Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Hagamos lo que haya que hacer para lograr la paz con justicia social, la democracia popular y la soberanía patria.

De un tiempo acá se escucha con mayor fuerza que las mujeres se mueven en Colombia en diversos escenarios, encuentros, foros, congresos… en la búsqueda de visibilizarse, como ellas, sus visiones, sus propuestas y sus propias luchas. Además, por un futuro distinto; es la muestra de la activa participación de las féminas en la vida nacional. Las guerrilleras de las FARC-EP también participamos en estos importantes eventos y debates, por ejemplo, al exponer nuestra posición sobre algunos temas cruciales en la vida de las mujeres: el aborto, la participación política y la infancia en la guerra.

El aborto

¿Obligación en la guerrilla abortar? No, lo obligatorio es la planificación. La razón es sencilla y simple, porque en la guerra no podemos tener hijos. Es necesario analizar con más profundidad el papel de las mujeres en esta lucha para entender qué es lo que pasa.

Las mujeres integrantes de las FARC-EP hemos entrado a este proceso por distintas circunstancias: unas empujadas por la represión ejercida por las fuerzas militares o de inteligencia del Estado colombiano, de sus paramilitares, ahora llamados BACRIM; otras por convicción, ante la necesidad de cambiar el actual régimen que practica el Terrorismo de Estado como forma de control ciudadano y otras al encontrar su realización como revolucionarias en las filas guerrilleras.

No ingresamos obligadas, eso es un invento que no tiene sentido, ¿cómo se puede estar obligada en una organización cuando la combatiente está armada?  Además, no somos mujeres que desarrollamos una vida común y corriente, no realizamos tareas domésticas por ejemplo, no conformamos “familias” establecidas. En cambio, acogemos la lucha revolucionaria como nuestra prioridad, vamos al combate, hacemos múltiples actividades relacionadas con la vida militar, política y clandestina. Y estas circunstancias son las que no nos permiten ser madres tradicionales; aquí está la diferencia.

Hemos optado por una lucha en la que no se puede ser madre; en la montaña no hay condiciones para criar hijos, pero además, dedicamos las 24 horas del día a la construcción de una patria mejor para todos y todas y al ser esta nuestra prioridad, la establecida por la naturaleza, pasa a segundo plano. Y si de derechos hablamos, las mujeres que decidimos entrar a esta lucha tenemos derecho a escoger nuestro papel en la sociedad, por ejemplo el derecho a renunciar a ser madres para dedicarnos a la búsqueda de una sociedad digna y humanista.
Pero también están las mujeres que han decidido no ser madres porque no quieren traer bebés a esta sociedad capitalista que no les ofrece más que sufrimiento o simplemente porque no es cierto que toda mujer quiera ser madre. Ese también es un derecho que tenemos como mujeres guerrilleras.

La participación política

Nosotras participamos en diversas tareas y estamos en varias instancias de dirección. Nuestra forma organizativa permite que las voces de las y los combatientes sean escuchadas en relación a todos y cada uno de los temas de interés, tanto de la organización como de la actividad política y militar del país.

En la Delegación de Paz de las FARC-EP en La Habana participan 13 mujeres de 30 camaradas. El acuerdo con el gobierno establece que de esos 30 delegados de cada delegación 10 se sientan en la mesa. Y en la delegación de las FARC-EP participan 2 mujeres. Las demás están en las funciones que fortalecen todo el trabajo que realiza la comisión, con el interés real de alcanzar unos acuerdos que beneficien al pueblo colombiano en su conjunto.

El hecho que en las FARC-EP no se hagan las cosas como algunas organizaciones o personas quieren, no indica que las combatientes no tengamos voz ni voto, que seamos reprimidas o trofeos de guerra. Con esto no estoy diciendo que las guerrilleras renunciamos a estar en esas instancia de dirección; claro está, que en la práctica de la actividad concreta es donde las personas mostramos lo que somos, y hacer parte de las direcciones donde se toman las decisiones es una de ellas, y no hemos declina, al contrario, en eso estamos. 

Los niños en la guerra

La reglamentación nuestra es clara, el ingreso a las FARC-EP es a partir de los 15 años cumplidos. Las normas del Derecho Internacional Humanitario califican a los niños y niñas hasta los 15 años. Otra cosa son los menores de edad,  los menores de 18, pero mayores de 15. Si conviene, el Establecimiento manipula esta diferencia, usa diferentes formas semánticas que lo único que hacen es enredar más, no solucionan, no garantizan los derechos ni de los menores de edad, ni de los niños y niñas.

Denunciamos al Estado colombiano por no preocuparse en lo más mínimo por los miles y miles de pequeños que mueren de física hambre en varios lugares del país, porque están desamparados, sin techo, salud, seguridad, solo por mencionar algunas de las grandes calamidades por las que pasan.

¿Eso es normal? Los niños y niñas y los menores de edad del campo colombiano, los que están desplazados en las ciudades, tienen que trabajar para ayudar a sus padres, para sobrevivir. Así que en la guerrilla los menores de edad, al menos tienen un espacio de lucha para buscar un mundo mejor. Allí aprenden a leer y escribir y reciben el cariño que les niega la sociedad en la cual son vistos como gamines, ladrones o indeseables. Aprenden a entender por qué son marginados y como solucionar esa marginación, en la lucha.

Son las realidades, es la verdad, dejemos esos temas claros y centrémonos en la búsqueda de soluciones. No compartimos las voces que llaman a la inactividad, con el solo cuento de paz a secas. Las mujeres queremos la paz, claro que sí, es más no solo las mujeres, todos y todas. Servir de tambor de resonancia de trinos vacíos, de palabras sin fondo, no es dignificante, sobre todo, no ayuda a resolver el problema.
La guerrillerada fariana, quienes en las montañas, selvas y ciudades enfrentamos la confrontación, la persecución, los promocionados planes de exterminio y las arremetidas de los bombardeos, los masivos y los dirigidos por los gringos, también nuestra Delegación en La Habana, seguimos y seguiremos en la lucha por cambiar esta forma de gobierno que tiene no solo a las mujeres sino a la gran masa de colombianas y colombianos postrados en la miseria y el abandono.

La única salida para esta crisis política, económica y social que vive la Patria entera es la construcción de la paz. Hagamos lo que haya que hacer para lograr la paz con justicia social, la democracia popular y la soberanía patria. Lo demás es ruido que solo sirve a los enemigos de la reconciliación para llenar el camino de talanqueras infranqueables.

Es en estos desencuentros que debemos demostrar nuestra amplitud, nuestro respeto por las otras y los otros, para construir y organizar, para sumar y no restar. Y llamamos a las demás mujeres a profundizar en estas temáticas y no a repetir los coros de los enemigos que nos desvían del objetivo y crean más odios y fisuras.

Construyamos futuro, invitación para todos y todas.


 

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A propósito de la Columnista

Candelaria Viva

Candelaria Viva

Guerrillera de las FARC-EP