Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

Conceptos como los de libertad, igualdad y fraternidad (liberté, egalité y fraternité) no han significado siempre lo mismo para todo el mundo. Hombres como el esclavo negro haitiano Toussaint Louverture (1743-1803) por ejemplo, interpretó que su condición de "hombre" primaba sobre su condición de esclavo y  que por lo tanto la "Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano" lo hacía acreedor (a  él y a los de su raza y clase) a los derechos que la Revolución Francesa acababa de aprobar.

Obviamente a los propietarios blancos franceses parece que no les gustó demasiado la nueva idea; para estos, conceptos como "hombre" y "ciudadano" significaban literalmente "varón blanco propietario" y por eso su liberté no incluía a los negros esclavos a quienes ni siquiera consideraban humanos. Setenta mil europeos murieron en Haití intentando sostener la esclavitud; más de 13 años de guerra les costó a los negros haitianos conquistar su independencia en 1804 venciendo a las tropas del propio Napoleón I.

Con su inédita victoria, los antiguos esclavos llevaron "hasta su límite" las ideas de la Ilustración europea. En la misma época, la lucha de las mujeres (tan antigua como la de los esclavos, al fin y al cabo ambas opresiones y explotaciones tienen por origen la propiedad privada) se desplegó nuevamente bajo estas nuevas condiciones. Olympe de Gouges identificó otra gigantesca falencia en la citada declaración: ¡faltaban las mujeres!.

El que las mujeres pudieran ejercer sus derechos como "hombres y ciudadanos" era la reivindicación de este nuevo momento histórico. Otra vez con este tema, las ideas liberales que se cocinaron en Europa durante 400 años volvían a ser puestas a prueba en el tinglado de la historia concreta; lo mismo sucedía con la lucha de los nuevos trabajadores no propietarios que habían surgido con el régimen burgués y que también deseaban su parte de egalité. Mujeres y proletariado insurgían a la lucha social y política con sus respectivas reivindicaciones, y demostraban al andar, los límites de la modernidad jurídica del capitalismo.

Le corresponde a Marx y a Engels el mérito histórico de haber puesto en claro que los proletarios no tienen ninguna posibilidad de ser iguales a sus opresores, por la sencilla razón de que la riqueza y el poder de los burgueses descansan, precisamente, en la pobreza y privaciones de los trabajadores. De esta forma sentaron con precisión científica la idea revolucionaria de que la igualdad en un régimen burgués solo puede ser nominal y que mientras no se transforme radicalmente el régimen de propiedad, y con él, todo el entramado jurídico, político y represivo que le sirve de sustento, no puede hablarse seriamente de ninguna igualdad real.

A diferencia de los esclavos haitianos, los proletarios en el capitalismo tienen la ventaja, como clase, de contar con una concepción elaborada, científica e independiente de la de sus opresores, que les permite no solo conocer y apropiarse de la realidad sino también plantear seriamente una estrategia y tácticas adecuadas, de acuerdo a circunstancias concretas para la transformación de la sociedad.

El marxismo-leninismo no es, sin embargo, la única ideología que pretende representar los intereses de los trabajadores modernos; sí es, en cambio, la única consecuente. Los enemigos del proletariado han utilizado distintos tipos de divertimentos teóricos, cuyo fin es el de alejar a los trabajadores del verdadero camino que les puede permitir su definitiva liberación. La socialdemocracia, la democracia cristiana, el nacionalismo burgués y otras hierbas de igual cuño siguen cumpliendo una función de distractores y divisores de la fuerza de la clase que está precisamente en su unidad monolítica.

En el caso de las mujeres, la situación es un tanto diferente, porque, para empezar, son un sector social y no una clase social y este carácter policlasista dificulta el esclarecimiento de los objetivos y estrategia de su lucha. ¿Cuáles son entonces sus referentes teóricos? La respuesta a la anterior pregunta debe ser enmarcada en la profunda convicción leninista de que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario.

Concentrémonos en las principales características de las mujeres como sector social. Lo primero que salta a la vista es que no se trata de una "minoría"; las mujeres representan un poco más del 50% de la población del planeta; en segundo lugar no son un sector homogéneo, esto hace que una mujer tienda a tener mayores coincidencias con  las de su misma clase social; una mujer trabajadora se organiza y lucha mas fácilmente al lado de otras como ella, e incluso de hombres trabajadores como ella, y no al lado de sus explotadoras, y al contrario, una mujer burguesa priorizará siempre sus intereses de clase por encima de las reivindicaciones de género, cuando estos entren en contradicción, (y suelen hacerlo regularmente), no se nos puede olvidar que en Inglaterra se inició la lucha de las sufragistas por el derecho femenino al voto en tiempos en los que gobernaba...una reina, que dicho sea de paso, no estaba en lo absoluto de acuerdo con ello.

El hecho de que las mujeres transversalicen, por decirlo así, todo el cuerpo social, explica la existencia de variadas teorías y seudoteorias que defienden, o dicen defender, la igualdad de género y explican también las diferencias en la intensidad y carácter de la lucha por alcanzar la liberación de la mujer que le otorgan distintas organizaciones políticas y sociales, desde partidos y movimientos políticos hasta ONG's que existen "para todos los gustos".

En una apretada síntesis trataremos de  describir las principales tendencias y enmarques teóricos del variopinto concepto de "feminismo".

