Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

La Delegación de Paz de las FARC-EP ha producido ya una multitud de propuestas para dar solución a los problemas más urgentes del país en la perspectiva de lograr una estabilidad social y política que permita la verdadera paz con justicia social. Se trata de reformas mínimas que posibilitarían desarmar el clima de violencia que envuelve la política colombiana. No pretendemos que sean un programa revolucionario, las concebimos como una primera etapa en la construcción de la Nueva Colombia.

La naturaleza jurídica y administrativa de las propuestas, así como su gran número, hace difícil su comprensión, puesto que son usadas en la negociación con representantes del Estado y deben ser precisas. Sin embargo, tras el condensado lenguaje técnico y político se revela una concepción humanista, siempre inspirada en el pensamiento de Simón Bolívar, donde el centro del Estado – el verdadero beneficiado – es el pueblo.

Y cuando digo pueblo, estoy hablando de los hombre y mujeres, niños, niñas, adolescentes, personas adultas, de todas la etnias, culturas y religiones, de todas las regiones. Estoy hablando de la gente honesta que por su trabajo diario contribuye a la riqueza de la nación; más no de la clase parásita que se cree la dueña del país y vive demasiado bien, atropellando los mínimos derechos de este pueblo del cual siempre hemos hecho parte.

Para elaborar estas propuestas mínimas, hemos ido comparando experiencias vividas en otras latitudes, hemos analizado la situación particular de Colombia, nos hemos apoyado muchísimo en las producciones y propuestas de intelectuales y organizaciones sociales; hemos escuchado, dentro de las posibilidades del proceso, a quienes han querido aportar. Y nuestra propuesta sigue teniendo el mismo apellido: Justicia Social.

Nuestro proyecto es cercano a muchos sectores democráticos, quiero decir verdaderamente democráticos:  un cambio que garantice la libre expresión y participación política. para esto es necesario desarmar, no a las insurgencias, sino a la institucionalidad a las mentalidades. Hay que revertir la violencia que producen las instituciones. El sistema educativo por ejemplo, está pensada para fomentar el individualismo y la competencia, es decir el sálvese quien pueda; la burocracia aplastante y la corrupción generalizada son la fuente de la economía mafiosa; el poder le sirve solo a unos pocos.

Las transformaciones mínimas que nos cuesta tanto pactar en la Mesa de Conversaciones, solo apuntan a salir del atraso tremendo disfrazado de modernidad que recuerda extrañamente el medioevo. ¿A parte de la derecha urubista, cegada por el odio y las ganancias fáciles, ¿Quién puede oponerse sin sonrojar de vergüenza a la eliminación del latifundismo? ¿Quién no reconoce la necesidad de proteger nuestra naturaleza, mejorar las condiciones de vida de los hombres y mujeres del campo? ¿ Quién no desearía un país donde nuestros hijos e hijas reciban una educación que les enseñe a pensar y no a sobrevivir y conformarse; donde la salud no dependa de las ganancias de empresarios poco escrupulosos; donde decidamos entre todos y todas de lo que es mejor para la comunidad; donde podamos elegir sin ser objeto de manipulación, presión o eliminación?

Por supuesto, la violencia que se instaló en todos los rincones del territorio se alimenta de la “filosofía” de la plata fácil y del “yo también quiero mi parte de la torta”que impuso el narcotráfico. Pero no olvidemos que este es el eslabón vergonzante del mercado capitalista global y que sin él, ese sistema neoliberal no hubiera prosperado. Por esta razón  hemos dedicado 50 propuestas a dar soluciones creativas y viable a este problema.

De la mano del narcotráfico va el paramilitarismo. Este ha sido siempre el arma secreta del Estado para permitir a las familias “respetables” que lo sostienen, apoderarse de las riquezas nacionales y aplacar la inevitable protesta social. Y esto es uno de los problemas más graves que exigirá de parte nuestra, de los y las colombianas, mucha decisión y creatividad... Este problema fundamental es el que encierra el verdadero fin de la guerra.

Hemos dicho que no se podrá acabar el paramilitarismo, si no hay una real voluntad desde el poder para hacerlo... o sea, la voluntad absoluta de dejar de eliminar a quienes se oponga a la depredación y someterse a la voluntad de las mayorías.

Si las fuerzas armadas, quienes obedecen al poder político, cambiaran la lucha contra el pueblo por la defensa de las frontera, como lo hacen los ejércitos civilizados, la violencia se desactivaría en gran medida. Si la policía se dedicara a perseguir los verdaderos narcos y los corruptos en lugar de llenar a las cárceles con raspachines, ladrones de poca monta y oponentes políticos y sociales, podríamos concentrarnos en construir este país entre todos y todas.

Por estas razones, nuestras propuestas están directamente ligadas al propósito complejo y hermoso de lograr una paz verdadera y durable. Firmar un simple desarme no cambiaría en nada la situación de violencia y abusos en contra de las y los colombianos; sería traición a nuestro pueblo.

Solo así podremos entrar en la fase de reconciliación nacional que marcará el comienzo de la verdadera paz. Y allí, en la Colombia democrática, podremos luchar con la fuerza de las idea para las transformaciones más profundas que permitirán la verdadera justicia social que llamamos socialismo.
 

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A propósito de la Columnista

Natalie Mistral

Natalie Mistral

Guerrillera internacionalista de las FARC-EP @SolidariTerre