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feminismoEn Bogotá según el censo general 2005 del DANE, la población rural era de 15.366 personas, mientras que en el área urbana habitaban 6.763.325. Las proyecciones de población (2005-2020) estipuladas por la misma entidad afirman que para el 2017 somos unas 4.167.000 mujeres y 3.912.000 hombres habitantes de la ciudad.[ CITATION DAN17 \l 9226 ]

 

Es evidente el crecimiento abrupto de Bogotá, específicamente de su población urbana. Esto desafortunadamente está ligado al incremento de tasas de pobreza, exclusión, desempleo, deserción escolar, violencia, etc. Esta ciudad se ha convertido en receptora de problemas nacionales como el desplazamiento a causa de conflictos armados en varias zonas del país, pero no ha sido pensada como un lugar que responde a su realidad demográfica y social, sino como un espacio donde se tiene derecho a vivir según su condición.

Como afirma Bailly y Huriot, sociólogos de lo urbano, las ciudades han estado presentes desde los inicios de las civilizaciones y no han dejado de desarrollarse, pues han concentrado una parte cada vez más importante de la población, de la actividad económica, del prestigio y del poder en todas sus formas, para llegar a ser hoy en día la expresión misma de nuestras sociedades, de sus potencialidades y de sus límites (Bailly y Huriot, 1999: 1)

Una de sus expresiones ha sido indiscutiblemente el modelo patriarcal y capitalista bajo el cual han sido creadas las ciudades. Bogotá es un buen ejemplo. No es mi intención, ni es posible ahondar todos los problemas que rodean esta ciudad o eliminar de la discusión la ruralidad de Bogotá (triplemente excluida), pero si poner sobre la mesa un objetivo que ha venido creciendo en el marco de las militancias feministas: nuestro derecho a la ciudad. A esa ciudad urbana prohibida no solo para las mujeres, sino para las negras, los obreros, los ancianos, los no heterosexuales, las no blancas, los no burgueses.

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