Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Las pasadas elecciones, caracterizadas por la ausencia de banderas programáticas y por escandalosos ataques personales entre los candidatos más opcionados, dejaron un sabor de hiel en los colombianos. Ganó Oscar Iván Zuluaga, el candidato uribista, en primera vuelta por tres puntos porcentuales frente a Santos.

El candidato presidente está cosechando su propia siembra, pues sus ambiguos discursos en torno a la Paz y la manera como trató las movilizaciones sociales, en el marco de un proceso de reconciliación, no lo dejaron bien parado ante la opinión. Soberbia, represión y demagogia, constituyen conductas reprochables que para ningún pueblo pasan desapercibidas.

Muchos columnistas, generadores de opinión, propagan el argumento inconsistente que de las FARC-EP depende que el proceso se hunda o salga adelante; y sobre este presupuesto exigen, cada vez más, nuevos gestos de Paz a la guerrilla “que convenzan a los escépticos”. Así lo sugiere, por ejemplo, Martha Ruíz en la Revista Semana del 25 de mayo.

Si algo debe quedar claro es que las FARC-EP no actuarán como alfiles electorales de ninguno de los candidatos.

A Santos le faltó haber asumido desde su inicio una  defensa a fondo y más decidida del proceso de paz con las FARC. Debió frenar en su momento al Ministro de la Defensa que cuestionó siempre el proceso y denigró de los interlocutores del gobierno. Otro error fue creer que declarando la guerra a la insurgencia mientras hablaba de Paz en La Habana, podría ganar para sus aspiraciones a sectores de la derecha; jugada que no le resultó. Si se hubiese apoyado en la gente del común, en sus organizaciones sociales y populares, en las capas medias, no estaría arrinconado como está por la mafia uribista.

De manera ingenua y sin ninguna reacción permitió Santos que Uribe posicionara la engañosa matriz de una supuesta  falta de voluntad política de las FARC para la paz. Tampoco le salió al paso a la mentirosa campaña mediática contra lo que Washington y la derecha colombiana han denominado el “Castro-Chavismo”. Se amilanó y el monstruo uribista aprovechó para avanzar con su discurso embustero.

Sólo en la recta final de la contienda electoral, el presidente parece haberse definido por una defensa en toda la línea, aunque tardía, del proceso de paz. Mientras tanto el señor Zuluaga, cambia de la noche a la mañana su discurso y ahora pretende mostrarse también como defensor de los diálogos con la guerrilla. Esta posición oportunista de utilizar el proceso de paz con fines electorales debe ser rechazada por todos los colombianos con sentido de dignidad. Repudiamos el cálculo infame de utilizar la paz para ganar votos.
 
Para evitar que politiqueros en campaña jueguen de esa manera con el bien superior de la paz, esta debe ser asumida como una política de Estado y no como atribución de un presidente de turno.

Para que los diálogos de paz avancen y la reconciliación de los colombianos sea posible se necesita la movilización en masa de la voluntad nacional, que coloque en su sitio a los oportunistas que quieren convertir en bandera electoral la esperanza más grande de un país, y exija a las élites gobernantes cambios estructurales en lo político, en lo económico y social, en lo cultural, que generen condiciones para la paz. Colombia reclama con urgencia democracia real, paz con justicia social y soberanía.

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A propósito de la Columnista

Yira Castro

Yira Castro

Guerrillera del Bloque Efraín Guzmán, integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP de octubre 2012 a julio 2015

@Castro_Yira