Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El 10 de abril pasado se jugó en Bogotá el Partido por la Paz con la presencia de Diego Armando Maradona y numerosas estrellas del fútbol nacional como Freddy Rincón, Mauricio Serna y Adolfo Valencia. Se trata de una valiosa iniciativa, no solo porque rodea la Mesa de La Habana e insta a abrir conversaciones con el ELN, sino porque cierra la brecha abierta entre los mundos del fútbol y la paz.

Porque el fútbol, el deporte de masas por excelencia, ha caminado sendas de guerra en no pocas ocasiones. Basta recordar la odisea del FC Start, equipo de obreros ucranianos prisioneros de guerra, enfrentando al cuadro del ejército de ocupación nazi en Kiev en el verano de 1942. Sus jugadores debieron escoger entre la victoria y la vida, y eligieron lo primero.

Para 1969, la guerra entre El Salvador y Honduras coincidió con el repechaje de sus seleccionados en las eliminatorias para el Mundial de México 70. En el imaginario popular, el conflicto lo desataba el choque entre sus equipos nacionales. Los cronistas la llamaron, no sin sensacionalismo, la Guerra del Fútbol.

Recientemente el informativo suizo Le Temps publicó una selección de fotografías sobre guerras contemporáneas (Enlace: http://blogs.letemps.ch/oeilduviseur/2015/04/03/war-games/). Impacta una del periodista Khaled Al-Hariri, que retrata a soldados del Ejército Árabe Sirio jugando fútbol en un receso de los combates en Homs. Una composición irreal contrasta la alegría de los jóvenes combatientes driblando un balón multicolor con una ciudad en ruinas.

“¡Calcio!”, novela ya no tan reciente del payanés Juan Esteban Constaín, se basa precisamente en esta relación, la del fútbol y la guerra. El nudo central de la obra es la disertación del historiador Arnaldo Momigliano en torno a los orígenes del fútbol. El académico, judío italiano refugiado en la Universidad de Oxford, controvierte la versión inglesa que ubica la génesis del balompié en la Revolución Industrial, para ubicar el primer partido internacional en la Florencia asediada por las tropas imperiales de Carlos V.

Allí, en plena plaza de Santa Croce, el 20 de febrero de 1530 se disputaría un cotejo entre las partes en conflicto, que descansaban de intensos combates. El resultado final me lo reservo, el lector lo descubrirá disfrutando a Momigliano.

Pero la obra de Constaín, cuya lectura no se puede dejar de recomendar, nos lleva a la otra relación que quien que esto escribe pretende abordar: la de las mujeres y la paz. Cito extensamente (págs. 114-115):

(…) Había hecho (Carlos V) también la paz con su primo Francisco, pero esta vez sí se había cuidado de garantizar que todo lo pactado se cumpliera: por eso mandó a dos mujeres a firmar el acuerdo, que así la cosa ya iba en serio. Incluso la gente la llamaba de esa forma: “La paz de las damas”, en homenaje a la tía del emperador, Margarita de Austria, y a Luisa de Saboya, la madre del rey francés. Ambas se habían sentado, una botella de vino en la mano, y en tres minutos tendrían ya el texto del armisticio; el resto de los días los dedicaron a hablar de los importante, es decir, de los hijos y de la estupidez de los hombres. Es que la guerra era cosa de hombres, cosa estúpida, que sólo podían arreglar las mujeres. (…)”

Esa “Paz de las damas” o “Paz de Cambrai”, signada el 5 de agosto de 1529, contribuiría al fin de las hostilidades en una Europa fustigada por la peste y la guerra. Un cuadro de Francisco Jover inmortalizaría a las damas en cuestión firmando adustas el acuerdo final.

La relación de las mujeres con la solución de conflictos no es apenas anecdótica. Son ellas quienes han soportado los traumas más horrorosos de las guerras. En ellas recaen también las brutales consecuencias de la confrontación sobre la vida cotidiana. Pero son también resistentes invisibilizadas, combatientes y constructoras de paz.

Observo en ocasiones a Victoria Sandino de las FARC-EP y a María Riveros del gobierno colombiano logrando acuerdos en la subcomisión de género en la Mesa de La Habana, y se me ocurre que sí, que la nuestra también será una paz de mujeres. Que un Acuerdo Final tendrá la rúbrica de nuestras Margarita de Austria y Luisa de Saboya. Las colombianas lo tienen más que merecido.

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A propósito de la Columnista

Lucas Carvajal

Lucas Carvajal

guerrillero del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde Mayo 2013.