Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

En los 50 años de rebelión armada han vibrado las montañas mientras laten los corazones rebeldes de las guerrilleras farianas. Cuánto orgullo siento al ver a lo largo de su infinito amor, como los valles enclavados en la extensa geografía de la patria, su determinación insoslayable de perseguir hasta lo imposible el bienestar de Colombia; de contemplar cómo la ternura de las guerrilleras deja huellas profundas en 50 años de batallar por la vida; y de ver sus ojos lindos y escrutadores como observan al horizonte que viera Bolívar desde el Monte Sacro.

Platicando con el camarada Miguel Pascuas sobre el contexto marquetaliano, época que le tocó vivir en medio de las promesas, las violencias, las desesperanzas y los sueños, de la lejanía de las utopías y los retos por alcanzarla, evoca la memoria de las primeras heroínas farianas.

Me contaba el más veterano insurgente vivencias de aquellas valientes que habían llegado a Marquetalia transitando por el camino de los huyentes de la violencia bipartidista de los años 50 y que hasta parieron en las trochas de las agrestes montañas. Quién se iba a imaginar que aquello se proyectaría como la resurrección de una epopeya bolivariana que parecía aplastada por las fatídicas guerras partidistas.

Mientras el comandante Miguel Pascuas relata la historia parece transportarse a las luchas campesinas de la época, cómo se transformaron en movimientos de autodefensa y en guerrillas móviles. Miguel vuela por los recuerdos y siente nostalgia al encontrarse a las campesinas marquetalianas que abrazaron su territorio defendiéndolo de la nueva violencia, la del Frente Nacional. Parecía que la guerra había llegado a desentrañarlas de su espacio natural y su abrigo donde se gestaba una nueva esperanza de vida.

Miguel evoca con infinito amor a Georgina Ortíz que murió víctima de los ametrallamientos aéreos, a Miriam Narváez y a Judith Grisales y su significado en la historia guerrillera. Dice que ellas fueron el tronco donde surgió un enjambre de guerrilleras provenientes de distintos espacios: de la tierra campesina e indígena, de las raíces afrocolombianas, de los pueblos, de las selvas de cemento, de las rebeldías estudiantiles, de las amantes del arte y de la cultura, de la música, de las que llegaron de nuestros pueblos hermanos y hasta de lejanas latitudes como Alexandra, nuestra querida holandesa.

Y es que seguir la huella de las combatientes guerrilleras es andar por la estela del amor y de la ternura, de la humanidad profunda, de las rebeldías, de los sufrimientos y sus valentías, es alcanzarlas en los sueños y verlas señalar con el índice a la avizorada perspectiva, es encontrarlas superando sus errores y explorando los caminos distintos a la guerra porque por la paz se alzaron en armas.

Muchas guerrilleras antes fueron grafiteras, dirigentes estudiantiles, artistas, defensoras de los derechos humanos, dirigentes sociales y políticas. ¿Qué más opción le quedó a los sueños cuando el terrorismo de Estado quiso robarles la posibilidad de convertirse en bellas obras de humanidad?

Aunque la inmoral guerra suciahaya querido eliminar del amor colectivo a quienes han hecho de sus vidas manantiales de rebeldía para hacer posible lo imposible, jamás podrán derrotarles su conciencia y menos impedir que las mayorías descubran el invaluable significado de las heroínas que pertenecen a este tiempo.

Las guerrilleras colombianas representan hoy 50 años de rebelión armada, pero además un proyecto político que se abre paso entre las dificultades por los caminos espinosos del odio clasista con la fe inquebrantable deque una nueva sociedad, sin injusticias, es posible.

Esta sociedad que ha vivido la guerra sin descanso no puede ser indiferente a los esfuerzos que demanda la necesidad de construir la paz. La paz de los ideales y los cambios, la paz de los pobres abandonando sus covachas miserables por una vivienda digna; la de un nuevo país que se construye desde la diversidad; la paz de un país en que se redistribuye la riqueza y las mayorías reivindican sus derechos; la paz de la sociedad con su medio ambiente y con la mayor suma de felicidad posible; la paz de la soberanía y la verdadera democracia que desate la amarras al poder del constituyente y este se haga dueño de su destino.

A la gran mujer que se llama Colombia le abrazamos en nuestro 50 aniversario porque ella nació de las entrañas insurgentes de la epopeya libertadora. Y a las guerrilleras farianas, madres de tantas utopías, les deseo éxitos en ese gran proyecto comunicacional que es la página Farianas; proyecto que se ha convertido en alas para comunicarel pensamiento de las guerrilleras hasta la intimidad del alma de las colombianas, llevándoles un mensaje de luz y de esperanza, y reafirmándoles que la verdadera paz es el fin último de nuestros empeños.

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