Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

La forma más común de renunciar al poder es pensando que no lo tenemos”. Alice Walker.

En los discursos de emancipación femenina es muy frecuente encontrar la palabra “empoderamiento”, que tiene que ver con la adquisición del poder, ya sea en el plano político económico, social, etc. Mujer y poder es una combinación que debe trascender en esta sociedad cargada de visos machistas y patriarcales.

Desde la visión revolucionaria se concibe el poder como un concepto que tiene que estar ligado al pueblo y a su servicio, donde el ideal del poder va más allá de los privilegios personales, lo que implica ejercer autoridad con miras al bien común. En ese orden de ideas nace el Nuevo Poder.

El poder estuvo por muchos siglos negado para las mujeres, o más bien relegado a la autoridad en el ámbito domestico; las mujeres eran las reinas de la cocina, determinaban el menú a preparar, todo lo correspondiente a la limpieza de la casa, mandaban sobre la gallinas del patio y si acaso podían determinar sobre la educación de los hijos.

Con las distintas luchas las mujeres han logrado conquistar muchos derechos y reivindicaciones, participando en múltiples escenarios, que en el marco de la democracia burguesa nos inscribe como iguales ante los hombres. La gran paradoja es que casi la totalidad de mujeres que ocupan cargos gubernamentales buscan el lucro personal y sus proyectos no benefician a los pobres, ni mucho menos a las pobres, como la senadora Paloma Valencia que es la imagen plena de la oligarca que avergüenza al género femenino...

Hay que reconocer que la realidad cotidiana de la mujer humilde está bastante limitada, como para acercarla al poder, por estar sumida en su propia supervivencia económica, por no tener posibilidades de estudiar y prepararse, por estar enajenadas entre novelas y realities, por centrarse en su rol materno, por llevar a cuestas un modelo de desigualdad social y de injusticia.

Ahora bien, tales condiciones no pueden conducirnos al fatalismo, ni a la creencia de que las mujeres no servimos para dirigir, porque poco a poco ese “empoderamiento” se está empezando a vislumbrar en los sectores populares, de una forma y otra.

En las áreas rurales, a pesar de estar sometidas a los esposos, son muchas las mujeres campesinas que hacen parte de las directivas de las Juntas de Acción Comunal; hace años ni siquiera estaban afiliadas, luego trabajaban como secretarias y ahora ejercen como presidentas. Igualmente en los barrios.

En los espacios de base, las lideresas cumplen papeles muy importantes, porque cuando las mujeres se apasionan por un trabajo, le imprimen fuerza, dedicación y organización. Considero que desarrollar cualquier tipo de trabajo ya sea político, social o comunitario por parte de las mujeres debe ser muy valorado, si se tiene en cuenta que en su mayoría se desempeñan a su vez como amas de casa. Esto hace parte de los elementos ciertos y concretos que rodean el poder femenino de los sectores oprimidos, cuestionable para muchas, pero que solo podrá modificarse con la vinculación cada vez más amplia a los distintos escenarios, que necesariamente conduzca a las mujeres a sentirse sujetos potenciales y activos.

En los encuentros con las mujeres de Colombia en el marco de la Sub-comisión de Género pudimos conocer a mujeres sumamente inteligentes, quienes en sus intervenciones representaban con la altura necesaria a sus organizaciones, transmitieron sus propuestas y opiniones con total convencimiento, conocimos así sus proyectos, sus anhelos de Paz, sus sueños de justicia. Confieso que estas mujeres me impresionaron, porque sentí que realmente estaba hablando el poder femenino, con todas los matices que allí puedan incluirse. Sería absurdo pretender que todas las mujeres pensáramos igual, teniendo en cuenta que la clase social define los intereses e ideales de cada persona; lo importante fue escuchar la voz de las mujeres como constructoras de paz.

El futuro de Colombia no puede ser la guerra, y el futuro de las mujeres colombianas no puede ser de desinterés con la sociedad que nos rodea, porque eso nos conducirá a la exclusión. Es preciso reflexionar sobre nuestros proyectos de vida y nuestras expectativas como mujeres, y tomar las riendas colectivas de nuestra bella Colombia. Debemos empezar por superarnos académicamente, romper con los esquemas de sumisión al matrimonio, interesarnos por las noticias, apoyar a las candidatas de los partidos políticos más consecuentes con los sectores populares, formarnos un criterio propio frente a los hechos. Debemos acabar con las inseguridades personales que nos han inculcado culturalmente, y que nos hacen creer que somos incapaces, porque sin lugar a dudas las mujeres somos un torrente de ideas, de propuestas, de producciones...

Las colectivas feministas, los comités de madres de familia, las Constituyentes de mujeres regionales y municipales, las asociaciones de mujeres, el activismo sindical, los equipos femeninos de deporte, arte y cultura, los gobiernos de cabildos y las distintas organizaciones sociales, son escenarios que deben formarnos a las mujeres para asumir los retos que depara el futuro, para aislarnos cada vez más de la esclavitud doméstica y materializar el Nuevo Poder.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La coyuntura del proceso de paz y el camino hacia reconstruir nuestro país ha puesto sobre la mesa la necesidad de trabajar en una Asamblea Nacional Constituyente, donde todos y todas podamos participar. Esta propuesta generaría la oportunidad verdadera para que las mujeres demócratas, avanzadas y progresistas decidamos sobre el futuro de nuestro país. Las aspiraciones deben ser de masiva vinculación femenina que nos permita decir a todo grito que Colombia no puede ser conducida mayoritariamente por los hombres o al margen de las mujeres.

Lo cierto es que las instituciones existentes tienen políticas de género obsoletas o superfluas, por eso las mujeres debemos apropiarnos de la Asamblea Nacional Constituyente, como una fuerza que recoge multiplicidad, diversidad y complejidad de las mujeres, y convertirla en una herramienta de inclusión y de equidad.

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A propósito de la Columnista

Isabela Sanroque

Isabela Sanroque

Guerrillera del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP.