Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

"Y viaja que en los viajes hay 5 beneficios,
alivio de penas, procura de sustento,
saber de cultura y dignas amistades."
Ali Ben Abi Taleb

La Historia es el reflejo que muestra el estado de todo aquello que conocemos. Aunque no conozcamos su historia real, la simpleza de nuestras relaciones concluyen, siempre, en nuestra raíces, aquellas que se entrelazan y se mantienen impulsadas por la esperanza de todos los pueblos luchadores. Todo lo que acabo de decir es probado, aunque lo intentemos esconder, por aquellas que nos dieron la posibilidad de nacer, de vivir, para entonces crear nuestros caminos.

A semejanza del conjunto de los Estados africanos, la República saharaui es un Estado pluritribal, caracterizado por cierta homogeneidad cultural conformada por la Historia. Las tribus que se reparten el territorio del Sahara comparten también una historia en gran parte común, hecha de alianzas y de conflictos. La sociedad saharaui es una sociedad arabófona. Las transformaciones del mundo rural fueron particularmente trágicas. El nomadismo que caracterizaba el modo de vida de una parte importante de la población ya no ocupa más que zonas marginales: la guerra ha cambiado del todo los modos de vida y de producción.

En treinta y nueve años, la República saharaui ya ha fijado las bases de las instituciones que regirán el Estado Saharaui, una vez restablecida su soberanía en la totalidad de su territorio.

Ya sea en educación o salud, sectores esenciales para la promoción de la sociedad, se pueden apreciar unos progresos significativos, a pesar de la coyuntura. Los Saharauis están muy orgullosos hoy de tener la tasa de escolarización más elevada en el Magreb, hasta en África, y de encontrarse a salvo de las epidemias que estragan otros países.

El objetivo es edificar una sociedad en la cual cada uno tenga un lugar, una sociedad en la cual no se olvide o excluya a nadie. Se despliega un esfuerzo particular para hacerse cargo de la juventud. La importancia dada a los jóvenes, a su formación, demuestra que los dirigentes son conscientes de que el valor del nuevo ciudadano ya no está vinculado a su estrato social o al color de su piel, sino a la eficacia demostrada «en un sistema técnico que requiere la competitividad de los individuos». En este contexto, los estudiantes se dirigen cada vez más hacia las ciencias, particularmente a la informática y las comunicaciones.

Muchos de estos jóvenes van a Cuba o Argelia, sea para estudiar (para formar los ejecutivos de mañana), sea para trabajar (y reforzar la diáspora saharaui); pero jamás cortan los lazos ni con la familia ni con la RASD (República Árabe Saharaui Democrática).

Los diplomados de las escuelas, de las universidades y otros institutos acá y allá (en varios países hermanos o amigos) vienen cada año a echar una mano en uno u otro sector.

La mujer no está marginada. Los Saharauis son conscientes de que el esfuerzo nacional de liberación y de edificación del país exige la participación de todos y todas. Hay sitio para todos, y sobre todo para la mujer, a quien los valores y las tradiciones de la sociedad bidhan en general y saharaui particularmente, otorgan un sitio privilegiado, claramente distinto de la posición de sus hermanas en el resto del mundo árabe y musulmán.

Al contrario de lo que se puede constatar en otras sociedades árabes y africanas, la mujer saharaui desempeña un papel importante, tanto en el sector económico como en las estructuras políticas y administrativas de la RASD.

Antes de la colonización, ya disfrutaba de una gran emancipación. La colonización ha provocado una regresión de la condición femenina (nueva repartición de las faenas que relegan a la mujer a un segundo puesto).

La RASD, la lucha de liberación que exigía la movilización general, ha reintegrado a la mujer en su estatuto inicial. Tras la independencia, la necesidad de la participación de la mujer en la lucha por la edificación de la sociedad se nota aún más, siendo además poco numerosa la población saharaui.

Estas son oportunidades que la mujer saharaui debe aprovechar ahora para imponer, de manera irreversible, su puesto en la sociedad: "al hierro candente batir de repente", dice el refrán.

El aspecto social ocupa un sitio primordial en la política general del gobierno, reforzada por claras disposiciones de la Constitución. Así, se les da una atención particular al hijo y a la madre.

Sociedad solidaria, la tercera edad tampoco está marginada ni abandonada, además las tradiciones no lo permiten: cuanto más viejo, más respetado y por lo tanto, objeto de tratos de benevolencia por parte de los demás: Los individuos antes que las autoridades.

