Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Elementos de la nueva masculinidad

“El hombre y la mujer no nacen”, se hacen; son el resultado del desarrollo político, social, económico y cultural de la sociedad”. “A partir del nacimiento, el bebé de sexo masculino ya comienza a darse cuenta de lo que se espera de él por tener las características de sus órganos genitales. Sin embargo, no basta nacer con un pene para transformarse en hombre, hay un camino por recorrer hasta llegar a serlo. Los primeros años de vida son fundamentales y responsables por las características del hombre que va a surgir(Revista cubana de salud Pública).

La nueva masculinidad no quiere decir que se renuncie a su condición de identidad de hombre como tal, ni a su orientación heterosexual, ni adoptar comportamientos afeminados, no se trata de eso, se trata en cambio que el hombre en su condición, asuma responsabilidades y roles, hasta ahora predeterminados exclusivamente para la mujer producto del machismo. La nueva masculinidad hace al hombre más humano, un nuevo concepto teórico y práctico en su relación diaria con la mujer en términos de sentimientos, trabajo, igualdad, y equidad de género.

El hombre en el nuevo concepto de la masculinidad moderna ya no oculta sus sentimientos, sus afectos, su amor. Se encuentra a sí mismo en el concepto de su masculinidad basado en su encanto, ternura y seguridad como guía de su comportamiento en la sociedad.

La identidad masculina se ha caracterizado por patrones patriarcales y estructurales en todas las manifestaciones de la sociedad por miles de años, en la competitividad y el poder. Rasgos como el miedo, el llanto, el dolor y otras manifestaciones del sentimiento no tienen cabida en el estereotipo del hombre. En el largo proceso de la socialización del niño influyen en él, normas y valores propios de una sociedad básicamente machista, que castran la verdadera masculinidad. Se nos impone a los hombres exclusivos conceptos como actividad, fuerza, dureza, virilidad, abrigo, empuje, protector, invulnerabilidad, racionalidad, castigo, poder, respeto, proveedor, coraje, resistencia, ira, exterioridad, reflexión y ordenar, y como lógico todo lo contrario para la mujer: Sumisión, interioridad, pasividad, comprensión, espera, complaciente, intuición, paciencia, vulnerabilidad, debilidad, resistencia, llanto, etc.

Estas realidades a través de los años y la lucha por el reconocimiento social y político se han logrado romper, como una afirmación del papel protagónico de hombres y mujeres en la historia; la brega por una sociedad más justa y equitativa, nos ha sacado de este laberinto de roles impuesto por las tradiciones y la mala educación. Tanto la mujer como el hombre se han venido posesionando con mucha fuerza frente a sus responsabilidades y el debate ha permitido una discusión universal en todas las manifestaciones de la vida, por rescatar nuestra verdadera identidad como seres humanos, en una construcción social cuya esencia, se pueda expresar libremente sin ser violentados o estigmatizados.

El desarrollo de la identidad se forja mediante la interacción de la persona con su entorno social y cultural. Es indudable que existen marcadas diferencias físicas y psicológicas entre mujeres y hombres, algo que se manifiesta en la relación con otras personas en el diario vivir; es decir, no somos iguales. Sin embargo, a pesar de esas diferencias físicas y sicológicas ambos somos seres humanos; de donde se desprende que a pesar de las diferencias existentes se impone la equidad, motor del desarrollo social. Hacer lo justo, dar lo justo, todo un complemento humano entre la mujer y el hombre.

Ante estas normas y retos sociales impuestos estamos obligados a alcanzar una identidad masculina que nos permita a los hombres ser personas en el más amplio sentido de la palabra, basándonos en conceptos como: Aceptar la propia vulnerabilidad masculina; aprender a expresar emociones y sentimientos, a buscar ayuda y apoyo; aprender métodos no violentos para resolver conflictos y aceptar actitudes y comportamientos considerados femeninos (atención y cuidado a sus hijos e hijas, cocinar, barrer, lavar, expresar afectos, etc.), lo que al final nos debe llevar un desarrollo humano más completo.

Frente a los patrones tradicionales que limitan el verdadero concepto del hombre, va surgiendo una nueva masculinidad que rompe con los estereotipos, hasta lograr una identidad que permite ser persona por encima de ser varón. Una construcción social que debe iniciarse de los tempranos años, para ir creando en el niño valores humanos de identidad propia, sin roles predeterminados; mientras que en los adultos, se trata no solo de participar en el debate, sino en hacer esfuerzos por llegar a una praxis diaria que implica una nueva conducta y comportamientos que nos van ubicando en una condición más humana, de nuevo hombre.

Estas realidades, hoy más que nunca, están en la agenda diaria en todas las latitudes y los sectores sociales, poblacionales y en nuestra interrelación personal; al lado de otros temas que es necesario abordar como son la comprensión, reconocimiento y respeto de la comunidad LGTBI y toda su diversidad sexual; que cada vez va logrando hacerse más visible e ir posicionando la afirmación social y política de sus derechos como seres humanos.

Necesitamos tener mente abierta al abordar esos temas, ya que son realidades, independientemente si nos gusta, o estamos o no de acuerdo.

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A propósito de la Columnista

Rubín Morro

Rubín Morro

Guerrillero del Bloque Efraín Guzmán, integrante de la delegación de Pazde las FARC-EP de Octubre 2014 a Agosto 2015.