Nuestra Visión

Nosotras, las guerrilleras farianas, pero no solamente nosotras... Nosotros y nosotras, combatientes, militantes de las FARC-EP, del Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, tenemos una visión global del mundo, una lectura de la sociedad. Y queremos exponer nuestros puntos de vista sobre temáticas variadas con un denominador común: nos interesa y lo queremos compartir.

El proceso de paz desarrollado por más de un año entre el Gobierno y las FARC-EP en la Mesa de Diálogos en La Habana, pone en evidencia que se están enfrentando dos visiones adversas que buscan encontrar puntos de coincidencia que adquirirán el nombre de gran tratado de paz. Por un lado, está el enfoque neoliberal de desarrollo del país, que en cabeza del Gobierno prioriza los intereses de las trasnacionales, y por otro lado el enfoque de la insurgencia que enarbola las reivindicaciones de las mayorías: una reforma agraria rural integral que conciba al campo con un enfoque territorial del desarrollo, la soberanía y la autodeterminación como principios fundamentales, y reformas políticas y estructurales del Estado que generen condiciones objetivas hacia la paz con justicia social.

El segundo punto de la Agenda, Participación Política, culminó con acuerdos de importancia frente  a temas fundamentales como el estatuto de la oposición política y social; garantías plenas para el ejercicio de la oposición política y social; desligar la obtención  y conservación de la personería jurídica del umbral electoral; medidas de participación de sectores sociales excluidos y de minorías; el rechazo a cualquier forma de discriminación contra la mujer y reafirmación del aporte de las mujeres como sujetos políticos en la vida pública para el fortalecimiento de la democracia y para el mantenimiento y el fomento de la paz; adopción de medidas afirmativas necesarias para fortalecer la participación y liderazgo de la mujer; compromiso efectivo del Estado con la erradicación y la proscripción del paramilitarismo y de toda práctica ilegal de contrainsurgencia, etc. Temas estos que sientan las bases hacia la construcción de la paz donde es fundamental la participación del pueblo en general.

Gran parte de este período de acuerdos del 2° punto se desenvolvió mientras en Colombia se desarrollaban las luchas del pueblo agrario del Catatumbo y el Paro Nacional Agrario y Popular, expresando la insatisfacción e inconformidad social respecto a las políticas económicas neoliberales del Gobierno. Donde la respuesta de este último, fue nefasta y antidemocrática con un tratamiento militar e inhumano, mostrando que cualquier movilización social es motivo de estigmatización y criminalización, lo cual se reafirma en hechos sucedidos recientemente donde 106 personas fueron retenidas arbitrariamente mientras se trasladaban desde Arauca hacia Bogotá para participar en la marcha de las mujeres por la paz realizada el 22 de noviembre 2013. Entonces mientras los acuerdos tratan de las garantías para el ejercicio de la política, que por simple lógica deben  empezar garantizando el derecho a la vida,  en hechos prácticos el Gobierno hace todo lo contrario arremetiendo contra el pueblo con su bota militar.

Quizás el agravio sucedido a los 106 colombianos que participaban en la marcha de mujeres por la paz, sea el homenaje póstumo del Gobierno y “su granito de arena”, a propósito del día internacional en contra de la violencia de género. Violencia que muchas veces solo circunscribe al hogar o al acoso sexual pero que realmente en un país como el nuestro, corresponde principalmente  a la milenaria discriminación, al hambre, la pobreza el desempleo y la exclusión, no sólo de las mujeres, sino de millones de colombianos que más que diferenciarse de otros por su género, raza o culto, se diferencian por ser de las mayorías empobrecidas con respecto a la minoría que todo lo acaparan.

La respuesta a esta marcha de mujeres por la paz, pone sobre el tapete la manipulación del cual es objeto el tema de mujer, es decir, mientras el Gobierno violenta a este sector de mujeres luchadoras promociona como verdadero caballo de Troya un discurso sexista, para infiltrar el  feminismo revolucionario  con contrabandos ideológicos promocionados por los MASSMEDIA y algunas ONG, con el fin  dividir la lucha social con sutiles y banales mensajes de género. Según esta versión es más importante denunciar la violencia del “macho”, que la que ejerce el estado a través de sus instrumentos de poder como las FFAA, que entre otros, está integrado por mujeres y hombres al servicio del régimen para prodigar violencia contra los hombres y las mujeres del pueblo. Pretendiendo así descontextualizar la prioridad de las reivindicaciones de las mujeres colombianas que debe ir enmarcada en la lucha por la liberación nacional y social.

Es de trascendental importancia exigir que en La Habana se haga eco a las justas demandas del pueblo y sobre todo a aquellas voces que han sido invisibilizadas, y que como en el caso de la mujer han sido objeto de la discriminación, sometidas al patriarcado que se sustenta día a día en la explotación voraz y desmesurada del capitalismo.

Es acertado aseverar que el avance hacia la democracia de un pueblo se mide desde el avance de la mujer en la conquista de sus justos derechos, en este contexto se debe enmarcar el papel de la mujer en su lucha por la paz. Y ello implica consecuentemente, entender que su resarcimiento pleno debe exigirse como parte del resarcimiento a las víctimas del neoliberalismo y la explotación económica, político y militar que hacen las trasnacionales en nuestro país. Por eso La Habana debe ser un escenario donde la mujer junto a las mayorías sean partícipes en la construcción de la paz a través de los distintos temas que se desarrollan en la Agenda de Diálogos incluidos los procesos de implementación y refrendación.

El panorama actual genera un montón de incertidumbres frente al tema de mujer: ¿Es normal que las mujeres, en promedio, tarden 82 días más de trabajo para ganar lo mismo que los hombres? ¿Que las mujeres cabeza de familia enfrenten mayor situación de pobreza que los hogares encabezados por un hombre, y sobre todo en las zonas rurales del país? ¿Que la situación de desempleo o empleo informal sea mayor en mujeres?¿Que tener la misma educación no sea garantía para las mujeres de tener los mismos ingresos que el hombre?¿Que la participación de la mujer en los niveles decisorios no alcance ni siquiera el 10%? Estas son algunas situaciones a las que se ve enfrentada la mujer colombiana las cuales no se pueden desligar de la crisis social generalizada que ataca día a día a las pobrerías colombianas producto de voracidad del capitalismo.

Es perentorio, que las mujeres  demos una lucha denodada por acabar con la guerra atacando las causas que la han generado; es decir, por lo primero que debemos  luchar para lograr la paz es por erradicar definitivamente, o al menos hacer que cesen las políticas neoliberales que profundizan la pobreza y la desigualdad respecto a más de 30 millones de colombianos. Sólo así se puede hablar en términos de paz con justicia social, igualdad y libertad para todos.

El proceso de la emancipación femenina es largo y con altibajos y lejos de entenderse o circunscribirse a la mal llamada “liberación femenina” debe entenderse como una parte fundamental de la liberación de los pueblos, donde sentar las bases para la paz con justicia social es esencial como punto de partida para hablar de una verdadera emancipación femenina.

 

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