Nos Gusta

Son múltiples las motivaciones por las que las mujeres decidieron marchar al monte. Un camino difícil, arduo, con grandes dificultades, pero que resolvía una pregunta acerca de sus convicciones políticas para un cambio. Otras lo hicieron siguiendo los pasos de un amor, unas cuantas por razones económicas, no faltaron quienes huían del patriarcado o buscaban su libertad.

 

El proceso de la vinculación de las mujeres en los movimientos armados ha ido de la mano de la búsqueda de espacios para su participación política y para ejercer su autonomía. Ha marchado junto a la búsqueda de derechos, así no siempre estén las frases listas y hechas para definirlo. Pero lo que sí es cierto es que esa búsqueda no siempre ha correspondido a un empoderamiento como lo buscan, porque pesan las estructuras y sus formas patriarcales, pesa el pensamiento machista en las filas militares (de cualquier organización o ejército regular). Pero también se ven permeadas por el pensamiento feminista, quiéranlo o no.

Si nos remontamos a la década de los años 60 al surgimiento del movimiento guerrillero por la liberación nacional y social, la presencia de las mujeres era mínima. Las Farc nace en 1964 y no registra un papel importante de mujeres. Quizá recordemos la presencia de Mariela en la toma de Simacota, acto fundacional del ELN, junto a 26 hombres. Y el EPL, el último en surgir en estos años, juraron 10 hombres organizarse para el combate. Todas con la influencia o dirigencia de estudiantes con bases campesinas.

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