Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Vienen desde las estribaciones espesas que se pintan con el primer aroma de café. Vienen llenos de esperanza con la fuerza de sus sonrisas, a forjar una Nueva Colombia, donde los hombres y mujeres sean libres de verdad. Vienen cargando sobre sus hombros el anhelo de la paz. Vienen los guerrilleros y guerrilleras de las FARC-EP cantando el himno de la justicia social.

En La Habana nos encontramos por esas casualidades afortunadas que la vida te entrega a través de lo que muchos llaman destino y en el vaivén de conversaciones fuimos conociendo a las guerrilleras y guerrilleros que solo buscan para su pueblo, dignidad, pan y libertad.

Si me preguntan qué conocía de las FARC-EP, diré en honor a la verdad que poco o nada. Las noticias provenientes de los grandes medios burgueses del continente decían que venían a negociar la paz, muchos los vinculaban con asesinatos, narcotráfico. Decían que estaban diezmados y que sus planteamientos en pleno siglo XXI ya no tenían vigencia, que las ideas de la lucha armada eran un absurdo. Y así me había hecho la idea más desdibujada de esta importante organización que desde 1964 viene peleando por el porvenir.

Pude rebasar ese torbellino de engaños compartiendo con los compañeros de las FARC, en especial con las compañeras. Así conocí su verdadera esencia, cómo nacieron, de qué manera un hombre campesino, Manuel Marulanda, labrador de la tierra y cosechador de futuro, creó las autodefensas campesinas que luego pasarían a llamarse Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo. Entendí por qué se levantaron en armas, cómo los ricos poseían la mayoría de la tierra y las fábricas, y los campesinos tenían que errar vendiendo su fuerza de trabajo para ganar un mísero salario que, con suerte, servía para llevar un pan a la boca de su familia; mientras, por su parte, el obrero era explotado y ni siquiera se le reconocía el derecho a organizarse. Cómo mataron a Gaitán, aquel hombre que podía haber cambiado la historia de una nación. En fin, de cómo el origen de la violencia y la guerra venía de unos pocos y de un estado terrorista que ha matado a miles de personas inocentes. Percibí las razones de la lucha de las FARC y de su búsqueda de la paz. Pero, ¿qué paz demandan? Aquella donde los campesinos tengan su tierra; el obrero, un salario justo y digno para comer; la mujer, los mismos derechos que el hombre. Donde los niños puedan crecer con salud, educación y seguridad; donde la vivienda no sea una quimera, sino una realidad asequible para los pobres; donde las decisiones no las tomen los delincuentes de corbata, con el gringo sanguinario, sino el pueblo, las comunidades, los explotados. Donde se extermine el narcotráfico. La paz en que la violencia no nazca del estado, por la desigualdad, y donde la riqueza sea para los verdaderos dueños de la nación, los trabajadores.

Así me fui adentrando y conociendo a estos hombres y mujeres valientes, dignos, amables, atentos y de una inteligencia excepcional, que solo quieren una Colombia para vivir. Si hoy me preguntan qué sé de las FARC, pues les digo que  quieren la verdadera paz.

 

 

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