Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Maritza Sánchez, ingresa a las FARC-EP a muy temprana edad por el año de 1988 en Anorí, Nordeste  Antioqueño. De contextura fuerte, su cuerpo refleja a agilidad y destreza, también cicatrices de las heridas de guerra adquiridas en sus andanzas  por el Urabá, Chocó, Antioquia, y la serranía del Perijá, durante su estadía en los bloques Iván Ríos y Martín Caballero, antes de viajar a La Habana como integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP.

Conversar con Maritza es encontrarse de frente con la franqueza de las guerrilleras farianas, es “directa” como ella misma dice, “no me pongo con vueltas para decir lo que pienso”, y así se despachó al iniciar la presente entrevista: “si me van a preguntar por qué ingresé a las FARC, para mi es muy sencillo y se los voy diciendo enseguida, lo hice porque me gustaban  las armas”. La verdad, esas palabras de Maritza son comprensibles en un país con una larga tradición de guerra, donde los de abajo asocian las armas a la posibilidad de sobrevivir, de resistir y de liberarse.

Continúa ella con sus reflexiones, “me gustaba ver a los guerrilleros armados y a las mujeres, con sus uniformes y sus armas, y sus ideas de un país más justo; yo quería ser como ellas, tener un arma y uniforme para luchar por una nueva Colombia, por eso ingresé, no me fui antes porque no me recibían, tuve que decirle a un comandante que tenía 15 años para que me llevaran; pero yo tenía menos y como no tenía documentos, no me podían comprobar. Lo de la conciencia más consistente llegaría después, cuando uno aprende en más detalle y argumentos por qué está en  la lucha…”

Mujer Fariana (MF): ¿Cuáles son las causas o razones para que una mujer como usted haya decidido tomar las armas?

Maritza (M): No voy a teorizar mucho sobre eso. En realidad el ejemplo de la guerrilla me parecía convincente, muy bueno eso de la necesidad de la solidaridad de la gente para luchar  por sus derechos. Me atraía la convivencia en la guerrilla, su ética, su organización, y también sus atuendos militares y sus armas. Yo quería ser como ellos, quise ingresar desde niña  pero no me recibían porque era menor de edad, deseaba llegar a la edad de ingresar como un sueño que deseaba alcanzar los más pronto posible. Insistí que me ingresaran argumentando que ya había cumplido los 15 años, insistí hasta que los convencí y me recibieron. Ya con el tiempo fui dándole valor a mi resolución.  Es que la situación de miseria y desigualdad que hay en el país la siente la gente pobre de manera directa, cada día, y  eso genera inconformidad, molestia, ganas de rebelarse. Sencillamente eso es lo que en principio ocurre y es suficiente para llegar a una determinación tan delicada y trascendental,  como la de empuñar las armas para combatir al régimen que nos mal gobierna. Luego surgen elementos más razonados, producto de la formación política que se recibe en la organización. Uno ya no solamente sabe que no hay educación, ni salud, ni vivienda adecuadas para la población y que las mayorías vive en situación de pobreza y desigualdad, sino que se entienden las causas y define bien a los responsables, la lucha cobra mayor sentido y las convicciones se fortalecen. La guerrilla se nos muestra de manera más clara como la alternativa para luchar por los cambios que hagan del pueblo colombiano un actor fundamental en la política y las transformaciones económicas y sociales.

MF: ¿Ve usted la lucha armada como la única vía de trasformación social?

M: Por el momento la lucha armada juega un papel esencial, de primer orden. Mire que en este país no hay garantías para hacer actividad política abierta sin correr el riesgo de que la intransigencia y la exclusión, asesine a la gente. Los espacios de participación política llegan hasta el límite que le ha impuesto el régimen, y es el de la prevalencia de sus intereses y privilegios. De ahí en adelante se asumen los peligros y los fracasos de enfrentar la violencia política de una clase dominada por vicios como la corrupción, con unos partidos tradicionales que actúan como verdaderos gánsteres de la política y que en los manejos económicos, siempre están arrodillados a los mandatos de los Estados Unidos.

MF: ¿Cree entonces que el alzamiento armado es una consecuencia política de la violencia política?

M: Existen experiencias concretas de vieja data, como el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, en 1948 a manos de las oligarquías, el ataque a los campesinos de Marquetalia en 1964, el extermino de la Unión Patriótica luego de la firma del Acuerdo de Paz de la Uribe, y en el presente los millares de asesinatos, encarcelamientos, las persecuciones y represión creciente que se ve en cada paro, en cada movilización de la gente que clama por sus derechos. A veces se suelen olvidar muy rápido las experiencias, pero es que los llamados falsos positivos, que fueron crímenes de lesa humanidad del Estado por miles, no se produjeron hace décadas solamente sino que se acentuaron en el período de gobierno anterior. Y luego de eso han matado a decenas de dirigentes populares, y aun así, nos piden que cambiemos balas por votos. ¿Con qué garantías quieren que hagamos eso? ¿Solamente con promesas? De tanto oír promesas ya tenemos callos en el alma. En Colombia, mientras no se erradique la Doctrina de la Seguridad Nacional y del enemigo interno que es la filosofía de los aparatos armados y de seguridad, y no se erradique el paramilitarismo de Estado, a todo aquel que  tenga un pensamiento diferente lo seguirán asesinando o persiguiendo. La oligarquía no perdona a sus contradictores y mucho menos a sus opositores, para poder actuar a sus anchas.

MF: ¿Cómo valora usted el desarrollo del proceso de paz hasta el momento? ¿Cuál cree que es su mayor logro?

M: El proceso de paz hasta el momento uno podría decir que hay que insistir en él porque el destino de Colombia no puede ser el de la guerra. Además nosotros tenemos voluntad y decisión de encontrar una salida política al conflicto, de tal manera que a partir de unos cambios estructurales que son necesarios para cambiar la situación de miseria, desigualdad y falta de democracia podamos parar la guerra.  Pero desafortunadamente anhelar y hacer todos los esfuerzos por la paz no quiere decir que el proceso esté marchando bien.

Para lograr un propósito superior como es el de la reconciliación se requiere que el gobierno también muestre disposición, que vaya más allá de las palabras. Este proceso avanza con muchas dificultades en medio de una mentalidad y presión militarista, de perdonavidas que caracteriza al régimen, el cual cree que con presiones militares va lograr ventajas en la Mesa.

MF: ¿Cómo ve al presidente Santos?

M: Particularmente, veo mal a Santos, con un Ministro de Defensa que todos los días le dispara al proceso, con una fuerza pública comprometida hasta los tuétanos con la guerra y particularmente un ESMAD que en cada paro y protesta dispara contra la gente inerme causando muertos y heridos. Y todo por no querer cambiar ninguna de las políticas que les están trayendo más miseria a los colombianos mientras favorece el saqueo de nuestras riquezas naturales; riquezas que debieran utilizarse para resolver nuestros más agudos problemas sociales y quitarle piso a la desigualdad.

Share