1. Feminismo conservador: por regla general parte de la interpretación restrictiva de textos y tradiciones religiosos, reclama una igualdad de derechos básicos entre los hombres y las mujeres pero manteniendo intactas las diferencias de género defendiendo sacrosantas instituciones como la familia patrimonial monógama  y suele legitimar en la práctica todas las formas aberrantes de explotación social y económica. Es muy importante su papel en sociedades altamente segregadas como imperios coloniales o de regímenes tipo apartheid. Su consigna podría ser "igualdad de derechos entre hombres y mujeres propietarios y ciudadanos". Suele entremezclarse de forma armónica con el feminismo burgués.

2. Feminismo burgués: a grandes rasgos a este feminismo lo suele caracterizar, en primer lugar, el hecho de que no reconoce más que formalmente la igualdad de todas las mujeres; en segundo lugar, no ataca la causa fundamental del patriarcado: la propiedad privada; y en tercer lugar, promueve un discurso genérico en el que conceptos como "mujer" y "patriarcado" se difuminan en el carácter absoluto y general que les otorgan a estos conceptos desligándolos de la realidad concreta, por arte de birlibirloque las mujeres dejan de pertenecer a una clase social en lucha antagónica con otra y el patriarcado se reduce y asimila al hombre abusador y deja de tener relación directa con la propiedad privada, el derecho de herencia y el sistema capitalista. Su objetivo fundamental es transferir de forma ordenada, cuotas de poder a mujeres burguesas con lo que desactivan este filón de contradicciones al interior de la clase poseedora, y además, el ascenso de mujeres burguesas al poder lo suelen presentar como logros de todas las mujeres. Parafraseando a Orwell este "feminismo" diría: todas las mujeres son iguales pero hay unas mujeres más iguales que otras.

3. El marxismo como el verdadero feminismo o el feminismo revolucionario: nombres como los de Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo o Inessa Armand, están asociados al desarrollo teórico y a la lucha más consecuente, por los derechos de las mujeres, que ha caracterizado al marxismo desde sus inicios y en particular entre finales del siglo XIX  y principios del XX. Las revoluciones socialistas como la rusa de 1917, la china de 1949 y la cubana de 1959 demostraron en la práctica lo acertado de los planteamientos de aquellas precursoras. La liberación real de la mujer solo puede ser fruto de la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista. Sin resolver a favor del proletariado las grandes cuestiones del poder y del Estado no puede aspirarse a más que una mala caricatura de la igualdad de géneros. El aspecto determinante está en el control de los medios de producción y del poder del Estado.

Aunque la historia demuestra que en una revolución, por radical que sea, no es mecánico el desarrollo de las libertades y derechos de las mujeres y que lo logrado es perfectible, lo claro es que en revolución la lucha de las mujeres en todos sus aspectos (clase, genero, patria, cultura etc.) adquiere un carácter de masas, acompañado del conjunto de la sociedad que se apersona de este tema. La asquerosa campaña ideológica antisoviética y anticomunista no logrará que olvidemos y dejemos de reivindicar los gigantescos avances, como nunca antes en la historia de la humanidad, que alcanzaron las mujeres en la Unión Soviética o la proeza que en este aspecto ha logrado y se sostiene en  Cuba socialista y que la coloca a la vanguardia a nivel mundial en equidad de género, siendo faro también en este tema.

Las mujeres trabajadoras (obreras, campesinas e intelectuales progresistas) y los partidos y movimientos políticos revolucionarios tienen ante sí un mar de "feminismos" que deben estar en capacidad de diseccionar de forma acertada: feminismo individualista, lésbico, radical, liberal, separatista, ecofeminismo, anarcofeminismo y un largo etcétera.

Todas las anteriores teorías solo tienen de común el supuesto de representar metafísicamente a las mujeres,  y de lo que se trata es de colocar a las masas populares (mujeres y hombres) en condiciones de luchar en este tema con la mejor concepción y el programa más consecuente y avanzado, en el que como elementos mínimos se podría pensar en:

a. Distribución equitativa de la riqueza.
b. Igual salario por igual trabajo.
c. Iguales oportunidades, o en todo caso una política de discriminación positiva a favor de las mujeres.
d. Priorización de los derechos de los niños y las niñas.
e. Derecho efectivo al divorcio.
f. Derecho al aborto.
g. Política pública sobre los derechos sexuales y reproductivos que incluya a hombres y mujeres.
h. Lucha efectiva contra la violencia de género en todas sus formas: físicas, psicológicas, simbólicas.
i. Una educación incluyente de nuevo tipo basada en la solidaridad y el compañerismo que combata el machismo y el patriarcado cultural.
j. Garantías de participación en asuntos públicos, incluyendo los espacios políticos y de poder.

La posibilidad real de concretizar un programa como el anterior está ligada a la capacidad de articular unificadamente las reivindicaciones democráticas y progresistas de las más amplias capas y sectores sociales. En un frente amplio de tales características, el papel de las mujeres no solo no es marginal, sino que, por el contrario, es determinante. Sencillamente no puede darse una verdadera revolución que no tenga en cuenta a más de la mitad de la humanidad. No puede darse en dos sentidos: sin defender sus derechos y reivindicaciones y sin su participación directa, deliberante y dirigente. Precisamente en identificar con claridad los objetivos, los aliados y los enemigos, se encuentra el reto de un verdadero movimiento democrático de mujeres y en esto el marxismo tiene mucho que aportar

 

Share

A propósito de la Columnista

Sergio Marín

Sergio Marín

guerrillero del Bloque Jorge Briceño, integrante de la delegación de paz de las FARC-EP desde abril 2013

@Sergio_FARC  -  Facebook