Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Después de varios meses de discusión en la Mesa de Diálogos de la Habana, se llegó a un acuerdo parcial sobre el cuarto punto del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, Solución al problema de las drogas ilícitas, el tercero tratado entre las partes.

Son innegables los importantes avances por ser éste un problema de gran calado, que involucra a toda la sociedad colombiana y a la comunidad internacional, quedan aspectos fundamentales sobre los cuales es posible llegar a acuerdos, si la contra–parte, como parece ser, asume el fracaso palpable de la llamada guerra contra las drogas.

El objeto de estas breves líneas es pasar la mirada de cómo también la mujeres son afectadas por la acción corrosiva del negocio. Ellas han sido en lo fundamental utilizadas por las grandes mafias y mafiosos, pero también algunas ejercieron o ejercen cargos de dirección con igual o mayor maldad que los hombres en este campo.

Pueden nombrarse Verónica, la llamada reina de la cocaína; Elizabeth de Sarria, la monita retrechera o Enilce López, la gata.

Pero igualmente famosas presentadoras de televisión, periodistas, reinas de belleza, universitarias, niñas o jóvenes mujeres con cierto atractivo físico, por necesidad o por ambición cayeron en los brazos de narcotraficantes prestándoles servicios sexuales que dieron origen al término “prepagas”. Esta práctica es muestra fehaciente del derrumbe de los valores morales en el mundo de la mafia al imponerse el “todo vale” para conseguir dinero.

Al ser un negocio capitalista de carácter transnacional es apenas lógico que esté organizado como cualquiera de las empresas existentes, solo que ésta es abiertamente criminal.

En los escalones más bajos de la cadena encontramos rostros de mujeres campesinas, indígenas, afrodescendientes, muchas de ellas madres cabeza de familia arrastradas por física necesidad. Las tareas a cumplir van desde preparar alimentos, arreglo de ropa, enfermería, siembra de plantaciones, recolección de hoja, manejo de “laboratorios” artesanales, consecución y transporte de logística para la producción de cocaína, transporte de la pasta hasta centros urbanos, información y hasta de operaciones de sicariato.

En el micro-tráfico o venta al menudeo de drogas, las mujeres son usadas como vehículo encaletador de las mismas en los sitios públicos de expendio, fundamentalmente en los lugares céntricos de las grandes urbes o en los barrios más peligrosos de las ciudades al igual que para ingresar alijos a los centros carcelarios.

No es menor el consumo por parte de las mujeres y éste se ha disparado en los últimos años abarcando a todos los estratos sociales. Llama la atención que entre la intelectualidad femenina y en el mundo artístico la actitud frente a quienes la consumen sea de indiferencia o abierta tolencia.

Más arriba cambia el rostro, el rol es diferente pero hace parte del mismo negocio. Aparecen bellos rostros y cuerpos torneados, es la mujer utilizada de “mula”, unas veces como “gancho ciego” sin saber qué lleva en la maleta y otras conscientemente utilizando hasta el estómago o sus partes íntimas para el transporte del alcaloide desde Colombia hasta el destino final en Estados Unidos o Europa.

De la perversión del negocio no se salvan ni las venerables ancianas. Son persistentes los arrestos de mujeres de la tercera edad con alijos de droga. La miseria las impulsa a tratar de salir de ese estado arriesgándolo todo por un manojo de dólares.

A pesar de la afectación real que el narcotráfico ejerce sobre las mujeres, los escritores y sociólogos se inclinan por la elaboración morbosa a través de la literatura, las series de televisión y el cine.

Las guerrilleras de las FARC-EP desde siempre hemos sido conscientes de los estragos que produce el narcotráfico sobre nuestro pueblo y muy especialmente en el sector femenino, creemos que con el acuerdo parcial logrado en la Habana y el impulso que reciba de todos los colombianos y colombianas, podrá la humanidad comenzar a zafarse de ese maldito flagelo.

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A propósito de la Columnista

Viviana Hernández

Viviana Hernández

Guerrillera del Bloque Alfonso Cano, integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP desde octubre 2012

@Viviana_FARC