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Rossih 1La Paz sigue siendo una utopía en Colombia. Hay muchos asuntos pendientes por resolver. El que parecía ser el primer paso, el de la negociación política del conflicto, se está dando, pero los conflictos suelen ser dinámicos. Colombia no ha terminado de ahondar en las causas de sus conflictos, porque sigue existiendo un interés pactado en épocas coloniales para que sigamos bajo la lupa de un sistema represor, expropiador, violento y aniquilador.

 

Para ahondar en herramientas que permitan consolidar un proceso de cambios y transformaciones estructurales no será suficiente la voluntad de grupos políticos en armas como las FARC-EP o el ELN, como tampoco los entusiastas discursos presidenciales de un gobierno que pareciera no tener mayor alcance de ejecución que la rúbrica sobre el papel mientras cae la lluvia de incumplimientos a lo acordado. Gran parte de la sociedad colombiana está expectante frente al desarrollo de un camino a la paz, pero esta expectativa conversa a diario con la incertidumbre y cada vez está siendo más complejo tramitar los acuerdos de paz construidos en La Habana.

Existen muchas visiones de lo que sería la Paz, la llegada de la sectorización (neo-liberal) del movimiento social tiene desde cada orilla muchas apuestas todavía. Y la versión hegemónica de la Paz sigue avanzando desde las lujosas oficinas de la Casa de Nariño. Mientras, hay quienes todavía esperamos que las disputas históricas nos permitan en algún momento la quitada de cenizas, polvo y océanos que tiene la verdad no oficial, no hegemónica, no blanqueada.

 

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