Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El bajo Naya está compuesto por pequeñas veredas desde Puerto Merizalde, La Concepción, San Francisco, Cascajito y Guadualito, La Bartola, Dos Quebradas, Redondito, Juan Núñez, Juan Santos, San Lorenzo, Las Pavas; lo habitan mestizos, mulatos, zambos, afrodescendientes, y una pequeña comunidad indígena, la cual no existe para el gobierno colombiano. Es allí donde la presencia del Estado solo se conoce en tiempos electorales, a través de un tarjetón o a través del terrorismo de estado, como ocurrió en el 2001 con la masacre a manos de los paramilitares en esa región.

Aún así, hemos podido llegar a expresiones y diálogos con sus habitantes, que son testimonio de la cultura propia de estas regiones de nuestra costa pacífica colombiana. Doña Chema es una mujer de contextura mediana, orgullosamente negra, de dientes perlados, además es partera de la región. La conocí hace algunos años en mi recorrido por el bajo y olvidado Naya.

- Doña Chema como está usted?

- Pues hija, aquí como siempre no hay nada que hacer porque ya ni cosecha tenemos pues esos de los aviones, los dueños del mundo, hicieron que lloviera veneno, y me acabaron con mi papachina, mi banano, y mi maíz, no tengo nada que comer pero bueno, siéntese hija y espere le traigo un curao.

- ¿Doña Chema qué es eso?

- Pues hija tómeselo y espere 9 meses, yo misma con estas manos cansadas de trabajar le recibo ese muchacho.

- No doña Chema, muchas gracias, dejemos así. Doña Chema; ¿y su esposo?

- Está trabajando en la quebrada; hace 15 días se fue y hoy llega; ojalá que saque algo porque en la quincena pasada solo trajo 4 décimas, cada décima de oro cuesta $50.00 mil pesos que no alcanzan ni para pagar el pasaje a los lancheros, ni la remesita, y eso que ellos son 7 los que trabajan juntos. Ay, hija, ya ve usted cómo es de difícil la vida en el río Naya, espero que hayan cazado algún animal, porque hace mucho tiempo que aquí no se ve la carne. Ay, hija una libra de arroz cuesta $3.000 pesos, por eso es que no te puedo invitar a comer algo con esos precios.

- Esta semana no han dejado salir lanchas del puerto, porque los lancheros se reúnen con esos señores que andan en unas lanchas grandotas, que dicen que son de la ley pero mientras ellos hacen sus reuniones nosotros nos morimos de hambre, pues ahí está viendo usted cómo está mi niña con esa asma, acá no hay remedio; no hay quien nos atienda, toca con las hierbas de vieja como dice uno, por eso hija, no crea usted en esos señores de la ley, vea usted, hija cuando hubo la matanza de los paracos en esta región un mismito cura fue el que se los llevó para Buenaventura, y son tan descarados que luego aparecen como si nada, después de que nos habían amenazado con que venían los paramilitares si no les decíamos dónde estaba la guerrilla, y efectivamente llegaron los paras y nos mataron a un poco de gente.

- Ay hija, si te contara, en la vereda de más adentro, esos paramilitares violaron a una mujer, y no contentos con eso, le metieron un palo por sus partes íntimas doblándole la cabeza a las rodillas, y dice la gente que esos eran del ejército, pues uno está solo.

Doña Chema guardó silencio por varios minutos con su mirada retraída como queriendo olvidar lo ocurrido; resbalan varias lágrimas por sus resecas mejillas, suspira profundo como si con eso aliviara el dolor de la miserable vida que lleva acuestas, desvió la mirada hacia donde estaba la pequeña hija, acostada en el suelo en una sábana armada con viejos retazos. Me despedí con una indignación en mi ser ante tanta miseria y desamparo.

- Aún vivimos en las tinieblas, me contó don Narciso, un viejo minero afro a quien encontré en las orillas del rio Naya a pocos metros de la casa de doña Chema. Estaba lavando oro en su vieja batea de roble, un hombre de unos 56 años, de contextura muy delgada, enfermo de reumatismo por las largas horas que permanece en el agua.

- Don Narciso, usted tan temprano y ya en el agua?

- Ay mi niña, si yo no trabajo quién me va a dar para la comida, ya ve usted que la vida es difícil acá.

Me fui alejando, sintiendo el dolor de esas comunidades en el pecho. Hoy son otros tiempos; no hay esclavos con cadenas, pero hay nuevas formas de esclavitud, como la miseria, producto del olvido estatal.

Y pensar que recientemente dejaron en libertad a José de Jesús Pérez Jiménez, alias Sancocho, exjefe paramilitar y uno de los autores de la masacre de El Naya, perpetrada en la Semana Santa de 2001, donde asesinaron a 24 personas y desplazaron a casi 4.000. Ese dolor de entonces es el mismo que se percibe varios años después en esa región del olvido.

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A propósito de la Columnista

Camila Cienfuegos

Camila Cienfuegos

Guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la delegación de Paz de las FARC-EP desde Octubre 2012