Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Hoy como ayer, las multinacionales siguen explotando nuestros recursos y anegando de sangre nuestro territorio.

Sucedió en Ciénaga, Magdalena (Colombia) el 6 de diciembre de 1928. Fue una masacre que no ha podido ser olvidada gracias al testimonio de los sobrevivientes y de la pluma crítica de escritores y cronistas que han reconstruido los hechos desde distintos ángulos; no como un simple ejercicio de escribir, sino tal vez con la idea de mantener viva la historia, con todo y sus verdades, para hacerla perdurar en la memoria de las futuras generaciones.

1.800 muertos y 100 heridos fue el saldo aproximado después de la arremetida brutal del Ejército de Colombia en contra de los obreros bananeros y en defensa de los intereses de la United Fruit Company. Aunque el gobierno de la época quiso borrar el rastro de la matanza, la investigación encabezada por el Doctor Jorge Eliecer Gaitán, así lo constató.

Los trabajadores se levantaron al no ser reconocidos los derechos laborales mínimos existentes y, a pesar de que la ley 69 de 1928 criminalizaba la protesta obrera, lograron paralizar la producción en la zona y lograr el apoyo de las comunidades. La respuesta a su pliego de peticiones y a su justa huelga, fue el plomo del Estado. El papel jugado por el General Carlos Cortés Vargas, quien ordenó en segunda instancia la ejecución de la masacre, fue el de un militar apátrida y sin honor.

Hay que resaltar que la compañía no registraba a sus obreros como tal en sus contratos, quedando exonerada de la obligación de pagarles algún tipo de prestación social, del mismo modo que no les garantizaba ningún seguro por riesgos ni por enfermedad, exponiéndolos a trabajar en precarias condiciones sanitarias. El pago del salario se hacia en bonos que los obreros debían consumir en el economato y en las ventas de licor de propiedad de la misma empresa.

Pero esta huelga no surgió de manera espontánea, el sentimiento antiimperialista se venía expresando en las movilizaciones desde tiempo atrás, en las cuales se agitaba la consigna “¡Abajo el imperialismo yanky!” y “¡Viva Colombia Libre!”. En 1924 habían entrado en huelga los trabajadores de la Tropical Oil Company; y en 1926 los obreros del Ferrocarril del Pacífico también habían suspendido labores.

Dos años después, en 1927, los camaradas de la dirección del Partido Socialista Revolucionario, Raúl Eduardo Mahecha, María Cano e Ignacio Torres Giraldo, lideraron la que fue “otra batalla de los trabajadores de la Tropical Oil Company, en Barrancabermeja”, en la que fueron masacrados media decena de trabajadores en huelga.

Fue una etapa sangrienta la que vivió Colombia bajo el mandato autoritario y dictatorial del presidente Miguel Abadía Méndez (1926-1930) coinciden varios textos en que bajo su gobierno se impulsó la industrialización del país, en un contexto de hacienda extensiva conjugada con una economía de enclave. Allí extensas zonas del territorio nacional estaban bajo el dominio de terratenientes y el usufructo de multinacionales que desarrollaban actividades ganaderas, extractivas y agroindustriales.

Cualquier parecido con la actualidad no es solo coincidencia, la política entreguista de los gobiernos solo ha sufrido algunas adaptaciones de acuerdo a los intereses imperiales, pero su esencia es la misma: vendepatria y depredadora en su máxima expresión. El neoliberalismo ha abierto las puertas al capital transnacional en detrimento del buen vivir de los colombianos.

86 años después, la United Fruit Company ahora Chiquita Brands, sigue irrigando de sangre obrera y campesina el suelo patrio; el Magdalena inició un luto que se extendió al Urabá y luego a todo el país con la escalada paraestatal. La alianza criminal de esta empresa con la Brigada XVII del Ejército y sus paramilitares adscritos (ahora llamados Bacrim), revelada por los principales jefes de estos grupos consta en los archivos de la fiscalía.

La multinacional bananera promotora y financiadora de uno de los más sanguinarios planes contrainsurgentes y antipopulares puesto en marcha en Colombia, continúa campante su negocio y el lavado de activos en la próspera y promisoria zona de Urabá, sin que hasta el momento el Estado haya emprendido ninguna acción que ponga fin a su accionar criminal y despojador.

Mantener vivos estos recuerdos, rescatar la memoria histórica, esa que vamos tejiendo en base a los mismos hechos, conocer los orígenes de la historia del conflicto, contada por los verdaderos protagonistas (sin tergiversaciones malintencionadas), nos evitará que hechos como los acaecidos en la madrugada de ese 6 de diciembre vuelvan a repetirse.

Por eso, hoy como ayer, tenemos sobradas razones para alzar nuestra voz y gritar la misma consigna de aquellos hombres y mujeres que perecieron en la década de 1920.

¡Abajo el imperialismo yanky! ¡Viva Colombia Libre!

¡Contra el imperialismo, por la patria!

¡Contra la oligarquía, por el pueblo!

Somos FARC-Ejército del Pueblo

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A propósito de la Columnista

Yira Castro

Yira Castro

Guerrillera del Bloque Efraín Guzmán, integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP de octubre 2012 a julio 2015

@Castro_Yira