Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Desde su origen, las FARC como expresión de la resistencia frente a la agresión latifundista y el militarismo del Estado, lleva la impronta de su esencia campesina. Con  excepción del Comandante Jacobo Arenas, obrero del departamento de Santander  y Hernando González Acosta, joven universitario proveniente de Bogotá, los demás marquetalianos son campesinos humildes, obligados por la fuerza de la violencia a abandonar sus labores agrícolas para empuñar las armas.

Sus valores son los propios del campesino colombiano: apego a la tierra y al trabajo; fuertes lazos familiares y comunales, trato amable para con los demás, fortaleza física para enfrentar los rigores de la vida en el campo, amor por los animales, valor frente al peligro, tenacidad ante las adversidades; así como el gusto por la música, el trago y el baile; las comidas tradicionales, los cuentos e historias fantásticas ligadas a  la religiosidad; al igual que los apodos, el sarcasmo y la picardía; costumbres que impregnan la vida guerrillera.

Por eso, cuando hablamos de cultura fariana, además del acervo ideo-político y militar legado por los marquetalianos, referimos también su herencia socio-cultural; enriquecida por las costumbres llegadas con los jóvenes que ingresan de las distintas regiones del país; así como por la relación con la población de las áreas y la confrontación con las fuerzas armadas oficiales;  amalgamadas por las costumbres y valores que nos caracterizan como guerrilleros y militantes comunistas.

Una de las cosas que más sorprende a la gente cuando no conoce la guerrilla y tiene la oportunidad de visitar por primera vez un campamento, es encontrarse con una colectividad donde las costumbres y tradiciones típicamente colombianas están profundamente enraizadas; pues aunque para algunos suene raro, gracias al intenso bombardeo ideológico de los medios de la burguesía que nos pintan como monstruos; los guerrilleros sabemos  disfrutar un buen vallenato mamando ron y comiendo butifarra; nuestras almas vibran al ritmo de un arpa, al tiempo que los pies se alistan para el zapateo y en el bracero espera un trozo de mamona; no es extraño para nosotros el placer de un desayuno con tamal tolimense y reconocemos un bambuco o un sanjuanero mientras lo acompañamos con lechona y  achiras; el cocido boyacense cuenta con no pocos partidarios en las filas, al igual que la música carranga; vierten los carrizos todos los sonidos de la selva en un aula guerrillera una tarde de domingo, al tiempo que en la pasera el mañoco y la quiñapira esperan por los comensales; el sonar de tambores aumenta el rugir de la montaña, cuando hay ocasión de esparcimiento  para la guerrilla del Chocó,  que sabe que con “arro y pescao” será más completo; no hay mejor comida que una bandeja paisa, acompañada por una canción de Darío Gómez bajada con aguardiente; pero también ha llegado hasta nuestros campamentos el sonar de la salsa y el dulce aroma del majar blanco y los cañaduzales del Valle del Cauca; la pipitoria la preparan exquisita los camaradas santandereanos;  y nos cuenta que los muchachos del 29 frente en Nariño se emocionan escuchando el runcho de “Roserito”, mientras disfrutan de un cuy asado.

Entendemos que la cultura como todo fenómeno es un proceso en constante desarrollo y transformación, en este caso en medio de la confrontación ideológica con el régimen, por lo que mantenemos un arduo trabajo interno de formación que a la vez que recoge los mejores valores y tradiciones de nuestro pueblo, incorpora los más altos ideales alcanzados por la humanidad a lo largo de su historia. Para los farianos el trabajo, la educación y la cultura son verdaderas armas de la revolución; y aún en medio del rigor de la guerra,nos esforzarnos por desarrollar junto a las capacidades como combatientes,  las cualidades del cantor, el pintor, el cómico, el bailarín, el orador, el músico, el escritor, el poeta que con sus versos sea capaz de cantar la heroica gesta de nuestro pueblo. No perdemos oportunidad de incentivar toda actividad educativa y cultural que despierte el deseo de superación, de convertirnos en creadores de arte, de conocimiento, de  ciencia; que a su vez nos ayudan a fortalecer las convicciones ideo-políticas, la certeza de un mañana mejor para nuestro pueblo.

La actividad cultural interna es el mejor laboratorio de creatividad, de recuperación de los valores tradicionales de nuestro pueblo y la identidad nacional frente a la arremetida ideológica de los medios burgueses por mantener la hegemonía de la clase dominante. Por eso es importante que a la par del entrenamiento militar y el estudio de nuestra ideología y la línea político-miliar, se desarrolle la más variada actividad cultural. Canto, poesía, literatura colombiana, latinoamericana y universal, bailes folclóricos, teatro,etc., que rescaten y realcen la cultura popular colombiana y latinoamericana; al tiempo que en el trabajo político y organizativo con las masas contribuyamos a revivir y desarrollar los saberes tradicionales, las costumbres y expresiones culturales de las comunidades indígenas, negras  y mestizas que habitan las regiones donde hacemos presencia, para mantener viva el alma del pueblo a través de la memoria colectiva, enriquecida con lo nuevo que surge a nivel popular en los campos; en los  municipios y ciudades donde se congrega una inmensa mayoría de colombianos igualmente explotados, sometidos a la más brutal marginación y enajenación con  expresiones propias de cultura popular urbana. Difundir el inmenso acumulado que tenemos de canciones, poemas, cuentos y demás creaciones guerrilleras e incentivar su producción debe ser una tarea diaria en todas las áreas.

No podemos olvidar que el camino del triunfo revolucionario pasa necesariamente por la recuperación y defensa de la cultura popular, del sentido de pertenencia y  dignidad patria, por un intenso trabajo de crítica, denuncia y oposición a la penetración cultural extranjerizante que adelantan los grandes medios de información, al servicio de la oligarquía y el imperialismo.  

En las FARC-EP nos sentimos profundamente orgullosos de nuestro origen, nos reconocemos como los continuadores de las históricas luchas de nuestro pueblo, del legado marquetaliano, de las mejores tradiciones y costumbres que encarnan la nacionalidad colombiana, a la vez que en la lucha diaria incorporamos la experiencia y el saber de todos los sectores sociales que trabajan  y se esfuerzan por un futuro mejor para la patria. No en vano somos el Ejército del Pueblo.

Tomado de la Revista Resistencia del Bloque Comandante Jorge Briceño de las FARC-EP, próximamente será publicada en Internet

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