personas; no abandonados, como quiere hacerlo parecer el régimen, sino protegidos contra las manos enemigas, que persiguen tanto a las subversivas como a sus familias. No puede faltar el saludo a las mamás de la guerrillerada que en la distancia sufren la ausencia de sus hijos e hijas, y que seguramente cada día oran y claman porque la Paz con Justicia Social se consiga en Colombia. Y por supuesto saludar a la mía...

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A propósito de la Columnista

Isabela Sanroque

Isabela Sanroque

Guerrillera del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP.