Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El nivel de conciencia de los pueblos
se mide por el nivel de participación de la mujer en la lucha”.
Vladimir Ilich Lenin

Ponencia presentada por Mariana Páez en el Caguán

Nos encontramos reunidos hoy, con un importante número de organizaciones femeninas.  Para las FARC-EP,  la celebración de esta audiencia y la masiva presencia de la mujer inconforme, resultan altamente gratas y estimulantes. Si las abuelas, las madres, las hermanas y las hijas de este suelo, se encuentran asumiendo su estelar protagonismo en la búsqueda de la paz, no hay duda de que vamos a conseguirla mucho más rápido, y en la forma más acertada.

La historia de nuestro país da  testimonio, de la importancia alcanzada por la mujer en las más duras batallas por construir una Colombia independiente, soberana, justa, y democrática. Personalidades grandes como la Cacica Gaitana, Manuela Beltrán, Policarpa Salavarrieta, María Cano, las marquetalianas Judith Grisales y Miriam Narváez, o la luchadora comunista Yira Castro, para mencionar sólo unas pocas, labraron con su ejemplo una imborrable huella justiciera, enseñándonos que la participación femenina, es imprescindible para alcanzar los más nobles objetivos de la nación y de la humanidad entera.

Al abordar el tema que nos convoca a este recinto, “¿Cómo generar empleo en Colombia?”, y al indagar por el aporte de la mujer en la solución a este reto, estamos obligados a examinar, así sea someramente, las condiciones en las que se produce el  trabajo femenino en nuestro país.  Y para hacerlo, necesariamente tenemos que partir de un reconocimiento inicial. La supuesta superioridad del hombre sobre la mujer, sin menoscabo del aspecto sociocultural que entraña, ha tenido y tiene un móvil fundamentalmente económico: la posibilidad de obtener un margen mayor de explotación de la fuerza de  trabajo de ella.  El actual porcentaje de la población desempleada supera el 21%, y en este porcentaje, cincuenta y cuatro de cada cien son mujeres. El trabajo del hogar es casi exclusivamente responsabilidad de la mujer, y no goza de reconocimiento legal, económico, ni social. La participación de la mujer en todas las esferas productivas es mucho menor que la del hombre y su retribución económica siempre es inferior a la de él.

La mujer colombiana,  es víctima en proporción mayoritaria, de los graves problemas de hoy. Varios ejemplos nos sirven para ilustrar esta afirmación. El número de desplazados se acerca a los 3 millones y de esta cifra el 53% son mujeres. Treinta y dos de cada cien desplazados, son mujeres cabeza de hogar. En el doloroso caso de los soldados y guerrilleros prisioneros de guerra, por encima de la indolencia del régimen, han sido precisamente las madres, las encargadas de golpear todas las puertas por sus hijos. Nadie insiste de manera tan frenética en la búsqueda de sus hijas e hijos, como las madres de los desaparecidos.

La mujer se ve afectada de manera más dura por la escandalosa situación padecida por la infancia. Actualmente 6.5 millones de niños colombianos viven en situación de extrema pobreza, y 1.5 millones padecen la miseria absoluta. Dos y medio millones de infantes trabajan en condiciones de alto riesgo, y de ellos dos millones lo hacen en actividades informales.  De cada cien niños que trabajan en la informalidad, únicamente tres van a la escuela.  El índice de mortalidad infantil en Colombia dobla al de los demás países de la región. Gracias a la vergonzante discriminación en las responsabilidades con la familia, ¿cuántas madres arrastran tristemente y solitarias esta penosa realidad?

Pese a todas estas evidencias, subsiste un importante núcleo de mujeres que insiste en asumir la lucha reivindicativa con un sesgo eminentemente de género. A ellas quisiéramos recordarles, que más allá de las manifestaciones externas del machismo, producto al fin y al cabo de una ancestral cultura de sobreexplotación a la que hay que poner fin, los colombianos, hombres y mujeres, nos enfrentamos a una verdad más cruda: el medioambiente social y político donde vivimos, donde crecen nuestros hijos, no es precisamente el más propicio para cumplir esos sueños de igualdad. Estamos obligados primero a edificar una sociedad nueva, que remueva los enormes desequilibrios económicos, que establezca plenas garantías para el ejercicio de la actividad política a todos los ciudadanos, que siente las bases para una profunda transformación cultural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es con esa convicción que en las FARC-EP combatimos hombro a hombro, miles de mujeres y hombres decididos a enfrentar todas las dificultades, todos los sacrificios, todos los esfuerzos necesarios para construir la Nueva Colombia. Queremos una patria digna, libre, justa, donde quepamos todos sin distingos de raza, credo, convicciones o sexo. Nuestra plataforma para un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional contempla que la mitad del presupuesto de la nación debe ser destinada al bienestar social, teniendo en cuenta al colombiano, su empleo, su salario,  salud, vivienda, educación y recreación, como centro de las políticas del Estado, apoyados en nuestras tradiciones populares democráticas y buscando el equilibrio de la sociedad, con su medio ambiente y la naturaleza.

Voy a permitirme robar unos segundos, para hablarles de algo que si omitiera decirlo, sé que muchas de las presentes no me perdonarían. Voy a llamarlo un breve espacio a la inspiración. Soy una mujer. Y soy una  guerrillera de las FARC-EP. Me siento orgullosa de ser las dos cosas. Porque como mujer sé que el alma femenina es capaz de vibrar en tonos muchísimo más agudos, frente al sufrimiento de nuestro pueblo.  Y porque como guerrera, he tenido la fortuna de comprobar que hombres y mujeres tenemos idénticas capacidades, el mismo valor cuando se trata de derechos y deberes. En las FARC-EP se prohíbe en forma terminante cualquier tipo de discriminación. Hombres y mujeres cargamos en las marchas  el mismo número de arrobas a la espalda, y ha habido  ocasiones, en que por obra de la fatiga, a algunas de nosotras nos ha tocado ayudarles a ellos con su peso. Para ser justa,  debo reconocer que a veces, ellos también ayudan a algunas de nosotras. Aquí formamos hombres y mujeres en la primera línea de fuego, y son muchas las guerreras que se distinguen a la hora del combate. Las labores de cocina, que aquí llamamos rancha, se rotan diariamente entre todos los combatientes, independientemente de su sexo. La mujer llega a ser comandante de la misma manera que el varón, por obra de sus méritos en el trabajo revolucionario. Hay mujeres integrando algunos Estados Mayores y Comandos de Dirección, en unidades guerrilleras grandes. Sólo la reciente incorporación de la mujer en forma masiva a esta lucha, explica el por qué ninguna de nosotras ocupa un lugar en las más altas esferas de conducción de la organización. Pero no hay duda de que en su momento allí también estaremos. Porque la oportunidad de ascender, jamás nos es negada.  A filas se llega a luchar por la toma del poder para el pueblo, cuestión principal que determina las tareas a cumplir, y no a ser propiedad de ningún hombre. Compartimos la vida con el guerrillero que amamos, sin que esto pueda llegar a ser nunca un obstáculo para cumplir nuestros deberes. Si hay un lugar en donde se haya alcanzado la igualdad de los géneros, es justamente aquí. Eso no deja de parecerme una conquista extraordinaria de la revolución, y un aliento de esperanza para todas las sociedades del mundo.

Queremos enviar un mensaje a las mujeres colombianas. La situación de la mujer no es ajena a la lucha de clases. Hay unas que por pertenecer a las clases privilegiadas, disfrutan de los beneficios que su posición económica les brinda. Al mismo tiempo existen  otras  completamente desposeídas, en proporción numérica muchísimo mayor que las primeras. Entre estas últimas, se encuentran las  perseguidas por adquirir un compromiso real con su pueblo. Las FARC-EP invitamos a todas las mujeres presentes en este recinto, a todas las que siguen esta audiencia por la televisión o la radio, a todas las que de una u otra manera tendrán noticia de nuestra palabra, a adquirir un firme compromiso contra todo tipo de discriminación. Sin duda alguna que esa será la llave con la que lograremos abrir la puerta hacia una patria nueva, hacia ese país que soñamos construir, hacia la sociedad verdaderamente humanista, en que todos los hombres y mujeres de la tierra seamos hermanos.

¡VIVA LA MUJER COLOMBIANA!
¡VIVA LA MUJER REVOLUCIONARIA!
¡VIVA COLOMBIA!

COMISION TEMÁTICA DE LAS FARC-EP
Villa Nueva Colombia, 25 de Junio de 2.000

 

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