En el ámbito cultural, se han desplegado esfuerzos loables .particularmente para la revalorización del patrimonio cultural, a fin de colmar el "vacío cultural" heredado de la época colonial; sin embargo queda mucho por hacer en este sector con vistas a favorecer la emergencia de una sociedad democrática, laboriosa y a la altura de su época.

Pero la sociedad saharaui no es una sociedad ejemplar aunque todavía no haya contraído graves enfermedades sociales. Tampoco está inmunizada contra el contagio, aunque haya resistido hasta ahora frente a los distintos virus que provienen de los diversos rincones de la región, como el integrismo, la droga, etc.

La organización de la sociedad saharaui no sólo toma en cuenta la finalidad de la instauración de la soberanía de la RASD en la totalidad de su territorio nacional y su reconocimiento internacional por medio de su afirmación en el seno de la comunidad internacional, sino que asume también la totalidad de su independencia y se proyecta hacia el futuro.

El esfuerzo de creación de una sociedad saharaui nueva, democrática e igualitaria, particularmente aboliendo la esclavitud, erradicando desigualdades o eliminando el tribalismo, todavía no ha demostrado, en efecto, su verdadera medida.

El Frente Polisario ha logrado trascender los particularismos y edificar la nación; sin embargo, aún tiene que acabar con el tribalismo y la influencia de los notables tradicionales. El recrudecimiento de este mal social se manifestó particularmente durante el proceso de identificación que llevó a la gente a enfrentarse directamente con los datos locales. Antes, esa plaga existía también, pero era invisible; hoy sale a la superficie y se impone progresivamente, hasta el punto de que en los distintos puestos públicos la dosificación tribal amenaza verdaderamente con llegar a ser una exigencia.

El hecho tribal es fomentado por una vida política creada por el debilitamiento de las instituciones en favor del egoísmo exagerado de algunos responsables. También es fomentado por la llegada al poder de personas (nombradas de improviso) que no tienen suficiente experiencia política. Esto tiene como consecuencia cierta reserva de algunas personas y la vuelta a las estructuras familiares, a las antiguas sociedades.

Sin poder vencer el tribalismo de momento, se intenta disminuirlo. Sin embargo, pese a los esfuerzos y los progresos realizados, la influencia de la tribu y de la familia siguen siendo aún (¿provisionalmente?) realidades sociales contra las que cabrá seguir luchando sin tregua.

La mujer saharaui es el pilar fundamental de nuestra sociedad, siendo más relevante en todos los cambios que ha tenido nuestro pueblo para sobrevivir entre los pueblos del mundo. Siendo ella la base o razón de todas las creaciones del hombre para encauzar los diferentes roles de cualquier sociedad es impulsada a crecer políticamente.

Ante la falsedad de una metrópoli: España, con su sangrante traición, una deshora que simplemente era el reflejo de la política imperial, se detecta un frente que resiste sin vacilar al enemigo (el Frente Polisario).

La situación para la sociedad saharaui era cada vez más insegura, con dos frentes de guerra abiertos en 1975, contra Marruecos al norte y Mauritania al sur.

La necesidad inminente de poner a salvo la población en los campamentos de Tinduf suponía la participación más activa de la mujer liderando y mostrando con meticulosa y elegante forma de crear sin recursos y sin el favor de un medio, la organización de los Mogaiam (campamentos) que fueron constituyéndose por diferentes asentamientos.

Comienzan así a surgir lideresas dispuestas a luchar en cualquier trinchera, para que, a lo largo de los años, ellas mismas dispusieran de voz y voto en los diferentes congresos del Frente.

En la actualidad después de más de 40 años en que nos encontramos esperando por vía pacífica y justa la realización de nuestro derecho a ser independientes, la mujer está más que nunca entrelazada con los procesos sociales. Ella es la que después del alto al fuego ha actuado en muchos de los casos como madre y padre, reorganizando y liderando la necesidad estratégica de reagruparnos y transmitir a las nuevas generaciones nuestra Historia.

La consolidación de la sociedad en los campamentos, la presencia de nuestros hijos e hijas educándose en diferentes países, trasportan a la mujer saharaui en el conocimiento y formación para un buen desempeño en la revolución, algo que ningún país árabe pudiera imaginar, serían ellas la que, mediante la cultura alzaría la bandera de la RASD y lideradas por JADIYA HAMADI, actual Ministra de Cultura, encontrarían las pautas y estrategias cumpliendo con la constitución de nuestra patria.

Las mujeres saharauis son los que transportan nuestras raíces, son las que mantienen la revolución en todo el mundo para que no se agote la esperanza, y no solo la nuestra, sino la que imponga la verdad en la Humanidad.

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