Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

“Cuando los hombres se callan es nuestro deber
levantar la voz en nombre de nuestros ideales”
Clara Zetkin.

Aunque a diario se habla de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y de las tantas leyes que se promulgan en este sentido, la verdad es que la perniciosa permanencia del patriarcado limita y estrecha consciente e inconscientemente las oportunidades necesarias para el desarrollo económico, político, social y cultural de la mujer.

Para nadie es un secreto que incluso en las sociedades que se dicen “avanzadas”, aun la educación y formación en el hogar corresponde a un modelo donde predomina la libertad para los hombres y la abierta o velada sumisión para las mujeres.

Desde niños se preparan a los hombres para mandar, estar en la calle y por todos los medios evitar estar en los quehaceres domésticos, los cuales están reservados solo para la mujer, iniciando con los diferentes juegos, la tacita de te, la casita de muñecas, la cocina y los reinados de belleza entre otros. A los niños, entre tanto, se les induce mas a la práctica de deportes como el fútbol, a conducir carros y otros vehículos, a usar juegos de video, etc. Y todo ello va afianzando el ambiente machista y misógino que luego se reproduce en todos los ámbitos de la vida social.

Una de las formas de mantener la actitud de preponderancia de los varones y negar a las mujeres como sujetos, es ofrecer a la mujer como mercancía: desde muy pequeñas un alto porcentaje de niñas son incitadas por la propaganda, la necesidad o el deseo de figurar a convertirse en modelos o reinas de belleza. Pasan sus días en sesiones de pasarela, maquillaje, glamour con el “sueño” sembrado muchas veces desde el ámbito familiar, de participar en los grandes “eventos” nacionales e internacionales, lo cual convierten en su ideal.

Pero también en las regiones, municipios y veredas existe la versión criolla de estas mismas circunstancias que influyen en la preservación de las distintas variantes de la negación de la mujer como sujeto, haciéndoles echar raíces hacia lo más profundo de una mentalidad colectiva que termina viendo como normal la representación pública de la mujer, de su cuerpo, a la manera de objeto y no de ser humano integral. Se multiplica su espectacularidad y su uso en el plano del placer visual ya no solamente masculina sino del conjunto del entramado social.

Ahora con la masificación de las redes sociales, no son solo los “reinados” sino también el ofrecer su virginidad, su belleza y su cuerpo a cambio de dinero o de matrimonios. En Colombia, para nadie es un secreto que, muchas de las modelos, reinas de belleza, presentadoras y estudiantes, son empujadas a vender su belleza como trampolín para lograr ubicarse en puestos de trabajo o convertirse en damas de compañía de empresarios, mafiosos y extranjeros. Y sin duda, es el contexto del sistema el que propicia tal situación, a través de la familia, los medios de comunicación, la iglesia, la sexualidad, el modelo impuesto de feminidad, maternidad y masculinidad.

Existen también miles de páginas dedicadas a ofertar trabajo en el exterior para mujeres bellas, que en últimas resultan enganchadas en mafias de trata de personas, prostitución y sometimiento a bandas criminales, lejos de sus hogares.

Se utilizan las mujeres como diversión y al verlas de esta manera, jamás podrán ser valoradas como iguales, pues al considerar que son mercancía, se las coloca en el escenario de la oferta y la demanda. Y si la manera de observar y poseer a las mujeres es tratarlas como mercancía, no hay forma que se conjugue consecuentemente el tema de la igualdad.

Esta situación que es consustancial a las sociedades de clase, se desvanece en países que construyen el socialismo, como es de esperarse en una sociedad humanista, sin explotación, que toma como valor supremo al ser humano en libertad, independientemente de su condición de raza, género o concepción política o filosófica. Un importante referente lo constituye Cuba -y en su tiempo lo fue la Unión Soviética-, en donde se han generado condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que estimulan y propician el avance hacia la equidad de género.

Sin embargo, en cualquier situación tenemos la obligación de remover las patologías generadas por el sistema patriarcal. Debemos iniciar desde el hogar, con la educación y el buen ejemplo, actuando en consecuencia con lo que anhelamos en cuanto a superar el machismo y el orden mismo de explotación de clases que lo fortalece. En tal sentido, la lucha por elevar los derechos de la mujer, no es una guerra contra los hombres sino una alianza con ellos en la búsqueda conjunta de tales objetivos en el marco del establecimiento de la justicia social; para el caso colombiano, en el marco de la superación de la miseria, la desigualdad y la carencia de la democracia que afectan a las mayorías sin importar que sean hombres o mujeres. Ese es el camino, el de la lucha con apoyo mutuo para hacer de nuestro planeta un mundo mejor.

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A propósito de la Columnista

Mireya Andrade

Mireya Andrade

Guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP de Octubre 2014 a Agosto 2015.